Febrero 02, 2021.
California, Estados Unidos.
Todo el día anterior se la había pasado recorriendo la ciudad, conociendo el lugar donde viviría a partir de ahora, y adquiriendo unos cuantos materiales que iba a necesitar para su estancia en la Universidad de San Francisco. Tan pronto como había llegado, su primer día de clases en esa institución había comenzado. Sintió una oleada de nervios en el camino a la facultad, una parte de ella todavía no se sentía preparada para estos “nuevos inicios”, principalmente porque tenía que verse forzada a enfrentar nuevos prejuicios de las personas de California. Allá en Minnesota, ella ya era conocida, ya fuera por su inteligencia, o por el incendio que se volvió famoso en toda la ciudad, ya todos sabían muchas cosas de ella, no estaba acostumbrada a que le preguntaran sobre su persona, sobre sus cicatrices o el porqué estaba a punto de terminar con sus estudios aún sin cumplir la mayoría de edad, las personas allá en Minneapolis, solían ser personas más frías, que aunque se fijaran en la vida de los demás, solían también no ser tan invasivos, a comparación de las personas del oeste de Estados Unidos, que se notaban eran más abiertos y sinvergüenzas, aquí la gente no temía meterse en los asuntos de los demás, o soltar comentarios despectivos de la persona que estaba frente suyos. Y eso es lo que ella temía.
Intentó ignorar todas las posibles situaciones desagradables que podría llegar a vivir aquí, y se preparó mentalmente en caso de ser blanco de alguna de ellas. Se deslizó en completo silencio por los pasillos de la universidad, en búsqueda de su casillero, y también del aula en la cual tomaría su primera clase. Estaba de más el decir que se notaba el nivel de la universidad, todo era muy amplio, luminoso, y las instalaciones eran muy vanguardistas, algo destacable si se diferenciaba con la escuela a la que ella solía asistir. Tampoco podía mentir, que al ver todo lo que había a su alrededor, se ilusionaba, pues sabía que iban a ser cosas de las cuales iba a poder sacar cierto beneficio para seguir creciendo en su carrera. La química siempre había sido una de sus más grandes pasiones, desde los cuatro años ella se sabía la tabla periódica completa, con sus grupos, el número de cada elemento y el nivel anatómico de los mismos. Durante toda su vida logró encontrarle el gusto a la ciencia. Eso hasta que comenzó a aprender sobre medicina y el funcionamiento del cuerpo humano. Cuando tenía alrededor de diez años consideró la idea de convertirse en doctora médica, sin embargo, poco tiempo después encontró una gran profesión que combinaba ambos intereses. La química fármaco-biológica. Era el equilibrio perfecto entre las cosas que quería. Uno de sus mayores anhelos, era estar caminando en un laboratorio futurista, en una bata blanca y haciendo grandes avances mediante la química para incrementar el bienestar humano.
Se introdujo en el salón que le correspondía. Los asientos estaban acomodados en mesas alargadas y por parejas, algo que la hizo sentir fuera de lugar. Todos los presentes se encontraban charlando con sus amistades, comparando respuestas de una tarea que claramente, Noah no había realizado. Al sentir que no encajaba, o encontraba una buena posición en aquel grupo, optó por tomar asiento en la primera silla pegada a la entrada, la cual se encontraba vacía. Un par de segundos después, se escuchó el timbre que indicaba el inicio de la primera hora clase. La puerta se cerró en ese momento, provocando que todos se sentaran, para dejar que el profesor destacara de entre la pequeña multitud.
—Muy bien, clase. Es hora de comenzar. No suelo hacer esto, porque para mí todos son iguales, pero como es una situación fuera de lo ordinario, haré una excepción. Quiero que todos le den la bienvenida a la señorita Noah Silver, quien ha sido transferida a esta universidad. Silver, por favor, deje que sus compañeros la identifiquen, póngase de pie, por favor.
Al escuchar como el maestro mencionaba su nombre, la chica de ojos grises se quedó estática en su lugar. Sabía que ella representaba algo importante para la comunidad académica, sin embargo, no había creído que hacer este tipo de presentaciones fuera necesario. ¿Qué? ¿Es que acaso le iba a esperar algo así en cada una de sus materias? Dejó salir un suspiro silencioso, resignada a hacer lo que el docente le había solicitado. Se puso de pie, y sonrió un tanto forzada, hacia el resto de los presentes en la sala. Volvió a sentirse como un bicho raro, pero ahora no era vista de mala manera por su físico, era más bien curiosidad por la nueva mente que estaba frente a todos ellos.
—Hola, compañeros —saludó la menor, un tanto incómoda, pero de una manera cordial.
—Por si no la conocen, ella es una prodigio, una genio para la ciencia. Ha escrito importantes artículos, ensayos y teorías sobre sus investigaciones en el área de la ciencia química fármaco-bióloga. Tiene mucha menos edad que ustedes y vean todo lo que ha hecho. Aprendan de ella —finalizó el señor, señalándole —. Soy el doctor Larry Brightman, graduado de esta universidad desde hace veinte años. Cualquier duda que tengas en la materia, no dudes en decirme, aunque, ¿a quién engañamos? Dudo que llegues a tener dudas —dijo riendo, dirigiéndose hacia Noah —. Bien, como acabas de llegar y ya vamos adelantados en el temario, haré que alguien te ayude para que te pongas al corriente y tener con qué calificarte… —Buscó a alguien entre la pequeña multitud, para después asentir, afirmando que ya había encontrado a su persona —Daniela, tú eres buena en la materia, apóyame con la señorita Silver, por favor.
—Claro que sí, profesor.