Enero 31, 2021.
Minnesota, Estados Unidos.
—¡Apresúrate, Noah! ¡No tengo todo tu maldito tiempo! —gritó Caleb desde la planta baja del edificio en el cual rentaban.
—¡Ya voy! —respondió la menor, tomando su última maleta de la cama, y empezando a caminar hacia la salida del departamento.
Han pasado ya casi tres años desde que ocurrió aquel incendio en el cual Noah lo perdió todo. Ese mismo día 26 de marzo, ella estaba cumpliendo quince años de edad. Fue un suceso lamentable, y al cual ella nunca le encontró una explicación; la casa había sido incendiada a propósito, pues según los investigadores de incendios, había rastros de gasolina y algunos otros puntos inflamables por todo el terreno, y eso era a lo que la chica no le encontraba coherencia, no comprendía quién había buscado hacerles ese daño tan grande e irreparable. Noah y su madre, siempre habían sido buenas personas, ante los ojos de la menor no había razón para que alguien las odiara en lo más mínimo. Después del accidente, la castaña había estado internada en el hospital, muchos decían que era imposible que ella sobreviviera, no obstante, había logrado superar de una manera médica a todas las complicaciones que tuvo; realizó un tratamiento de piel de Tilapia, un pez con grandes capacidades regenerativas ante este tipo de heridas como las quemaduras que le habían quedado.
Caleb Wilds terminó peleando por su custodia, y no descansó hasta tener en totalidad la tutoría legal de Noah, y fue una lucha que no fue sencilla. Él, había sido el novio de su mamá y tenían una relación un tanto extraña, pues él era quince años menor a ella, sin embargo, solían moverse de manera única al estar juntos. A Wilds también le afectó mucho el incidente, pero logró sacar las fuerzas suficientes para que él y Noah volvieran a levantarse.
La castaña bajó del departamento con sus últimas cosas, para dejarlas en la acera de la calle, y esperar a que su tutor termine por acomodar las maletas en la cajuela del auto que conducía. Ambos, estaban por mudarse de ciudad, iban de Minnesota, hasta San Francisco en California. Era un cambio sumamente drástico, y las causas por las cuales lo hacían, eran igual de extrañas y desconocidas, pues en realidad, Noah no sabía la razón por las cuales Caleb había tomado la decisión tan precipitada de irse de Minneapolis. Había estado intentando descubrirlo durante estas últimas veinticuatro horas en las cuales se había enterado de que se iban, sin embargo, no logró conseguir nada; y ante eso, lo único que le quedaba por hacer, era buscarle el lado positivo a todo esto… O al menos lo intentaba.
Por su mente, solo pasaba el pensamiento de que esto podría servirle para “iniciar de nuevo”, una nueva oportunidad de vivir con calma y sin estar bajo la mirada de lástima de quienes la rodeaban. Después del incendio y de que salió del hospital, ella estaba acostumbrada a recibir dos tipos de tratos: El primero era, lástima; la gente no solía relacionarse con Noah de una manera normal, siempre le estaban dando un trato especial, como si fuera una muñeca que en cualquier momento pudiera romperse, o como si fuera una discapacitada. El segundo, era discriminación; quienes no sabían lo que le había ocurrido, la trataban como si fuera una anomalía, un experimento del Área 51 por cómo lucía; eran de esas personas que no querían tocar nada que su brazo dañado hubiera tomado, y también, la hacían menos por lo feo que lucía su cuerpo. No importaba cuán bella fuera, eso no la salvaba de que la trataran mal.
En cuanto estuvo todo listo en la cajuela, junto a Caleb, fueron a montarse en el coche, para emprender un largo camino por casi todo el país. El salir de la ciudad, no les fue difícil; el tráfico en las avenidas no existía en esos momentos, habían salido sumamente temprano, tanto que ni siquiera había salido el sol. No había nada a su alrededor, pronto, las luces del centro de Minneapolis fueron dejadas atrás, causando en Noah cierto temor que era algo complicado de explicar, pues durante todo este último año, a ella no le gustaba estar sola con él, menos si no había ni una sola alma cerca de ellos. Había dejado de sentirse segura estando con Wilds hace unos meses atrás, en los cuales las cosas entre los dos comenzaron a cambiar.
—¿No vas a volverme a preguntar? —habló el adulto unos cuantos minutos después.
—Esto depende ¿Me vas a responder esta vez?
—Probablemente sí lo haga —contestó Caleb, a lo que Noah rodó los ojos.
Ella ya no iba a preguntarle nada, estaba dispuesta a quedarse callada y mejor ver cómo se desarrollaban las cosas estando en la nueva ciudad, solo que había un pequeño detalle: Era un muy, muy curiosa, parte de su don y también su maldición.
—Oye, no me ruedes los ojos así. No seas grosera, Silver —regañó el castaño.
—No eres mi papá, no tienes derecho a decirme eso.
—Claro que sí lo tengo. Te conozco, y tú no eras así… —susurró aquello último —-. No comprendo ¿En qué momento cambiaste tanto?
—No, tienes razón. Yo no era así, y no te quejes si llego a ser grosera contigo, así me hiciste tú.
—Pero yo no quería que cambiaras.
—Sin embargo, en base a tus acciones lo hiciste, y en todas las formas posibles.
La palabra perfecta para definirlos a ellos dos, era “Discordia”. Nunca iban a estar de acuerdo en las mismas cosas, y el momento en el que fuera así, lo más seguro era porque ella cedió su palabra, todo con la finalidad de no cortar aún más su relación, y, sobre todo, no ponerse tanto a sí misma en riesgo.