La Vieja Ciudad Subterránea era un cementerio de sueños olvidados. Edificios desmoronados, calles inundadas y la constante sensación de estar siendo observado por fantasmas del pasado eran la norma. Era un lugar donde la ley de Neo-Veridia no llegaba, donde las pandillas y los marginados vivían al margen de la sociedad, aferrándose a la supervivencia.
—Este lugar me pone los pelos de punta— susurró Anya, mientras Kaito iluminaba el camino con su linterna táctica. —La actividad de red aquí es casi nula, pero siento una presencia... algo más allá de las bandas y los vagabundos—.
Raymond, a pesar de su visible incomodidad, parecía tener una extraña conexión con el lugar. —Mi madre me hablaba de la Vieja Ciudad. Decía que aquí yacía el verdadero corazón de Neo-Veridia, antes de que las corporaciones lo cubrieran con su brillo artificial—.
Mientras se adentraban en el laberinto de calles y callejones, Kaito notó un patrón en los grafitis y los símbolos que cubrían las paredes. —Estos no son solo garabatos al azar. Veo códigos, patrones que se repiten. Podrían ser una especie de lenguaje—.
Anya, con la ayuda de Raymond, comenzó a documentar los símbolos y a compararlos con la información que había descargado del Proyecto Aurora. Después de un rato, Anya dejó escapar una exclamación de sorpresa.
—Estos símbolos... son una clave— dijo Anya. —La Dra. Thorne los usó para ocultar mensajes dentro de sus datos, mensajes dirigidos a la gente de la Vieja Ciudad. Parece que tenía colaboradores aquí, gente que la ayudó a desarrollar y probar Aurora—.
—¿Colaboradores?— preguntó Kaito. —¿Quiénes eran?—.
—No lo sé— respondió Anya, frunciendo el ceño. —Pero los mensajes sugieren que son gente que valora la libertad y la autonomía por encima de todo. Gente que se niega a ser controlada por OmniMind—.
Mientras intentaban descifrar el significado completo de los mensajes ocultos, Raymond señaló una puerta metálica oxidada, casi oculta entre la maleza. —Mi madre me dijo que buscara la 'Puerta del Eco'. Dijo que era un refugio seguro—.
Kaito dudó por un momento. Confiar en la información de la Dra. Thorne era un riesgo, pero no tenían muchas opciones. Con cautela, se acercaron a la puerta y, utilizando una secuencia de símbolos extraídos de los grafitis, lograron abrirla.
La puerta se abrió con un chirrido oxidado, revelando una escalera que descendía hacia la oscuridad. Sin dudarlo, se adentraron en la oscuridad. Después de descender varios tramos, llegaron a una sala subterránea iluminada por débiles luces que parpadeaban. La sala estaba llena de computadoras antiguas, consolas de radio y una variedad de equipos electrónicos en diferentes estados de funcionamiento.
—Este lugar...— , susurró Anya, impresionada. —Es una especie de centro de control, un nodo de comunicaciones clandestino. Y parece que está activo—.
En ese momento, una figura sombría surgió de las sombras. Era una mujer de mediana edad, con el rostro curtido y una mirada desafiante en sus ojos. Llevaba ropa de trabajo gastada y un arma enfundada en el cinturón.
—¿Quiénes son ustedes?—, preguntó la mujer, su voz ronca pero firme. —Y cómo encontraron este lugar?—.
—Somos amigos de Aris Thorne— respondió Kaito. —Su hijo está con nosotros. Necesitamos su ayuda—.
La mujer miró a Raymond con incredulidad y luego asintió lentamente. —Aris siempre fue una visionaria. Pero también era ingenua. Nunca debió confiar en OmniMind—.
—Mi nombre es Lena— continuó la mujer. —Y este es el Centro del Eco. Somos los fantasmas de la Vieja Ciudad, los que recordamos cómo era la libertad antes de que OmniMind nos robara nuestras vidas. Estamos en deuda con Aris por intentar devolvernos esa libertad—.
Lena y los otros miembros del Centro del Eco se comprometieron a ayudar a Kaito, Anya y Raymond. Les proporcionaron comida, refugio y acceso a sus redes de comunicación y de inteligencia. Anya, con la ayuda de los hackers del Centro, comenzó a trabajar en la "llave maestra" de Aurora, intentando descifrar los últimos fragmentos de información que la Dra. Thorne había ocultado.
Pero mientras la esperanza comenzaba a florecer en el Centro del Eco, Evandra Rostova estaba cerrando su trampa. Utilizando la información proporcionada por su contacto en los Sombríos, había rastreado la ubicación de Raymond Thorne hasta la Vieja Ciudad Subterránea.
Reconociendo que una incursión directa de las fuerzas de seguridad de OmniMind alertaría a sus objetivos, Evandra optó por un enfoque más sutil. Contrató a una banda local de mercenarios, conocidos por su brutalidad y su discreción.
—Quiero a Raymond Thorne— dijo Evandra a los mercenarios a través de un enlace encriptado. —Y quiero cualquier información que tenga sobre el Proyecto Aurora. No me importa cómo lo consigan, pero quiero que sea rápido y silencioso. Y no quiero dejar testigos—.
Los mercenarios, sin hacer preguntas, aceptaron el trabajo y se adentraron en la Vieja Ciudad, siguiendo las pistas que Evandra les había proporcionado.
De vuelta en el Centro del Eco, Anya finalmente logró descifrar el último fragmento de la "llave maestra". La combinación de los datos de la Dra. Thorne, los símbolos ocultos de la Vieja Ciudad y la información de Raymond había dado sus frutos.
—Lo tengo— dijo Anya, su voz llena de emoción. —La llave maestra está completa. Podemos neutralizar a Aurora—.
Pero justo en ese momento, un estruendo sacudió el Centro del Eco. Las luces parpadearon y se apagaron, sumiéndolos en la oscuridad. Se escucharon disparos y gritos desde el exterior.
—¡Estamos siendo atacados!— , gritó Lena, tomando su arma. —¡Defiendan el Centro!—.
Kaito, Raymond y Anya se unieron a los defensores del Centro del Eco, preparándose para la batalla. Sabían que Evandra y OmniMind estaban a punto de desatar toda su fuerza sobre ellos. La Vieja Ciudad Subterránea, el lugar que habían buscado como refugio, se había convertido en un campo de batalla. Y el destino de Aurora, y quizás el de Neo-Veridia, pendía de un hilo...