Proyecto Matthew

Capítulo VII

—¡Noah! —llamó Matthew, corriendo a un paso ligero hacia ella.

Ya se encontraban fuera de las instalaciones, y estaban por salir de la parte del estacionamiento del campus, y para su fortuna, había logrado encontrarla. El problema no habría sido alcanzarla, si no, identificarla entre los grupos de gente que se movían de aquí para allá en la universidad.

—¿Qué haces hasta acá? Está por comenzar la siguiente clase—cuestionó la menor con curiosidad en cuanto lo tuvo enfrente.

—Lo sé, pero no la voy a tener. El profesor avisó que no llegaría, así que tengo mucho tiempo —respondió bajo una pequeña mentira —. Dices que vas a tu casa ¿No? Puedo llevarte si quieres —ofreció, yendo también directo al punto de lo que quería decir.

Su contraria alzó ambas cejas durante un microsegundo de sorpresa, mientras una sonrisa se posaba sobre sus labios, y comenzó a negar ante tal amabilidad del chico que estaba junto a ella.

—¡Oh! No, no. Muchas gracias por tu ofrecimiento, pero no quisiera ser una molestia —respondió.

—No, no es una molestia. Si lo fuera, no hubiera venido hasta aquí para eso. Quiero acompañarte a casa —dictaminó con sinceridad —. Así que ven, yo te llevo…

Él, sin esperarla en un principio, comenzó a caminar en el lado opuesto al que la fémina iba, con la intención de así irla guiando hacia su camioneta. La incredulidad no cabía en la expresión interna de la chica. Una parte de ella se encontraba sorprendida de tal acto que había hecho su acompañante, pero a la par, no se encontraba tan impactada, pues a pesar de llevar poco tiempo de conocerlo, no le extrañaba la amabilidad que solía tener Matthew sobre su persona, además de la curiosa familiaridad que ambos sentían en silencio. Un par de segundos después, comenzó a caminar detrás de él, y el mayor, al sentir sus pasos, sonrió. El castaño regresó la mirada hacia sus espaldas, y detuvo su paso por un momento hasta que quedaron a la par.

Matthew se dirigió a la puerta del copiloto, y la abrió, ofreciéndole también una mano a Noah para ayudarla a subir de un pequeño impulso. Ella no tuvo la opción de rechazarlo, y le agradeció en cuanto lo tomó, para montarse en el vehículo. Y tan pronto ella estuvo dentro, él rodeó hasta el asiento del piloto, y tomó lugar junto a la menor. No tardaron en emprender su corto viaje. El tráfico no existía por la hora en la que se estaban trasladando, y solo había un par de coches más a sus alrededores, permitiéndoles tener un camino tranquilo.

Solo había silencio en la cabina, ninguno de los dos sabía de qué hablar en esos momentos, y Matt se dedicaba a mirar de reojo a la chica. En realidad, él tenía muchas cosas guardadas que quería preguntar, y eran tantas, que ni siquiera sabía por dónde comenzar.

—¿Por qué las escondes? —se atrevió a preguntar, moviendo sus ojos de manera rápida hacia los brazos de la fémina.

Noah quedó algo extrañada por su pregunta, pero al ver el camino que seguía la mirada de su contrario, comprendió que se refería a sus cicatrices, y que él las había visto hace unos días, la primera vez que fueron las chicas a su edificio.

—¿Conoces lo que es la lástima? Bueno, estoy cansada de eso, y por eso lo hago. Cada que alguien extraño las ve, me trata distinto; como si fuera una anomalía, o como si fuera una discapacidad de la cual fuera dependiente a la ayuda de algo o alguien —inquirió.

—Siento que también te da vergüenza —soltó, lleno de honestidad —. Pero mira, hay mucha gente muy idiota, pero el que pienses de esa manera, es ridículo. Aún queda humanidad consciente y madura respecto a esos temas. No deberías dejarte llevar por esas miradas o comentarios.

—Llevo casi tres años viviendo de la misma manera. Créeme que lo intenté, y no funcionó. Es difícil, pero la verdad es que las personas no están preparadas para aceptar y ver con normalidad a las personas que tienen algún defecto físico tan grande como el mío. Para ti, que no las tienes, es fácil decirlo, pero, en realidad, es muy complicado de entender. Es algo que no le desearía ni a mi peor enemigo… —Mustió eso último.

—Tienes razón… —murmuró Matthew —. Perdón.

—No tienes nada de qué disculpar. Gracias por intentar empatizar, pero por favor, no conviertas eso en lástima.

—Siendo honesto, no creo ser capaz de sentir lástima, sólo respeto —agregó, deteniendo la camioneta dentro del estacionamiento del edificio —. Si me lo permites, me gustaría saber su historia, apuesto a que es digna de contar. ¿Me ayudarías a entender?

Para Noah, el contar como su madre perdió la vida y ella no pudo hacer nada, convirtiéndose en alguien inútil, no era una historia digna de contar. Sentía vergüenza de lo que ocurrió, y de que no hayan encontrado la manera de hacer que ambas salieran al menos respirando de ese infierno. Sabía que lo que había hecho su mamá era un acto heroico, y que muchas personas la elogiarían por darlo todo para salvar a su hija, pero el ser la víctima te hacía tener una perspectiva completamente diferente.

—Algún día te lo contaré todo ¿De acuerdo? —respondió por lo bajo, y fijando su mirada en los ojos oscuros del chico a su lado.

Le regaló una pequeña sonrisa, y tomó su bolso para colgarlo sobre su hombro, y abrir la puerta, haciendo que Matt imitara su acción. Ambos bajaron del vehículo y en completo silencio se introdujeron en el edificio. Él podía comprender que era un tema difícil de trata, y aunque sentía necesidad de saber, no iba a comenzar a presionar a la menor de que le dijera qué era lo que le había sucedido, iba a esperarla todo el tiempo que fuera necesario, estaba dispuesto a eso, y sin saberlo, era capaz de más.




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