Marzo 29, 2021.
California, Estados Unidos.
La doctora Coleman había autorizado el día de ayer el alta de la señorita Silver del hospital, la menor se dejó el lugar acompañada por policías que la escoltaban a su edificio, y se quedarían ahí para hacer guardia y cuidar de que Caleb Wilds no entrara. Esperaba que después de todo esto, la chica continuara con bien, pero, a pesar de eso, había muchas cosas que le extrañaban en gran parte. Tenía demasiadas incógnitas sin resolver. Noah tenía ciertos particularismos que llamaban su atención, pues le recordaba a su hijo mayor en muchos aspectos, pero estos iban más allá de la personalidad, era algo físico, que venía en su genética. La tonalidad de la sangre era una de ellas. Sophia tenía dos hijos, un niño, y una niña, sin embargo, a pesar de eso, la sangre de ambos era distinta; la que portaba Daniela era común, roja, coagulación de una persona normal, índices que no señalan nada anormal, y por otro lado, Matthew la tenía oscura, un color particular que a veces costaba distinguir si era azul, negra, morado, o simplemente era un rojo intenso, además de que tenía una capacidad de cicatrización impresionante, era algo que ella como su madre, y doctora nunca había presenciado antes. En poco tiempo todas las heridas que se le hacían se le cerraban, y se curaban por completo en un par de días.
—¿En qué piensas, mami? —le preguntó Danny, al verla tan pensativa.
—En nada. Solo… me pregunto si tu amiga estará bien.
—Lo estará —aseguró la menor —. Físicamente se recuperó bien, y sé que su seguridad y su bienestar mental se estabilizarán en cuanto encuentren a su tutor. Por ahora, sabes que Matt se quedará con ella.
—Hija, pero ¿No hay algo en ella que te parezca extraño? —cuestionó la madre, apoyándose sobre la barra de la cocina con su taza de café.
—¿Extraño en qué sentido? —dijo la castaña frunciendo su ceño —¿Hay algo que no te gusta de ella?
—Oh, no, no. No me malinterpretes —agregó rápidamente la mayor —, solo no lo sé. Algo particular que la haga resaltar de los demás.
—Es una niña genio, se va a graduar de una carrera complicada con dieciocho años.
De una manera directa, sus palabras no respondían a lo que quería saber; pero si le daban un indicio que le ayudaría a confirmar las cosas. Tenía la idea de que ya había conocido antes a esa chica de ojos grises, y no solo por su historial médico o las noticias que salieron de ella hace unos años con el incendio, aquello que sentía era algo de mucho, pero mucho más tiempo.
—Debe de ser eso —finalizó, alzándose de hombros, ya que no podía hacer muchos comentarios respecto a sus pensamientos, pues estaría rompiendo con algo que le hicieron jurar —¿Manejas a la escuela o quieres que te lleve? —preguntó, desviando la conversación.
—No, está bien. Yo manejo —indicó la joven de lentes, acercándose a su madre para plantarle un beso en la mejilla, y prepararse para salir —. Nos vemos, mami.
Sin embargo, la señora Sophia Coleman no era la única que tenía cuestionamientos respecto a lo que sucedió durante todo el fin de semana. Flynn Wesley también estaba lleno de distintas interrogantes a las cuales les quería encontrar una respuesta. Su padre era el fiscal, así que no le costaba nada indagar en los casos que llegaban al escritorio del despacho de su papá, pero lo peor era cuando uno de esos archivos llevaba el nombre de Noah como título, e incluía en los textos el apellido Coleman. Sin embargo, además de eso, no pudo descubrir mucho, pues al tratarse de alguien cercano a él, su padre no le permitió meter mano por el código de ética y moral. Intentó armar el hilo de las cosas con lo que se enteraba, pero había cosas que para él no tenían sentido, y por más que le preguntara también a Danny sobre lo que sucedió, ella seguía fiel a la promesa que le había hecho a la pequeña Silver de no decir nada hasta que se sintiera lista.
En cuanto llegó a la universidad, se dedicó a buscar a la chica, no obstante, sus obligaciones y responsabilidades académicas interferían en sus deseos, ocasionando que aquello se convirtiera en algo lleno de impaciencia. Las horas pasaron, una a una, y se le hacía que el tiempo se hacía cada vez más lento para poder salir a los intervalos de clase, hasta que logró tener un pequeño receso, cosa que en lugar de usarlo para ir a comer, lo aprovechó para seguir con su propósito. Al encontrarla en medio de los jardines del campus, pudo sentirse afortunado, sin embargo, aquella poca esperanza que tenía se fue por la borda al darse cuenta de que estaba acompañada por Matthew. A ese sujeto lo respetaba por ser el hermano de una amiga suya, y de vez en cuando se entendían, pero él también tenía límites, y le molestaba que quisiera acaparar siempre la mirada de la castaña. Durante unos segundos, se obligó a sí mismo a mantener la compostura, y a tratar de ignorar la presencia del otro chico.
—Noah ¿Podemos hablar un segundo? Por favor —solicitó el rubio en cuanto estuvo frente a ellos —. A solas
La menor alzó la mirada al escuchar la voz de su amigo. Se sintió algo extrañada ante aquella petición, pero al ver cierta urgencia en su mirada, no dudó ni un segundo en aceptar.
—Claro ¿Qué sucede? —preguntó, poniéndose de pie.
Los dos se alejaron un par de metros, dejando a Matt solo, esperando a que la menor regresara.