Proyecto Matthew

Capítulo XVIII

Abril 10, 2021.

Nevada, Estados Unidos.

Tenía tanto tiempo sin tener la sensación de que la vida se le había ido, de que la poca vitalidad que le quedaba tendía de un fino hilo que podía romperse en cualquier momento. Hacía frío. Su cuerpo temblaba bajo un sentimiento de vacío. Era como si tuviera dos bloques de acero colgando de sus ojos, y que no le permitían abrirlos para poder distinguir el lugar en el que se encontraba. Éstos le lagrimearon un poco, y no ante la desesperación que presentaba, era más una reacción física de su organismo para ayudarle a abrir la mirada. Había una iluminación muy tenue que parpadeaba, era casi nula, ya que apenas y podía distinguir el resto de su cuerpo. Su respiración era lenta, pero ésta, junto con sus latidos, recobraron acción junto a su consciencia. Sus sentidos se reactivaron por completo. Logró distinguir que se encontraba sentada en una silla un tanto extraña, ya que esta le servía para recargarse, pero era pequeña, se ajustaba a las medidas de su anatomía.

Una luz de repente la volvió a cegar de manera momentánea, pues algo frente a ella se había encendido. Era un televisor antiguo, de esos que se utilizaban en los años de los setentas o los ochentas, no podía reconocerlo con exactitud. La imagen de un hombre un tanto joven apareció en la pantalla, vestía de traje, era un sujeto muy pulcro, y había comenzado a hablar:

—Bienvenida a LS Labs. Soy el doctor Savaris, jefe de operaciones y fundador de la compañía. Antes que nada, gracias por ser parte del futuro de la ciencia. Mi trabajo, aunque es controversial, no puede ser juzgado por los estándares de la sociedad contemporánea; su naturaleza trasciende a sí misma. Mi trabajo cambiará fundamentalmente a la humanidad, tienes suerte de ser parte de esto. Y aunque es posible que no aprecies su gravedad ahora, y puede que a alguien le resulten incómodos los experimentos, los beneficios de mis experimentos, serán sentidos por la humanidad en los siglos por venir.

Al mismo tiempo en el que se apagaba la televisión, se encendió un gran foco encima suyo, provocando una molestia visual ante tanta intensidad. Poco a poco, se fue adaptando, y en cuanto pudo observar a su alrededor, pudo ver que se encontraba en una habitación blanca, con una enorme pared de cristal. Al otro lado del vidrio, se encontraba todo un grupo de doctores y científicos contemplando la reacción de la fémina. Bajó la mirada a su cuerpo. Había sido despojada de la vestimenta que había usado el día del juicio, para portar un traje blanco completo, de mangas largas y talle hasta los talones. Se encontraba conectada a una intravenosa, de la cual caían gotas cada dos segundos, que se introducían en su torrente sanguíneo, y pudo distinguir en sus manos un número tatuado.

2-3-7.

¿Qué significaba eso?

Sintió pánico por unos segundos, e intentó borrar aquel escrito de su piel, sin embargo, era imposible.

—¿Qué es todo esto? —se cuestionó en un susurro.

Hizo todo lo posible para ponerse de pie, no obstante, no logró hacer mucho. Sus manos se aferraron al borde del asiento, puesto que su cabeza comenzó a dar vueltas, había sido invadida por un pequeño mareo. El sonido de una puerta corrediza abriéndose, la hizo girarse. Se encontró con un hombre mayor, quien la miraba con una expresión difícil de asimilar. Era una mezcla de alegría, de seriedad, de admiración, de impacto.

—Bienvenida a LS Labs, Noah. Estamos en el Área 51… —informó el sujeto de manera amable —. Yo soy Thomas Hamlet, jefe de investigaciones en el laboratorio. Lamento que nos hayamos tenido que conocer de esta manera, pero me alegra finalmente haberte encontrado.

—¿Por qué? —preguntó ella por lo bajo.

—Porque eres alguien muy especial. Tienes una mente brillante que no cualquier persona puede poseer, y fuiste elegida desde pequeña para un trabajo que puede cambiar el rumbo del desarrollo humano. Te necesitamos.

“El rumbo del desarrollo humano”

Estas palabras hicieron eco en su cabeza un par de veces, puesto que uno de sus objetivos de vida, de estudio, era eso, encontrar la manera de desarrollar al humano, para sacar su máximo potencial. Era demasiada coincidencia que ellos buscaran hacer lo mismo.

—Y supongo que yo soy el experimento…

Un gran silencio inundó la sala. Había dado en el blanco. Por el lugar en el que estaba, la posición, el video que recién había visto, y las palabras del señor Hamlet, no le había sido complicado darse cuenta de que ella era el experimento, el desarrollo del ser humano estaba ocurriendo en ella.

—Sí, así es… —asintió el hombre mayor. Caminó hacia la fémina con lentitud, hasta que, al estar frente a ella, le ofreció su mano, para que esta la tomara y ayudarla de esa manera a levantarse. Lo miró directamente a los ojos, en ellos, también se encontraba el mismo color grisáceo que tenía ella poseía. Después de un par de segundos de dudar en si aceptar o no, lo terminó por hacer, usándolo como un apoyo para ponerse de pie —. Ven conmigo, te presentaré al resto del equipo.

Tomó el tripié que sostenía el suero especial al que Noah estaba conectada, y lo comenzó a hacer caminar, a la par que ellos avanzaban para ir fuera de la habitación. Todo era blanco, era una distinción muy impresionante. La tecnología, el modernismo, y el minimalismo eran las palabras perfectas para poder describir a esa zona del laboratorio del Área 51. Llegaron después a lo que era el centro de investigación, de donde se daba una vista perfecta hacia la habitación en la cual la menor se encontraba anteriormente. Las computadoras se reflejaban en hologramas, y no había la necesidad de usar controles para manipularlos, pues todo era mediante un sensor que detectaba el movimiento humano sobre las imágenes.




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