Proyecto Matthew

Capítulo IX

La música alta que había en el lugar podía percibirse con facilidad desde unas calles anteriores, y no era para menos. El sitio que estaban visitando era al aire libre, y había más de una bocina a todo volumen, haciendo que fuera más fácil que el sonido viajara a través del aire. Los seis chicos bajaron del vehículo de Peter, y al estar de pie en medio de todo el lugar, Noah pudo comprobar con facilidad que no había sido una buena idea salir con ellos esta noche. Había un fuerte olor a marihuana, al igual que había más de una persona drogándose con otro tipo de sustancias ilícitas en los Estados Unidos. Y pareció no ser la única que percibía de mala manera el lugar, pues al voltear a ver a Becca y a Daniela, ambas tenían la misma expresión de disgusto.

—¿Qué mierda es este lugar? —preguntó Becca, buscando con la mirada a su hermano, quien se encontraba detrás de ella.

—Carreras.

—No muy legales, por supuesto —soltó la más pequeña del grupo de mala gana —. ¿Saben cuál es la probabilidad de que las cosas salgan mal por venir a lugares así?

—Relájate, Noah… Tú no te preocupes, yo te cuido —respondió Flynn, acercándose a ella y pasando un brazo sobre sus hombros.

—Mi hermano va a matarme si descubre que vine a un lugar así —murmuró Danny con preocupación en la voz.

—Lo sabemos. Por eso no comentamos nada. Sabíamos que si él se enteraba te iba a encerrar en tu casa —intervino Jordan —. Pero no se preocupen, nada les va a suceder, vienen con nosotros. Solo observaremos la carrera y en cuanto termine nos iremos a cenar ¿De acuerdo?

A ellas no les quedó de otra más que aceptar. La incomodidad en sus rostros no era algo que las personas a su alrededor pudieran ignorar, pero al menos, sí había cierta curiosidad en una de las chicas por ver lo que iba a suceder. No le gustaba el lugar, eso ya estaba demás el decirlo, pero sí le llamaba la atención la carrera. Noah era una joven a quien de manera inevitable le gustaba el deporte del motor. Su tutor legal, Caleb, solía ver mucho las carreras de coches en la televisión, desde la NASCAR, hasta la Indycar y la glamurosa Fórmula Uno. Así que había aprendido al instante respecto al tema.

Nadie vio de dónde salieron los pilotos, pero de repente, se pudo escuchar el arranque de dos potenciales motores. Ambos se oyeron muy limpios y elegantes. El grupo de recién llegados, se movieron entre toda la multitud que se estaba juntando, y quedaron en una posición cercana a la línea de salida, justo en la primera fila. Se pudieron reconocer a un Bugatti Chiron Super Sport 300+, y a un Hennessey Venom GT. Tomando en cuenta únicamente la potencia del motor, se podía determinar con facilidad quién podría ser el ganador, sin embargo, en las carreras no dependía únicamente de eso, se necesitaba ver cuál de los pilotos era mejor, y con la máquina que manejaban, ahí estaba el campeón. Ambos vehículos se alinearon en el comienzo de la calle que los llevaba hasta la entrada del Golden Gate. Una mujer que se veía algo mayor, y con ropa algo minúscula, se posicionó entre ellos con un pañuelo en mano, para gritar y marcar el inicio de la carrera.

Las llantas del Hennessey rechinaron en el arranque, mientras que la salida del Bugatti fue en un tiempo perfecto, permitiendo así que éste tomara la delantera. Hicieron una vuelta en medio círculo, para salir a la carretera y subir la pequeña pendiente, llegando al gran puente de la ciudad. Todo el público gritaba para apoyar a su preferido, y otros hacían apuestas entre ellos mismos, poniendo toda su confianza en su corredor favorito. De lejos se podía notar como ambos coches que se encontraban compitiendo, iban rozando con los vehículos del resto de los ciudadanos, haciendo que estos reclamaran.

—Yo le apuesto al Bugatti —dijo Flynn, observando de lejos la carrera.

—Yo también —coincidió Peter —, pero de todas maneras no hay que confiarnos. El Hennessey también es un buen coche.

—No es solo el carro el que determina quién gana o no —inquirió Jordan —. ¿Acaso no vieron las curvas que tomó el Bugatti? Eso sí es tener un buen control al volante.

En un punto, la carrera se perdió de vista, pero eso no hacía que la gente dejara de animar. Un minuto después, se logró divisar a ambos vehículos venir de nuevo por el Golden Gate a toda velocidad. El corazón de los corredores latía con una fuerza brutal, dejándose llevar por la adrenalina y la velocidad con la que conducían. La recta del puente se estaba por terminar, ambos iban a una misma altura, la carrera estaba empatada, sin embargo, poco antes de salir, el Bugatti volvió a rugir, aumentando su potencia en el motor, y teniendo un alcance al que el Hennessey no logró llegar. Pisaron tierra firme, y tomaron la misma curva por la que habían salido, pero esta vez en contra, y dando un último gran giro, se determinó al ganador.

La multitud enloqueció cuando el Bugatti se detuvo en medio de todos, y detrás de él, el Hennessey. El perdedor bajó de su vehículo dando un portazo, y se dirigió hacia el vencedor, comenzando a darle unas cuantas patadas a los neumáticos.

—¡Hey, hey! ¡¿Qué te pasa?! ¡Ya cálmate! ¿Quieres? —dijo un muchacho, saliendo de entre la gente para detener al agresor.

—¡¿Cómo quieres que me calme?! ¡Acabo de perder miles de dólares! —respondió el susodicho, claramente enojado.

—Vámonos de aquí y no hagas más escándalo… —agregó su acompañante, tomándolo del hombro y haciéndolo caminar en dirección contraria del carro que le había ganado.




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