Regla #7 «Protege a tu gente».
—Are you crazy? —Dae-hyun regaña a Samara después de que Chento le agradeciera que ayudará a Alejandro al trabajo que le había puesto, Samara estaba en silencio con la mirada baja, con ambos brazos cruzados, no quería decir nada, sabía perfectamente lo que hizo, tenía otra opción, pero algo en su interior le hizo ir detrás de Alejandro aquella vez para no dejarlo solo.
Eleva un poco su mirada hacia Yakov como pidiendo alguna opinión o que le ayude a que Dae-hyun se calme, pero lo único que recibe es una mirada de decepción y que sólo voltee a otra parte sin querer saber de lo que pensaba la joven. Cosa que Samara suelte un suspiro aceptando su destino de que la regañen. No pensaba en que decirles o ahora que hacer, sabiendo que ganarme su confianza sería difícil.
—Lo siento mucho —dice en voz baja. Eso no resolvía nada, eso lo tenía en mente, pero lo sentía en el corazón.
Ambos hombres aún tensos, se retiran. Yakov estoico se va a dar una vuelta con su arma colgada en su espalda, necesitaba distraerse de aquello, mientras tanto, Dae-hyun negaba de lo que sucedía. Por ese tipo de cosas no le agradaba tener amistades, prefería estar solo, pero para este punto él ya le había agarrado cariño a Samara. No podía dejarla sola, pero en ese momento quieren estar a solas y procesar de que haya aquello y sin decirles. Si le hubiera sucedido algo, ellos no hubieran llegado a tiempo para poder salvarla y la perderían.
Samara se queda en esa esquina, era lo que menos quería, que se enojaran por lo que hacía, de las decisiones que tomaba. Era lo que más odiaba, que desconfíen en ella, que nadie quisiera estar cerca suyo, que fuera sólo un bulto en aquel lugar. Una inútil que pueden hacer lo que sea, no quería que la abandonen. No podría sobrevivir sola. Ya no era fuerte. No tenía a nadie que proteger.
La voz de alguien más hace que saliera de sus pensamientos, voltea hacia el pasillo. Una sombra se asomaba en una de las esquinas, extrañada intenta ignorarla, no era estúpida, esto no era una película donde puede sobrevivir por el poder del guion. Aunque, esa sombra negra la vuelve a llamar, esta vez más fuerte para que voltee y decida ir hacia ese lugar.
Aquella sombra desaparece en aquella esquina, Samara con algo de duda comienza a dar algunos pasos, voltea de reojo para ver si los demás estaban prestado atención. Al notar que nadie estaba poniendo atención y andaban haciendo lo suyo, eso le hacía sentir un escalofrío y se le pone los pelos de punta. Aunque afuera se sentía un aire caliente y el sudor hace que todos de malas, en ese lugar y corredor se sentía el aire fresco, casi como estar con una sudadera para no pasar por esa helada oscuridad.
Entra a una de las habitaciones vacías, no entendía lo que está buscando, lo que podría encontrar ahí. La puerta se cierra, la oscuridad total cubre a Samara. Un jadeo sale de sus labios por los nervios que se elevan mientras se acercan a la puerta e intentar abrirla. Fue imposible. Hubo algo que a la joven se detuvo y se queda quieta sin querer voltear al ruido. De nuevo, aquella voz, le recordaba a alguien. Al voltear, una vela estaba encendida mostrando un rostro de aquella mujer que había conocido de aquella secta “El Nido”, retrocede soltando un leve grito. Era una sorpresa de verla sabiendo que la habían matado anteriormente, saber que veía fantasmas ya la estaban atormentando. Era eso o se estaba volviendo loca.
—Tú debes… Tú estás —balbucea mientras la señala, no lo creía, era pasable, nadie lo creería.
Sentía que iba a desmayarse ahí mismo, se deja caer al suelo frío, no pensaba, las palabras no salían o cortaba las palabras antes de acabar las frases para no terminar siendo una tonta por no hablar bien. Aquel ente que estaba frente a ella seguía en silencio, mirándola. Aquella mirada sombría como si estuviera por decir algo importante. Algo que nadie debía escuchar. ¿Cómo era esto posible? No se preocupen.
—Samara —su voz sonaba tan tranquila, como si estuviera tratando de calmarla y a la vez se escuchaba como si ya había encontrado descanso, pero a la vez puede que haya venido por un último trabajo.
Se acerca, dejando la vela en medio de ambas mientras se ponía de rodillas. Se podría notar que estaba teniendo esa misma túnica que tenía cuando seguía viva en aquella secta. Tal vez, las personas tengan la misma ropa con la que murieron. La sensación de aquella habitación se sentía tranquila y cómoda, los nervios de Samara ya habían cesado y su mirada cambia a una de curiosidad de saber qué mensaje tendría que darle para pasárselo a los demás.
—¿Sí?
—Tus amigos y tú tienen que ir a Rusia. Tienen que hacer algo en ese país —Samara frunce ambas cejas sin entender lo que sucedía. Se suponía que irían todos, nadie debía quedarse, todos necesitaban avanzar.
—No creo que sea posible —negaba recordando que ellos estaban enojados con ella después de lo sucedido en el refugio del presidente y de haber robado algunas cosas que no les pertenecían.
—¿Por qué crees eso?
—Me odian.
—Te quieren —corrige teniendo una mirada determinada y decidida de lo que decía—, sólo que están confundidos de lo que ocurrió. Eres la única que se dio tiempo en darles un espacio, de hacerles saber cómo era México antes de todo este desastre.
Samara no lo entendía todavía, ¿Cómo pueden sentirse cómodos alrededor de ella sabiendo que no tiene la experiencia en la vida como la tienen ellos? Aún era joven, apenas tenía veinte años, Yakov tenía treinta y tres y Dae-hyun treinta y ocho años de edad. Díganme ustedes, ellos tenían la opción de ser los lobos solitarios, pero decidieron quedarse cerca de ella sin pensarlo. Algo tenía, que ambos no se alejen de ella. La mirada de Samara divagaba entre el suelo y sus manos, sentía que era su culpa de lo que ocurría en su vida, se lamentaba por no cuidar de sus sees queridos, de guardarse lo que sentía, de no decir nada. De ser tan terca.
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Editado: 20.02.2026