El silencio que sigue a su pregunta es tan pesado que juro escuchar el tic-tac del reloj de pared marcando mi sentencia. La cercanía de Eros Valerius es abrumadora; huele a sándalo, a lluvia y a un tipo de poder que no se compra con dinero, sino con linaje.
Su sonrisa coqueta y llena de grandeza no me da confianza; al contrario, me hace sentir como una clase de gacela que acaba de notar que el león no solo tiene hambre, sino que también es un excelente estratega que está listo para cazar. Sabe que tengo miedo, no puedo ocultarlo de mi rostro, mucho menos de mis manos temblorosas.
—El miedo es una reacción biológica, señor Valerius —respondo, logrando que mi voz suene firme a pesar de estarme muriendo de miedo—. Pero la inteligencia es una elección. Y mi elección actual es entender por qué un destructor de empresas como usted necesita una abogada de nivel medio para salvar su herencia.
Eros arquea una ceja, visiblemente divertido.
—Nivel medio es una descripción modesta, licenciada. He leído sus últimos tres informes sobre fusiones de activos. Usted no solo encuentra los vacíos legales; usted construye muros alrededor de ellos. Eso es exactamente lo que necesito: un muro. Alguien fuerte que no se desmorone cuando la prensa o mi familia intenten hurgar en nuestro... "secretito".
Me tenso de inmediato al escuchar nuestro “secretito”; el hecho de pensar que existe esa clase de cosas entre nosotros me tensa porque los secretos siempre salen a la luz y sé que lo que él desea, saldrá a la luz un día.
—Como decía, el contrato estipula dos años. Un sueldo que triplica su actual posición, una cuenta de gastos ilimitada y, al finalizar, la dirección del departamento legal de Xbone —Marcus Thorne interviene, tratando de recuperar el control de la mesa que ya no le pertenece en lo absoluto.
—O —interrumpe Eros, su voz volviéndose repentinamente gélida mientras se recuesta en la silla con total arrogancia—, puede negarse a todo. Puede salir de esta sala, regresar a su escritorio barato con su corcho rosa y esperar a que yo termine de comprar esta empresa la próxima semana. Lo primero que haré al tomar posesión será liquidar al departamento legal. Todos. Incluida la chica pelirroja a la que le sonríe esta mañana.
De reojo lo veo, tiene los brazos cruzados con arrogancia sobre el pecho, sabe que tiene el poder, sabe que tiene el dinero para hacerlo. Odio admitirlo pero todos en esta sala estamos a sus pies. Sus palabras son un golpe seco y bajo. No solo me está ofreciendo una jaula de oro a su lado, sino que también me está quitando la salida de emergencia. Miro a Marcus, esperando algún rastro de lealtad hacia su empleada estrella, pero solo veo a un hombre desesperado por salvar su patrimonio.
—Es un chantaje —susurro, bajando la vista hacia el contrato.
—¿Disculpa? —susurra él, soltando una pequeña risa.
—¡Es un chantaje, una manipulación! —repito, alzando la voz antes de encararlo. Atreviéndome por primera vez a verlo a los ojos. Petrificándome en el acto, como si acabase de encontrarme con el hermoso rostro de Medusa en un hombre.
—Es una transacción, licenciada —corrige Eros con total calma. Se inclina de nuevo hacia mí, desviando su mirada hacia mis labios—. Usted salva los empleos de sus compañeros y su propia carrera. Yo obtengo la estabilidad que mi abuelo exige. Todos ganan. Excepto, quizás, su vida privada.
De inmediato mis ojos se posan en el espacio en blanco del contrato. Me es imposible no pensar en mi departamento pequeño, en mis sueños de escalar por mérito propio, y en la sensación de que, a partir de este momento, nada volverá a ser igual. No importa qué elección tome, nada será igual. Conozco la manera en que actúa Eros, seguramente todos la conocen y sé que lo que dice lo cumple. No es un hombre que se ande con rodeos y mucho menos es un hombre que se tiente el corazón por alguien más.
Tomo la pluma con decisión, sintiendo el metal frío que contrasta con el calor de la sala.
—Si firmo esto —digo, moviendo la pluma, mirando a Eros directamente a los ojos, desafiando esa "curiosidad clínica" suya—, quiero una cláusula adicional. Nadie en esta sala, ni fuera de ella, podrá interferir en mi trabajo legal. Seré su esposa ante el mundo, pero seguiré siendo abogada. No seré un adorno, señor Valerius y… adicional —añado, desviando la mirada por un momento hacia Marcus—. Quiero tomarme el maldito día libre.
Eros deja escapar una risa corta, casi genuina.
—Licenciada, si quisiera un adorno, habría elegido a una modelo de pasarela. La elegí a usted porque necesito a alguien capaz de leer la letra pequeña mientras el mundo nos observa. Tome esto como un halago, la elegí a usted por su inteligencia.
No creo en sus palabras en absoluto, sé que no me ha escogido, únicamente he caído en sus garras por mi maldita mala suerte. Me tomo un momento para aceptarlo, no tengo salida así que sin pensarlo más, antes de que el nudo en mi estómago me impida respirar, firmo. Lo hago con un trazo rápido y elegante. Y me duele aceptar que el nombre que he construido con esfuerzo durante tanto tiempo ahora queda ligado al imperio de los Valerius.
Eros toma el contrato antes de que la tinta se seque por completo. Se pone de pie a mi lado y se guarda la pluma.
—Bienvenida a la familia, querida —me dice en un tono que no tiene nada de familiar—. Mañana a las seis de la mañana mi chofer la recogerá en su domicilio. No empaque mucho; lo que tiene ahora ya no está a la altura de su nuevo apellido.
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Editado: 30.03.2026