Proyecto Matthew

Capítulo VIII

Febrero 12, 2021.

California, Estados Unidos.

Había pasado ya una semana desde que Noah se había tenido que introducir ese medicamento, y las cosas no iban tan bien como se esperaba. Después de que Matthew se fuera a buscar a su hermana ese día, él le mandó un mensaje a la chica para irla a ver, pero ella se negó por completo, y se quedó todo el fin de semana sin salir, y no tuvo opción más que cancelar la salida que habían planeado sus amigos. Se sentía mal por no poder ir con ellos, pero para ella el recuperarse era algo lógicamente prioritario. Pero los días pasaron, y tenía que continuar con sus labores, y lo único que logró hacer, era ir a la universidad, algo que tampoco pudo hacer muy bien, pues durante toda la semana los malestares hicieron que todo se complicara. Esta vez, a diferencia de las anteriores, aquella medicina le había pegado más duro, algo que no era normal, pues se supone que después de un tiempo, el organismo debería de estar acostumbrado, y los efectos de esa sustancia se verían reducidos, no incrementados, eso a menos que sus componentes fueran distintos.

Caleb no tardó en percatarse de que la inyección le había dado de una manera más intensa. La pequeña Silver se la había pasado vomitando, desmayándose, con la presión baja, pero con el corazón acelerado, y una temperatura que no se bajaba por nada del mundo. Él dudó, y consideró por unos momentos el llevarla a revisar, pero eso ponía en riesgo muchas cosas. Así que se negó. Tenía los nervios a flor de piel. No se esperaba este tipo de reacciones, y no podía ocultar que le preocupaba que algo le pasara. A comparación de todas las últimas veces, en esta ocasión nunca la dejó, y estuvo al pendiente de ella toda la semana.

El teléfono del mayor comenzó a sonar, y al tomarlo, se puso de pie, para salir de la cocina y caminar hacia los grandes ventanales que tenía el penthouse. Había estado evitando recibir esa llamada, pero ya había pasado una semana desde que todo comenzó, y era hora de hablar las cosas como eran.

—Wilds… —se escuchó la voz de un hombre detrás de la línea.

—Señor… —respondió él a modo de saludo —. ¿A qué se debe su llamado?

—Sabes bien a qué he llamado. ¿Cómo está la chica? ¿Reaccionó bien?

—Quisiera decirle que sí, pero… no, no es así. La sustancia está más fuerte que las otras veces, tardó mucho en levantarse y todavía sigue mal. No está recuperada.

—Tal vez sea hora de traerla al laboratorio.

—¡No! Eso jamás. Todavía no es momento. Solo dame más tiempo.

—¡Ya no tenemos tiempo, señor Wilds! Si no se siente bien dentro de tres días tendrá que traerla. Es una orden.

—¿Y cómo quiere que lo haga? No será fácil convencerla de que vaya conmigo a un viaje cuando acabamos de llegar.

—¡No lo sé! Usted es su tutor, use eso a su conveniencia… ¿Cómo vamos con el otro muchacho? ¿Ya lo encontró? —cuestionó el desconocido.

—Ya veré que hago. Pero deme un tiempo. Quiero enseñarle unas cuantas cosas antes a la pequeña 237 —dijo Caleb como último, antes de proseguir con su última pregunta —. Y todo va marchando de acuerdo al plan. Lo he encontrado, pero todavía necesito acercarme a él, y le aseguro que no será fácil. Tiene un fuerte temperamento. Espero recibir una jugosa recompensa al final del día.

Una sonrisa juguetona se posó en los labios del ignoto, y asintió en completo silencio.

—Le aseguro que la tendrá, Caleb. Por supuesto que la tendrá. Mantenlo vigilado, y pon prioridad sobre la chica, recuerda que es la clave.

—Lo sé, señor. No se preocupe por eso. Pronto estaremos en el laboratorio todos juntos, solo deme algo de tiempo.

—Espero que no se acobarde y nos traicione, Wilds. ¿O es que en realidad ya le tomó cariño a esa joven…?

La respiración del ojiazul se hizo más pesada, pues no quería tocar ese tema de conversación. Llevaba tres años siendo el tutor legal de la menor, pero tenía más años de conocerla. Era inevitable el que le agarrara un gran cariño, que pasó de ser algo más “paternal”, a convertirse en un amor insano que sobrepasaba todos los límites de la moral. ¿Pero quién lo podía juzgar? Todos caerían con facilidad ante la belleza inigualable de Noah, ante su fortaleza física y mental, ante su inteligencia. Ella no era consciente de eso, pero podía tener a quien quisiera a sus pies. No se sentía orgulloso de haber desarrollado sentimientos erróneos hacia ella, pero se sentía bien al poder decir que había logrado cuidarla a su manera, y de que, aunque no pareciera, siempre había visto por ella hasta donde la situación le permitiera llegar.

—No sería capaz de traicionarlos. Al igual que ustedes, he trabajado gran parte de mi vida y de mi carrera en este proyecto, no voy a tirarlo a la basura por culpa de una niña —respondió un par de segundos después.

—Excelente. Porque de traicionarnos no solo lo haría al laboratorio, si no, a nuestra patria. Que tenga buen día, señor Wilds.

Sin darle tiempo de decir algo más, ese hombre colgó la llamada. Caleb verificó que el teléfono se había desconectado de la línea por completo, y dejando salir un golpe de coraje, lanzó su celular hacia el sillón, haciendo que este rebotara y cayera con fuerza en el suelo. Pasó sus manos con desesperación sobre su cabello. ¿En qué momento se había metido en todo esto? ¿Por qué? Amaba tanto a esa chica, que estaba comenzando a odiarla.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.