Proyecto 57romer Apocalipsis

Capítulo 4. Alianzas precarias.

Regla #4 «Ten siempre una salida».

—¡Eres un maldito pendejo, cabrón! —le grité a Mateo tomándole del cuello de su camisa, empujándolo contra una de las paredes cerca. Olvidando lo flaco que estaba y que ahora yo era un poco más fuerte que el tipo.

Sentía una oleada de golpearlo. De tirarlo. De insultarlo. De saber que lo estúpido que fue al hacerle algo a un niño, de verlo como una carga sabiendo que no le ha hecho nada a nadie y que los demás lo querían demasiado. Yo quería a Jacob, es mi hermano, mi responsabilidad. Tenía mi mente nublada, le seguía gritando para que nos dijera el por qué hizo eso, por qué hizo eso, cosa que no pude sentir el brazo de alguien más por mi cintura para que me alejara de Mateo, me rehusaba, haciendo que en un descuido poniendo ambas manos en el cuello del contrario, lo apreté con fuerza y él queriendo que lo dejé ir.

El enojo era enorme, puede que antes de todo esto las emociones negativas no se mostraban demasiado, la tranquilidad y risas siempre permanecían cerca mío, después de todo, cada quien sobrevive a su manera y esperando de que nadie más intente matarnos. Mis manos sueltan el cuello de Mateo, eso no quitaba de que intentara volver hacia él para poder pelear, sí, a puño limpio. El virus era lento, pero efectivo cuando llegaba al lugar indicado. Odiaría si Jacob se convierta en una de esas criaturas.

—¡Eres un pendejo! ¿Qué ese cerebro no te funciona bien? Van a matar a Jacob —decía entre dientes intentando no volver a gritar, pero ni intentar calmarme funcionaba. Estaba llorando de la frustración, no podía creer como puede hacerle eso, a un niño.

—¡No me importa! —tenía una sonrisa burlona en lo que estaba diciendo mientras se pasaba una mano por su cuello para calmar el dolor que le había provocado—. ¿Pa´ que lo quieres de vuelta? Jacob como quiera ya estaba sentenciado al vivir en un mundo como este. Te hice un favor.

Alejandro me agarra de mis brazos para que no vuelva a lanzarme contra aquel hombre que seguía en el suelo. Mateo tenia suerte de que no sabía usar un arma como tal para poder dispararle. Antes de que pudiera darle un chingazo en su rostro, el sonido de los alaridos de los Strompers hace que todos nos quedemos en silencio y la adrenalina subiera de nuevo haciendo que nuestros corazones comenzasen a latir con fuerza. La tensión que había de enojo y odio bajo de repente y el temor y nervios comienza a dispararse al cielo, al saber que el desmadre que sucedió ahí, hicimos que esas criaturas lleguen a donde estamos.

—¡Vámonos a la verga! —solté mientras empujaba con desesperación al que estaba frente mío haciendo que todos salgan de su estado de shock. Con ayuda de Alejandro logre llevar a Jacob y buscar una salida de ese sitio.

Aquellos días han sido estresantes, no sabíamos dónde estaba Méndez, porque no nos respondía por la radio, perdimos a algunas personas, perdimos gente que creíamos de confianza en el nido, casi pierdo a Jacob. Maldita sea que no pude proteger a mi hermano, ser la hermana mayor jamás me gusto serlo. Un suspiro frustrado salió de mis labios por esto, ya no sabía qué hacer y odiaba liderar, se lo dejaba a Alejandro o a Yakov, tenían más experiencia con eso, aunque a veces venían a preguntar algunas cosas.

Aún no terminaba con Mateo, pero no podía seguir con el drama sin que hiciera ruido, ya hasta me han regañado por eso, no era mi culpa, así era mi naturaleza de ruidosa. Seguíamos caminando en silencio, estaba atrás de Yakov, mi mirada en un sólo lugar; al suelo. Levante un poco mis manos, estaban sucias, con vendas, curitas y una que otra herida sana por ahí. Apreté mis manos en puños, desearía no estar aquí. Quiero irme. Quiero morir.

Sabía que los demás están enojados por aquella discusión, de salir de aquel lugar donde nos manteníamos un poco a salvo. Mi mente dolía, mis pensamientos estaban revueltos. Muchas cosas pasaban por mi mente. Mi mirada se posaba en Yakov que iba frente mío, él no volteaba para ver cómo íbamos, gire mi mirada hacia donde estaban los demás, se giraban para que sus miradas no se topen con la mía. Ruedo mis ojos para seguir mi mirada hacia al frente, trate de tranquilizarme.

—Tuve un sueño —solté de golpe, aquel sueño era todavía fresco en mi mente y eso que siempre recordaba todo lo que soñaba. Pase una mano sobre mi cabello tratando de aligerar el dolor de cabeza y acomodar mi peinado. Antes de que pudiera explicar lo que soñé, noté algo brillante en la sudadera de Mateo, mis cejas bajan formando un leve fruncido. Me acercó y le quité lo que tenía. Era una radio—. ¿Desde cuando tienes esto?

Comenzar a sospechar de él, ¿Por qué lo tenía? ¿Para quién trabaja? ¿Con quién ha estado hablando? Al recordar lo sucedido hace un momento y las piezas encajan. Mi mirada de decepción hacia él se hace notar mientras este comienza a mover sus manos para poder negar algo y tratar de explicar algo.

—No es lo que parece, puedo explicarlo —tartamudea, nervioso. Un gruñido salía de mi boca.

Dae-hyun puso una de sus manos sobre la mía, niega un poco para hacerme saber que no hiciera algo que pudiera lamentar, solté un suspiro aceptando lo que quería decir. Yakov se acerca tomando aquella radio y al tirarla al suelo la rompe con su pie. Parecía ya no tener arreglo. Ellos entendían, ¿Por qué a veces entre mexicanos no? mi mirada se suaviza, parecía que iba a caer rendida y claro está, odio este mundo.

A veces le exigía a dios que me dejara morir, aunque siempre hay algo que te mantiene en este mundo terrenal, tal vez sea eso o tal vez soy una cobarde para hacerlo. Tuvimos que caminar unos metros más alejados de la fábrica que aún se escuchaba los alaridos de aquellos Strompers, esas cosas eran horribles, odiaba verlos, incluso hasta sentía que estoy traumada con esas criaturas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.