Marzo 26, 2018.
Minnesota, Estados Unidos.
Las llamas del fuego rodeaban el terreno, consumiendo la propiedad hasta el corazón del interior de la casa, llevándose consigo mismo, todo un mar de recuerdos, alegrías, logros y pasiones, para dejar únicamente, un trágico rastro de dolor, y gritos en búsqueda de la salvación y la esperanza. Sin embargo, eso es lo único que quedaría en ese lugar, una triste memoria, de una pequeña y noble familia destruída.
—¡Mamá! —gritó una joven, invadida por la desesperación y la angustia de que ni ella, ni su madre, iban a poder salir vivas de aquel infierno.
—¡Corre, Noah! ¡Sálvate tú! —sollozó la mujer.
Ella sabía qué era lo que iba a suceder, temía que el día del desenlace de su vida sucediera tan pronto, pues estaba al tanto de qué era lo que iba a ocurrir con su hija después de esto, y rogaba a Dios que el plan que tenía para la pequeña Noah, fuese diferente.
—¡No te dejaré!
Quitándose las lágrimas de los ojos, la castaña se abrió paso entre el incendio, hasta que logró alcanzar a su madre, quien se encontraba unos cuantos metros alejada, rodeada de aquellas llamas que parecían nunca querer ahogarse. Tomó su mano, y dándole un pequeño impulso de fuerza y fé a su mamá, logró que las dos pudieran avanzar. No obstante, el camino que prosiguieron no fue mucho, pues unos cuantos pasos después, un pedazo del techo cayó frente a ellas, avivando aún más el fuego a su alrededor. Un grito de dolor salió desde la profundidad de la garganta de la menor, el incendio había alcanzado a tocar la mitad de su cuerpo, quemándole el brazo izquierdo, y una parte de su torso y espalda.
Agobiada de la situación, jaló con las pocas fuerzas que le quedaban a su mamá, guiándose hasta la entrada de lo que era su casa. El tejado tronó, era una señal de que de manera pronta, otra parte del mismo iba a caer, y eso fue lo que ocurrió. La mujer, soltó y empujó a su hija hacia la salida, evitando que aquel pedazo de la vivienda cayera sobre ella, sin embargo, eso terminó por impedirle a ella el acompañar a su hija hasta afuera, dejándola encerrada entre el fuego.
Noah cayó al suelo. Completamente adolorida, se enderezó para buscar a su madre, pero al llamarla y no encontrarla a su alrededor, volteó a ver hacia el interior de su casa, observando con exaltamiento el cómo su hogar se iba cayendo a pedazos, y viendo a la mujer que le dio la vida, encerrada en aquella tragedia. Se levantó del suelo lo más rápido que pudo, y corrió de nuevo hacia la propiedad, no obstante, antes de que pudiera llegar, un hombre la detuvo por detrás, tomándola entre sus brazos y abrazándola por detrás para alejarla del incidente.
—¡Suéltenme! ¡Mi mamá, por favor! —suplicó entre gritos y lágrimas, mientras que ante el confort del desconocido cuidandola, dejó a su cuerpo rendirse, y volver a caer.
—¡Estarás bien, hija! ¡Caleb cuidará de ti! —respondió la mujer con pesar.
Esas fueron sus últimas palabras, pues después, no se volvió a escuchar sonido alguno proveniente de la fémina mayor, finalmente, sus palabras se habían apagado.
Los servicios de emergencia habían llegado demasiado tarde como para poder salvar a ambas. Bomberos, policías y paramédicos arribaron al lugar. El fuego que todavía se conservaba en algunas partes de su ropa, fue sofocado, para dejarle paso a los médicos para atenderla. Su cabeza daba vueltas, su mente no lograba procesar lo que le había sucedido y tampoco podía pensar en lo que iba a suceder de ahora en adelante, no obstante, su subconsciente en busca de consuelo, no dejaba de repetir las últimas palabras de su mamá. Iba a estar bien, y Caleb cuidaría de ella.
Tenía fe y esperanza en sus palabras, anhelaba que todo estuviera bien, esperaba que así fuera. Sin embargo, se equivocó.