Proyecto 57romer Apocalipsis

Capítulo 5. La búsqueda de suministros.

Regla #5 «Revisa cada rincón».

Dos días después del incidente.

Yakov suelta un murmullo en su idioma hacia Samara mientras observaba hacia los hombres que habían llegado de la nada. No sabían si estaban bien, sin mordidas ni nada. Sólo se adueñaron del lugar como si fuera suyo. La joven suelta un suspiro estando a su lado mirando a donde él lo hacía. Aunque no entendiera bien lo que quiso decir, pudo notar lo desconfiado que estaba con los recién llegados. Lo entendía.

Samara asentía estando de acuerdo con lo que decía el contrario, era raro que cada vez que convivía con ellos, aprendía algo de su idioma. Entendía los saludos y lo básico, pero no usaba mucho si no era necesario. Un suspiro sale de sus labios. Aquellos hombres estaban dispersos por varios lugares del refugio, los más preparados estaban en las entradas y salidas con armas, como si fueran guardias. Otros acomodaban a las personas que para ellos eran débiles a una esquina, los que se podrían cuidar en otro sitio y los que son más útiles cerca donde estaba el jefe para mayor movilidad si los necesitaban.

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—Que hueva salir del refugio —Samara se queja mientras dejaba caer algunas ropas que ya estaban tan desgastadas y sucias que hasta dan asco de agarrarlas.

La infección llego sin advertencia a este mundo. Ella no sabía por qué aún pensaba en eso. Todo iba bien, tan tranquilo, tan aburrido. El paciente cero tal vez este suelto por ahí todavía, quien sabe quién podría ser. Mentira. Samara tenía una sospecha, pero no estaba cien por ciento segura. No hubo tiempo para barricadas, ni planes de escape, ya que no supieron que podría ocurrir aquello o incluso estar preparados.

En menos de un mes, las ciudades se convirtieron como mataderos de cerdos. Los infectados no eran los cadáveres que se tambalean de los mitos, sino depredadores imparables. Sus cuerpos, aún calientes, poseían una energía imposible, como si algo mas los impulsara. No sólo corrían, cazaban como animales.

Ahora, los Strompers no eran su único problema: hay algo más rápido que ellos, algo que ni siquiera la infección pudo controlar y los estaba siguiendo. Los Recos. Criaturas tenebrosas que los mismos Strompers. Aunque no lo crean, a la lejanía se podría sentir una criatura que no saben que es o como es, ¿Cómo lo sabrían? Podían presentir a alguien que los miraban, sentían aquella mirada pesada a lo lejos, al menos intentando ser precavidos de seguir adelante sin tener problemas.

Samara se acerca a uno de los vehículos. Lo sé, tal vez piensen algo como: «¿Pa’ qué mierda va a ir a tratar de encender un vehículo sabiendo la situación en la que se encuentran?», «Va a hacer ruido, ‘tas pendeja. ¡No hagas nada!» hay una razón, esperen. Busca las llaves, al no encontrarlas tuvo que recurrir a la segunda acción: entrar al estilo “EL brayan”. Con esfuerzo quito la cubierta del volante para observar lo que contenía y que podría hacer con los cables para encenderlo.

Se levanta con algo de rapidez al haber encendido la alarma del auto por accidente, las luces parpadean y el ruido estaba en descontrol. Yakov y Dae-hyun voltean con la espalda tensa y sin pensarlo Samara sale corriendo de ahí.

—¡A la verga! ¡Vámonos a la chingada, idiotas!

Con aquel tono de terror ellos supieron que tenían que huir también. Los alaridos de los Strompers no tardaron en escucharse y que se entendía que se dirigían a donde estaba el ruido. ¿Fue mala idea al intentar eso? Sí. Aún era un misterio como ellos logran hacer aquello sin que nadie lograra verlos. Su problema ahora era donde esconderse, estaban en plena carretera sin casas alrededor y sin edificios donde podrían esconderse.

Yakov se acerca a uno de los vehículos de policía y entra cuando observa que se veía en perfectas condiciones. Samara y Dae-hyun dudaron un segundo, pero era eso o seguir corriendo. Entran y hacen un esfuerzo por agacharse para no ser vistos. El estruendo de pisadas hace la tensión más pesada. Algo rápido. Algo que no debía moverse así. Samara eleva su cabeza hacia donde estaban aquellas criaturas a la lejanía, se veía como destrozaban aquel auto, puertas y ventanas. Estaba claro que el miedo era alto, estaban en peligro. Su corazón latía muy rápido y sentía su garganta seca, la probabilidad de morir era demasiada alta.

Su mirada voltea al escuchar los primeros gritos a través de la radio de policía, aunque Yakov tuvo que bajar el volumen. Eran algo distorsionados, rotos por la estática y el terror.

¡Dios! Ellos no se detienen… ¡Nos están cazando en manada! Parecen demonios —luego un grito. Un sonido agudo, de dolor y sorpresa. Después, silencio.

Procesaban lo ocurrido, se voltean a ver entre sí, temblando. Ninguno dijo nada. No hacía nada. Ambos hombres habían visto de todo como para sorprenderse, incluso le explicaron a Samara de lo que sabían. Disturbios en hospitales, ataques masivos, informes de personas que se desplomaron convulsionando y luego se levantaban con los ojos inyectados en sangre.

Pero una cosa es verlo en una pantalla y otra es tenerlo frente a ti. Eso le habría ocurrido a la chica, ¿Lo recuerdan? Una sensación horrible al saber que un familiar tuvo sufre y no saber qué hacer al respecto porque no conoces lo que tiene.

Olvidaron que los Strompers estaban cerca, aquel alarido característico ya no se escuchaba. El silencio reina cuando una llamada entra después a la radio. Era una mujer.




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