Regla #9 «Sigue aprendiendo».
La hora de la comida era especial para la mayoría de personas que adoran ese momento. Más cuando el mundo era un caos, cuando ya nadie podía gobernar lo que estaba vacío, cuando el ejército comenzó a explotar lugares donde se suponía que habían de esos monstruos. Matar cuando creían que tenían el virus, aún sabiendo que sólo era un estornudo, una tos o fiebre.
El sonido de los gritos, explosiones, disparos llegaban a la mente de Samara que estaba sentada lejos de los demás, revolvía la comida que tenía en el plato en su regazo, un brazo recargada sobre una roca y su mejilla sobre su puño. Su mirada divagaba en aquel plato, estaba claro que estaba desanimada, triste, su cara larga se notaba a unos metros. Dos sombras grandes la cubren por completo, lo que ocasiona que eleve su mirada a los responsables de romper su soledad.
—¿Estás bien? —en la mirada de Dae-hyun la preocupación al preguntarle aquello. Esas simples palabras para alguien que pasaba por algo, era como darle acceso de que su vulnerabilidad salga a flote.
—¿Es por Jacob? —Yakov aún le dolía no tener a su pequeño tocayo cerca.
—No. —suelta un murmuro como para detener con sus preguntas no queriendo llorar o que su voz se escuche cortado—. Bueno, aparte.
Ambos sin decir nada, se sientan cada uno a los lados de ella para acompañarla. Al menos, para no dejarla sola. La melancolía los rodea a los tres, las memorias invaden la mente de ellos, todo paso muy rápido en casi un año y medio. Personas desaparecidas, familiares muertos, amistades suicidándose, traiciones, robos, infecciones, asesinatos, violaciones. Todo lo que pienses, es lo que realmente sucede.
Sueños rotos, metas a medio terminar. ¿Cómo le haremos ahora que el gobierno de cada país ha caído? ¿Qué el valor de la moneda ya no vale? ¿Cómo volveremos a la normalidad? Deberían de resolver esto antes de que a ellos les suceda algo o eso es lo que pensaban, después de lo ocurrido con los gringos que buscaban al paciente cero, si ellos están ahí es porque comenzó en suelo mexicano.
—¿Es nuestra culpa? —la voz de Samara rompe el silencio. Ambos hombres la voltean a ver con una mirada de confusión, sin entender lo que quería decir. No han hecho nada malo o eso pensaban. Eso lo nota la joven, cosa que intenta explicar bien su pregunta—. Ya saben, en esta ciudad fue Lucio quien se convirtió primero, él convirtió a papá y entre ellos a todos los demás.
Yakov intentaba tranquilizarla, haciéndole saber que no era su culpa, que tal vez algo debió pasar para que esto sucediera. Cada quien sentía culpa de lo que sucedía, pero quedarse llorando no le servía a nadie. Dae-hyun se queda en silencio, la única pista que tenían era una de las variantes: rabia. Si no encontraban las demás, lo único viable era irse a buscar en las demás zonas. No sabían dónde estaban los Recos, eran buenos escondiéndose, los Strompers era peligroso y suicida. Una idea llega.
—¿Qué comió? —esa duda estaba en el aire, cosa que hizo que la joven se quedó pensando, casi olvidándose de lo que ocurrió ese día.
—Las puff”s, ¿Por qué?
—Porque necesito investigar que contiene.
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Misael entra a aquel laboratorio improvisado que construyo Dae-hyun con el tiempo. Tenía en unas bolsas de plástico aquellas bolsas de papas que tal vez todavía hay contenido, se nota algunos gusanos moviéndose ahí dentro. Yakov, Samara, Chento y Méndez tenían cubre bocas, guantes de látex y lentes para protección. Todos estaban dispuestos a ayudar. Necesitaban respuestas de una vez por todas y esto no podía quedarse así. Desde la puerta, Alejandro observaba a la distancia, tenía los brazos cruzados y el hombro recargado en el marco. Su mirada estaba endurecida. Odiaba y le molestaba sentirse excluido y no entendía por que permitían entrar a los demás, pero a él seguían manteniéndolo al margen, aún cuando se había esforzado por ayudar y aunque no quisiera admitirlo, eso le dolía.
Dae-hyun ajustó el microscopio. Los gusanos que encontró eran extraños. No parecían comunes, ya que, sus patrones eran distintos a cualquier especie que hubiera estudiado antes. Algo no encajaba, lo que hizo que comience a preparar pruebas improvisadas. Necesitaba confirmar una teoría. Pero para eso, necesitaba a alguien dispuesto a ser el experimento. Era un pensamiento horrible si lo llegas a pensar, que alguien más tuviera que acceder a someterse en que alguno de esos escurridizos gusanos entre a su cuerpo, que accediera a convertirse para ver cómo se comportaba su cuerpo. Estaba claro que, dependiendo el gusano, es en lo que podrías convertirte. Stromper. R.E.C.0 o un infectado normal. Al menos esa fue la teoría que les dio a los demás, al menos como explicando lo que tenía que hacer, ¿Era peligroso? Sí. ¿Alguien estaría dispuesto a morir para luego revivir en esos monstruos? No. Tendrían que pensarlo bien, era una vida de la que estaban hablando, nadie querrá hacerlo.
—Están los discapacitados.
Los demás posan su mirada hacia donde Alejandro se mantenía apoyado en el marco, lo que dijo dejo a todos ellos en silencio sin saber cómo reaccionar o que decir al respecto. No esperaban que él quisiera tomar a alguien débil con esto, ninguno sabía si iba a funcionar. Méndez iba negarse, pero Chento se adelantó para poder responder lo que decía aquel oficial.
—No, no. Tiene un punto. —lo dijo tan tranquilo que Méndez y Samara lo miran con asombro, a veces olvidaban que era un narco que no le importaba los demás. ¿Por qué darle importancia en lo que decía Alejandro? Tenían que pensarlo bien en lo que harían, nadie aceptara tan rápido.
—Aunque si aceptaran, no sabemos quién sería el voluntario para este experimento —tenía un punto Méndez, debían pensar bien quién sería el perfecto paciente para esta idea.
—¿En serio están pensando en sacrificar a alguien para esto? ¿A este punto hemos llegado, gente?
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Editado: 28.06.2026