Los pasillos del área se habían movilizado demasiado. Los doctores e investigadores procedieron a refugiarse, mientras era el ejército el que se preparaba para afrontar toda la acción. Noah por su parte, fue llevada hacia un elevador por Marcus. Bajaron lentamente, y sintió cómo su sangre corría con intensidad por sus venas, y se sentía capaz de escuchar cada latido que daba su corazón. Era demasiada la protección que había en el lugar, y no era para menos. En cuanto llegaron al piso subterráneo que les correspondía, el siguiente hombre al mando se fue directo hacia las computadoras, para activar la visión de las cámaras de seguridad internas y externas del laboratorio. En silencio, ambos observaron todo. Eran muchos vehículos pesados y blindados los que habían penetrado la barrera de seguridad del Área 51, algo que era muy difícil de creer.
—No puedo creerlo… —murmuró el mayor.
—Que buen sistema de seguridad tienen —soltó la chica de manera irónica.
—El problema no es el sistema. Si fuera cualquier desconocido el que quisiera ingresar, fracasaría antes de poder intentarlo. El que está haciendo esto es alguien que nos conoce, y sabe la sistematización que tenemos. Nos están afectando desde adentro.
En las pantallas se veía como comenzaban a bajar a las personas de las camionetas, y la mayoría de ellos, no se bajaba para rendirse, sino que lo hacían para pelear. Se generó una pequeña zona de guerra de balas, en las que más de uno salió herido. La menor de la familia Silver había percibido este tipo de actos en películas y series policiacas, pero era distinto saber que ese enfrentamiento armado estaba ocurriendo encima suyo. Una a una las personas lograron ser sometidas, pero, aunque Marcus intentara hacer reconocimiento facial a todos ellos, era imposible, ya que portaban unas mascarillas que les cubría más de la mitad del rostro. Todos, al igual, llevaban chalecos antibalas, que evitaba que los hirieran a muerte.
Un grupo de intrusos logró acercarse a la entrada del laboratorio, y sin comprender cómo, abrieron la primera entrada. De inmediato dispararon hacia los guardias que ya se encontraban como barrera, terminando con la vida de al menos uno de ellos. No obstante, esa pequeña victoria que tuvieron no duró mucho, porque otro grupo de soldados los atacó por detrás, ocasionando la caída de varios de ellos. Uno de esos hombres que habían allanado el laboratorio, fue el reaccionó con más fuerza de todos. Era un hombre letal físicamente, y con un arma en mano se había vuelto imparable. Disparó sin cansancio hasta ir dando de baja a cada soldado que se atravesaba en su camino. Tenía una misión fija, y no iba a detenerse hasta cumplirla. Los militares buscaban la manera de rodearlo y disparar a matar, pero ninguno en realidad era lo suficientemente valiente como para correr el riesgo de encararlo y disparar. Necesitaban una estrategia para distraerlo y atacar cuando menos se lo esperaba. De entre sus ropas negras, una pesada cadena de plata resaltó del cuello de aquel enigmático sujeto, pero para Noah, quien observaba todo con especial atención, no le fue complicado identificar a quién le pertenecía, ya que se había aprendido de memoria y de pies a cabeza todo lo que caracterizaba a esa persona en específico.
—Es Matt… —susurró incrédula, volviendo a su realidad —. No puede ser, es Matt —soltó más alto.
—Es el chico con el que estabas…
—Que no le hagan nada, por favor —suplicó, volteándolo a ver.
—Es él… —repitió el sujeto, ignorando por completo las palabras de la fémina.
¿Sería esto posible? Era una gran coincidencia la que estaban viviendo, y muchos de sus planes, de igual manera, se estaban precipitando.
La menor observó con demasiada atención la imagen, grabando en su memoria a la perfección el lugar en el que Matthew Coleman se encontraba. Tenía que ayudarlo, así como él hizo todo esto con tal de recuperarla. Se alejó lentamente del lado de Marcus, y sin nada en sus manos, se fue hacia el elevador, para poder regresar a las plantas principales. Quien lo acompañaba se dio cuenta de eso un par de segundos después. Fue tras de ella a pasos presurosos, pero no la alcanzó a detener, ya que las puertas del ascensor se habían cerrado.
—¡Noah! ¡Regresa! —ordenó el hombre en vano —. Alerta a todos. El experimento 237 está subiendo a la planta principal. Deténganla ahora. Repito. El experimento 237 está subiendo a la planta principal. Deténganla ahora —avisó por su radio.
Ya todos conocían el nombre y la apariencia de la chica, o al menos eso se suponía. No había manera en la que le hicieran daño, ya que la orden solamente era detenerla, para regresarla al refugio, pero si había algún despistado que no la reconociera, ahí corría un grave peligro. Ella era consciente de eso. Sabía que era importante para el Área 51, y que si la dañan estarían cometiendo el peor error de sus vidas, pero también sabía que siempre existen despistados.
Rogando en su mente que no sucediera nada, salió del elevador y corrió hacia los pasillos. Le costaba reconocer el lugar, no sabía bien a dónde ir, pues no había tenido la oportunidad de recorrerlo, así que no tuvo opción, y se dejó llevar por sus instintos. Corrió hacia la izquierda, una y otra vez, dejándose guiar por los pasos de la gente, pero procurando no ser vista para no ser detenida. Llegó a unas escaleras, y arriesgando toda su condición física, empezó a subirlas con rapidez, hasta que logró ver una diminuta ventana que le mostraba un poco del exterior. Supo que se encontraba en la planta baja de la edificación, y las voces que se escuchaban de los militares se comenzaron a hacer más fuertes. No quería exponerse a que la detuvieran, pero no podía dejar que dañaran a Matthew.