La señora jueza cerró la sesión, y se puso de pie para ir a descansar a su oficina. Por otro lado, tanto el público, como el jurado imitó su acción, saliendo de la sala de la corte para estirar las piernas y despejar la mente. Eso servía de vez en cuando, permitía tener más claridad y en orden los pensamientos. Wesley dejó salir un suspiro pesado, y se puso de pie para irse por un café. Por otro lado, su hijo, Flynn, se tomó la libertad de acercarse al frente, donde se encontraba la protagonista de este caso. Noah, al sentir su presencia, giró sobre su propio asiento, observándolo con cierta molestia.
—¿Por qué los trajiste? —cuestionó la chica, refiriéndose al resto de sus amistades.
—Porque son tus amigos también, son gente que te quiere y que te apoya.
—Lo sé. Pero hay cosas que hubiese preferido contarles por mí misma y no a través de un juicio. Te acepté a ti porque has estado al pendiente del caso, y eso es algo que agradezco muchísimo, pero había un par de cosas que ninguno sabía, hasta ahora.
—Perdóname ¿De acuerdo? Creí que también sería bueno que tuvieras un poco de apoyo moral…
El rubio no comprendía siempre la necesidad de Noah de querer ocultar las cosas, es decir, sabía que estaba en todo su derecho, era su privacidad, pero al ella no quererles mostrar lo que sucedía, le hacía creer que en realidad estaba todo peor, o que no les tenía suficiente confianza todavía, algo que le dolería muchísimo de confirmar si es verdad. El chico observó a Matthew detrás de ella, y poco después, simplemente se volvió a alejar, para ir con el resto de sus amistades. El hombre restante, por su parte, tomó la mano de la menor, haciendo que, por consiguiente, ésta lo volteara a ver.
—Hey… —le llamó por lo bajo —, sabes que no lo hace con mala intención.
—Se que no es así, pero él lo sabía, y me hubiese gustado que respetara mi decisión —respondió en un murmuro —. Ahora vuelvo, iré al baño.
Se puso de pie, y le regaló una pequeña sonrisa a su acompañante, para soltar su mano y salir de la sala de juicio. En cuanto puso un pie fuera del lugar, cientos de camarógrafos de diversos periódicos y noticieros comenzaron a intentar tomarle fotografías, al igual que hablar con ella, no obstante, la policía se encargó de mantener a todos en línea durante los pocos segundos en lo que pasaba al otro lado del juzgado, donde no había nadie. Se introdujo en el sanitario, éste de milagro se encontraba vacío. En realidad, no iba a hacer sus necesidades, iba a despejarse. Terminó parada frente al espejo, y abrió la llave del agua. Remojó sus manos, e intentó refrescar su rostro y pasó sus dedos húmedos por sus párpados, para relajar la tensión que sentía en los ojos.
Un par de segundos después, observó su reflejo. El cansancio era notorio en su mirada. Las personas siempre tienen un límite, y ella ya había llegado al suyo. Había sido capaz de soportar por tres años todas las torturas de Caleb, sin tener realmente opción de a dónde ir, pero finalmente, las cosas estaban por terminar. Ya no habría más dolor, ni manipulación, ni temor. Cerró el grifo, y se alisó su vestido antes de volver a salir. El pasillo se encontraba completamente vacío. El jurado estaba en su sala de descanso, el resto del público se encontraba en el frente de la locación, y sentía ser la única presente en esos momentos, sin embargo, no era así. Hubo un instante en el que comenzó a sentirse observada, percibiendo como unos pasos silenciosos intentaban seguirla. El detenerse no era una buena idea, y ella lo sabía, en ese tipo de casos lo mejor era continuar caminando, sin perder impulso en la trayectoria.
No obstante, a pesar de su plan, todo había sido en vano. De la nada, sintió como unas fuertes y ásperas manos la tomaban, para arremeterla contra la pared. Su espalda impactó con fuerza, y tensionó su cuello para evitar que su cabeza rebotara contra la pared.
—¡¿Qué te pasa?! —cuestionó por lo alto, al notar que era el engendro de Wilds quien la acechaba.
—No olvides quién eres y quién soy yo, andrajosa… —susurró —. No vas a ganar ¿Me oíste? En. Tu. Vida —amenazó, puntualizando en cada última palabra.
—¿Qué pretendes, Caleb? Este juicio no lo ganarás por más que jures y perjures que tu no has hecho nada durante éstos últimos años. Las pruebas las tienes tú, y el jurado frente a los ojos. El derecho se trata de hechos.
Aquel comentario pareció enojar al susodicho. Apretó el agarre de la chica, y posó una de sus grandes manos sobre su cuello, asfixiándola.
—El juicio de ahora no debería preocuparte tanto. Deberías de estar más al pendiente de ese muchacho metiche que te está esperando.
Noah intentó contener el mayor oxígeno posible, y al principio pareció no tener problema, hasta un par de minutos después. Sintió pánico con sus palabras. No podía dejar que él le hiciera daño a otra persona, menos a alguien como Matthew. Una parte de ella quería confiar en que Coleman lograría vencer a Wilds ante cualquier circunstancia, pero un arma siempre iba a contrarrestar una fuerza física. No te serviría de nada ser fuerte y hábil si un arma puede herirte desde la distancia.
—¿Por qué haces todo esto? No hay nada que pueda aportar.
—Porque te quiero a ti.
Su obsesión por ella iba más allá de lo que muchos podían imaginar. Se había enamorado de una persona que creyó que jamás podría poseer, y de una mente demasiado valiosa para ser normal.