Y tal como Daniela lo había prometido, llevó a que Noah conociera a sus amigos. Eso le emocionaba, pues no siempre tenían la oportunidad de encontrar personas nuevas en la universidad, más con los grados que ya llevaban cursados, además de que a la chica siempre se le había dificultado hacer amistades. Mucha gente la tenía acomplejada, como una persona nerd con el típico hermano problemático, un sujeto con el que nadie quería meterse por lo agresión que pudiera llegar a ser. Se había metido en una que otra pelea. tanto en la escuela, como en bares, y de ahí surgió su reputación, así que los hermanos Coleman estaban un tanto catalogados.
La chica de Minnesota, observó con plena atención a su alrededor, impresionada por la cantidad de colores en la cafetería de la facultad. Así mismo, no pudo evitar notar que los grupos de personas, estaban definidos, y muy bien marcados, pues se notaba con su forma de vestir, de actuar, y sus posturas. Siguió a su acompañante, pasando por todas las mesas, hasta detenerse en una en particular, la cual se conformaba por tres hombres, y una mujer. Los barrió con la mirada, analizando quiénes eran las personas que tenía enfrente, y con facilidad pudo deducir que no todos se dedicaban al área de las ciencias exactas, al igual que alcanzó a percibir un notable parecido entre la fémina sentada, y uno de los sujetos sentado al lado de ella.
—¡Hola, chicos! Vean a quién conocí —saludó Danny, llena de emoción.
—Daniela ¿Quién es esa? —preguntó con extrañeza uno de los chicos.
—¡Peter! Modales —regañó la única mujer sentada en la mesa, dándole un golpecito en el brazo.
—Disculpa al inepto de mi amigo, no sabe tratar a las mujeres —comentó otro. —Hola, mi nombre es Flynn… —se presentó el rubio con una sonrisa coqueta —¿Cómo te llamas, preciosa?
—Mi nombre es Noah —respondió la recién llegada, dándole una de sus mejores y amistosas sonrisas a los presentes —. Es un gusto conocerlos.
—Acaban de transferirla desde Minnesota, y tenemos clases juntas —explicó la joven de las gafas —. Ellos son Peter —presentó al primero, señalando al moreno que había preguntado por ella desde un inicio —. Flynn pues ya dijo su nombre, él es Jordan… —mencionó, indicando hacia un pelirrojo que estaba sentado con ellos en la mesa, pero no había dicho palabra alguna —. Y finalmente, ella es Becca —señaló a la única chica de la mesa, la que tenía un parecido innegable con Peter.
—Son hermanos ¿cierto? —cuestionó la pequeña Silver, viendo a Becca y al otro moreno, sin poderlo evitar.
Ambos sonrieron, uno con cierto orgullo, y la otra con algo de vergüenza, sin embargo, terminaron confirmando las sospechas de Noah.
—Sí, lo somos. ¿Cómo te diste cuenta?
Los observó a los dos, comparando las similitudes más a juego entre uno y otro. Era como ver a dos gotas de agua, pero con un sexo distinto. Es decir, tenían no solo las mismas características, pero las medidas que compartían eran bastante similares, sus facciones eran iguales.
—Genética. Hasta podría decir que son mellizos —dijo, casi en una afirmación, la cual, era correcta.
—Físicamente se parecen, pero los conoces y son como el fuego y el agua, dos personas muy distintas —aseguró Jordan.
—Los dos igual de desastrosos, pero en distintos sentidos —agregó Flynn, causando que los dos hermanos se comenzaran a quejar.
—¡Oye! No es cierto —soltó Becca —. Y ya cállense, nos están haciendo quedar mal frente a Noah.
Ambas chicas que se encontraban de pie, tomaron asiento.
—Bueno, ya. Pero no llores, no es para tanto —contestó el rubio de forma bromista —. Ahora tú, linda ¿Qué hay de ti? ¿Qué te trajo a las bellas calles de San Francisco?
En cuanto la mirada azulada del recién mencionado, se posó en los ojos grisáceos de Noah, ella se puso nerviosa, y no precisamente por el acto, si no, por la pregunta que le había realizado. No estaba preparada para responderle, pues no se había planteado que a las personas les causaría intriga el saber cómo es que ella llegó al otro lado del país.
—Nuevos aires… —terminó diciendo, con rapidez —. Teníamos ganas de despejarnos y cambiar nuestro rumbo, ya saben, los cambios a veces son buenos ¿No?
Flynn se quedó callado, y entrecerró los ojos sin dejar de verla. No sabía que había sido, pero había algo que no lo hacía quedarse convencido de su respuesta. Tal vez su tono de voz, su rapidez, o la postura de cierta inseguridad que había tomado la menor.
—No. Eso es mentira —se apresuró a decir —. Vamos, al menos dilo con más emoción y esperanza, convénceme.
La castaña miró al chico con cierta incredulidad. Sabía que su respuesta era ridícula, pero no tanto, y una parte de ella esperaba que no fueran tan listos como para que no se dieran cuenta de ese pequeño detalle.
—¿Y qué quieres que te diga? Mejor recibir eso, a no decirte nada ¿No crees? —respondió, con cierto tono de molestia.
—Puede que sea algo personal, Flynn, y la acabamos de conocer, no la presiones —agregó Becca, dándole una sonrisa a la castaña.
—No, no se preocupen —intervino Noah —. Es que… es algo complicado de responder ¿Saben? Para mí este cambio fue demasiado rápido, ni siquiera me avisaron que nos íbamos a mudar para acá, y no sé qué sucedió —sinceró.