Los chicos que había conocido hacía tan solo unas horas, eran más simpáticos y amenos de lo que Noah esperaba. Se sentía extraña al relacionarse con más personas, socializar no era su fuerte, sin embargo, le había agradado la experiencia. Se sintió bien recibida con la calidez de ellos, tanto que hasta las féminas del grupo acordaron ir al penthouse de la recién llegada para ayudarla a terminar de instalarse, así como mostrarle la ciudad de paso. No fue sencillo convencer de recibir a dos personas extrañas en su nueva casa, no obstante, creyó que al menos estando acompañada podría hacer las cosas más llevaderas. También, era increíble el nivel de confianza que tenían Becca y Daniela para querer ir con una chica que recién conocían, sin embargo, ambas se dieron cuenta de que Noah era una persona buena, su intuición les decía que era una gran chica, y que además, tenían que brindar cierto apoyo estando en esta nueva ciudad, pues imaginaban lo complicado que podría ser para ella el estar en un lugar completamente distinto, y sin conocer a nadie, eso agregando, que era la estudiante más joven de su generación en la universidad, y que por lo mismo, se le llegaría a ser difícil encajar.
—¡Noah! ¡Por aquí! —llamó Daniela al ver a la menor caminando a lo lejos.
La castaña se detuvo por unos segundos, y al tenerla ubicada, empezó a ir en su dirección. Ella, ya se encontraba junto a Becca, listas las dos para emprender hacia la casa de la recién llegada.
—¿No les hace falta nada? —preguntó la chica en cuanto estuvo frente a ellas.
—No, nada. Bueno, en realidad sí, necesito avisarle a mi hermano, pero estaba pensando en que podría llevarnos. No sé qué les parezca —agregó Danny.
—¡Ay, sí! Para mí no hay ningún problema. ¿Vives muy lejos? —dijo la morena con entusiasmo, y mirando a Noah.
—Depende. Son poco menos de quince minutos caminando, así que, para mí no es muy lejos, pero no sé si a ustedes se les haga pesado —respondió —. Pero si tu hermano nos puede llevar, no pongo objeción —mencionó como último.
Sin embargo, no iba a negar tampoco que sentía algo de nervio en dado caso de que él si pudiera llevarlas. No podía sacar su mirada de la mente, la cual, a pesar de haberla apreciado de manera lejana, la había considerado un tanto intensa. Le causaba curiosidad, y quería saber más sobre él, no obstante, también le daba miedo el cómo podrían resultar las cosas, o lo que pudiera descubrir.
—¡Excelente! Ya viene para acá —comentó la castaña, señalando al chico que iba caminando en su dirección.
Él se detuvo frente a ellas, y sus ojos se volvieron a posar sobre los de Noah, pero esta vez ella no tuvo el suficiente valor de alzarla para mirarlo, al contrario. Sin embargo, para no demostrarlo, se permitió tomar a los rayos del sol como una excusa, pues colocó su mano como interferencia para evitar que éste le diera en la cara, a la par que le impedía ver directamente al sujeto, y él no podía apreciar su rostro como quería.
—¿Nos vamos? —preguntó el mayor hacia su hermana, aunque su mirada continuase sobre la recién llegada a la ciudad
—Eh, sí. Pero ¿Podrías llevarnos a casa de Noah? Planeábamos pasar parte del día allá. Es que se acaba de mudar y nos ofrecimos a ayudarla a instalarse.
El castaño asintió lentamente, y al percatarse de que era el sol el que le “impedía”, voltearlo a ver, dio un paso al frente, para colocarse justo en el punto en el que caía el rayo de luz, permitiendo que la vista de la chica se despejara de ese pequeño problema. Sintiendo algo de resignación, finalmente Noah bajó su mano, dejándole al hombre ver su rostro más de cerca. Su piel era tan pálida, que podría ser considerada como el color de la porcelana, al igual que sus ojos intensos y grises le daban un aspecto casi angelical. Sin duda ella era alguien hermosa. No era una belleza típica californiana, se notaba que tenía otros orígenes, y eso era lo que la hacía destacar de entre todas las otras chicas de San Francisco.
—Claro, no hay ningún problema —accedió el joven —. Soy Matt, Matthew Coleman —se presentó también, extendiendo su mano hacia la menor, quien después de dudar un par de segundos, la aceptó.
—Noah Silver… —respondió la chica, con su nombre.
Durante unos segundos, fue como si el tiempo alrededor de los dos se detuviera. Era una sensación extraña, y no era algo que solo uno de ellos sintiera, ambos compartían el mismo sentimiento. La mente de Matthew de repente se volvió un tornado, era una pequeña tormenta que intentaba descifrar el rostro de la joven frente a él, ya que lo que estaba sintiendo en esos momentos, era algo difícil de explicar; tenía la sensación de que ya la conocía, que la había visto antes por algún lado, pero no lograba encontrar de dónde. Y no era el único que tenía esa creencia, ya que Noah se sentía igual. Ella tenía una memoria extraordinaria, pero en esos momentos no recordaba dónde lo había visto y cuando. Los ojos de su contrario eran tan oscuros como un abismo, que podía encontrar un reflejo en ellos, y verse a través de los mismos, así como sentía que podía ver a través de él.
Las otras dos chicas presentes lograron encontrar cierta tensión entre ambos, no era una mala, era una de esas buenas, en las que se sabía que se podía sacar algo interesante. Daniela abrió la boca para hablar, pero no podía decir palabra alguna. Había algo intenso entre su hermano y su reciente amiga, y era algo que de cierta manera le costaba creer, pero que le llamaba la atención de todas formas. Becca durante unos instantes se sintió fuera de lugar, y una parte de ella se rompió al ver como ambos se veían, comunicándose en completo silencio. Ella siempre había querido que le sucediera algo parecido, y no iba a negar que tenía cierto enamoramiento platónico con Matthew, aunque era obvio que nunca iban a ser algo.