Proyecto matrimonial

Capítulo 2

Eros es el heredero de la competencia directa de Xbone, es el hombre al que en el departamento legal llamamos "El destructor" por su habilidad para desmantelar empresas en una sola tarde de negociaciones. Lo que no entiendo es, ¿Qué hace su expediente en una carpeta que Marcus Thorne me entregó personalmente?

Inevitablemente mis ojos escanean los detalles del docuemtno: su rutina, sus propiedades, sus debilidades legales y, lo más extraño, sus antecedentes de vida personal.

—Licenciada, las copias pueden esperar, pero el señor Thorne no —la voz del asistente de Marcus, que ha aparecido de la nada a mis espaldas, me hace dar un salto.

Por instinto cierro la carpeta de golpe, ocultando el rostro de Eros contra mi pecho. Señalo la puerta del otro departamento y con una sonrisa fingida le pregunto.

—¿Esta bien si saco las copias rapidamente?

Ella aprieta los labios y niega.

—Acompañeme a la sala de juntas, por favor.

—Pero el señor me ha pedido unas copias, necesito llevarlas.

—El señor Marcus me ha mandado por usted, no lo haga esperar. Acompañeme — insiste, esta vez con un tono desafiante.

Asiento y camino hacia la sala de juntas. Me aseguro que ella vaya delante de mi, entro al departamento legal e ignoro las miradas que nuevamente se posan sobre mi. A pesar de andar con las piernas de gelatina, intento verme segura.

Al entrar, el olor a madera cara y tabaco me golpea. Marcus está sentado a la cabecera de la mesa, mantiene firmemente sus codos sobre la mesa y sonrie con arrogancia al verme.

No esta solo, los hombres que lo acompañaban hace un momento estan a su lado.

Inmediatamente noto el asiento vacio que de frente, sobre la mesa, tiene un contrato con un espacio en blanco donde debería de ir un nombre.

—Tome asiento —dice Marcus, entrelazando sus dedos sobre la mesa—. Supongo que ya vio al sujeto de nuestro... proyecto.

Asiento lentamente y con las piernas temblando me acerco al asiento vacio que espera por mi. Me siento lentamente, dejando la carpeta sobre el cristal frío de la mesa. El silencio en la sala es denso, casi sólido y sofocante. Inmediatamente mis manos buscan refugio debajo de la mesa para que nadie note el leve temblor de mis dedos. Sin duda, nunca imagine que ser invitada a esta sala se volvería un tormento para mi.

—No entiendo, señor Thorne —logro decir, tratando de que mi voz de abogada no se quiebre—. ¿A qué se refiere con "proyecto"? Eros Valerius es nuestra competencia directa. Tener un expediente así de detallado sobre su vida privada llega a rozar en lo ilegal, y que usted me pida entrar aquí para...esto…

—¿Ilegal? —me pregunta Marcus con un tono de burla antes de soltar una carcajada seca que resuena en la sala de juntas—. Licenciada, en este nivel de juego, la legalidad es una cuestión de perspectiva. Como sabe, Xbone está en la cuerda floja. Los Valerius nos tienen contra las cuerdas y la única forma de evitar que nos devoren y despidan a cada persona en este edificio, incluyéndola a usted, es este acuerdo.

Al terminar de hablar, señala con la barbilla el espacio en blanco del contrato frente a mí.

—Eros Valerius necesita un activo. No una socia, no una empleada. Necesita una esposa que sea perfecta e impecable ante los ojos del consejo de administración de su familia. El viejo Valerius no le entregará el control total de la herencia si sigue siendo el soltero errante que desmantela empresas por diversión. Necesita estabilidad. Y yo... bueno, yo necesito que Xbone sobreviva.

No tardo mucho en entenderlo y con ello el nudo que se habia formado en mi estomago hace unos minutos atras se aprieta. No soy una abogada para él en este momento; soy una moneda de cambio. Una ficha que Marcus está lanzando al centro del tablero para salvar su propio cuello.

—Usted no va a espiarlo, licenciada —continúa Marcus, bajando el tono de voz como si estuviéramos compartiendo un secreto sagrado—. Usted va a ser la garantía de que Valerius nos deje en paz. Usted firma ese contrato, se convierte en su esposa por el tiempo estipulado, y yo me aseguro de que cuando ese matrimonio termine, usted tenga un asiento permanente en esta mesa.

Antes de que pueda procesar la magnitud de su traición, la puerta de la sala se abre de nuevo. El asistente de Marcus ni siquiera tiene tiempo de anunciarlo. La figura que entra en la sala hace que los socios a los lados de Marcus se pongan de pie por puro instinto, pero yo me quedo clavada en la silla. Aferrada al cuero negro y el respaldo de madera.

Es él. Eros Valerius en persona. Y como era de esperarse es mucho más imponente que en la foto; emana una energía oscura, elegante y absolutamente peligrosa que no puedes ignorar en lo absoluto. Se quita los guantes de piel negra mientras camina hacia el asiento vacío a mi lado, sin mirar a Marcus, como si el dueño de la empresa fuera apenas un mueble más en esta habitación. Sus ojos, oscuros, se posan sobre mí con una curiosidad clínica.

—Espero que el café moka haya valido la pena, licenciada —dice Eros, y su voz es un susurro profundo que me recorre la espalda como una descarga eléctrica—. Porque a partir de hoy, sus gustos van a tener que ser mucho más... caros.

Al escucharlo, me tenso, desvio la mirada hacia Marcus, tratando de evitar verlo una segunda vez. Marcus se aclara la garganta, visiblemente nervioso.




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