Proyecto Matthew

Capítulo XXI

Abril 12, 2021.

Nevada, Estados Unidos.

Las horas fueron pasando, y la espera parecía ser interminable. Su mente se había encerrado en un pesado círculo vicioso, en el cual, no dejaba de pensar en las mismas cosas. Era una locura todo lo que estaba sucediendo, una parte de él creía que estaba viviendo en un sueño, o una ilusión. Todo le parecía un juego mental. Lo que le decían, lo que le hicieron a Noah, los comentarios de Caleb. Se sentía ajeno a su alrededor, y no sentía miedo, pero esperaba salir de ahí lo más pronto posible, quería regresar con su hermana, con su mamá, con sus amigos, puesto que sí temía tener que dejarlos a todos ellos atrás.

El suave sonido de los monitores conectados a la chica era lo único que se escuchaba en la habitación rodeada de cosas blancas y cristal. No se había querido mover del mismo lugar desde que llegó, así en parte cumplía con la palabra que le había prometido a Caleb de no dejar que le introdujeran a Noah algo más a su organismo. Sabía que ella necesitaba descansar, pero también anhelaba que la joven despertara para corroborar que estuviera bien, y ver qué seguía de hacer, para intentar liberarlos de aquí. A través del vidrio, vio la imagen del tutor legal de la menor, caminando de manera presurosa hacia ellos. Volteó a verla, y frunció durante unos segundos el ceño, antes de ponerse de pie y acercarse al cristal para hablar con el sujeto.

—Wilds… —habló él en cuanto lo tuvo enfrente.

—Ya está todo listo. O bueno, casi listo. Necesito que te prepares.

—¿Qué? —cuestionó confundido.

—No puedo decírtelo aquí, pero necesito que estés listo para la acción en cualquier momento. Pero necesitamos movernos ya, si puedes, ve haciendo que Noah se despierte.

—¿Y cómo hago eso?

—Háblale. Eso tarda un poco, pero al menos antes solía funcionar.

Tuvo que hacerle caso, además, de que no perdía nada con intentar hacer eso. Caleb se alejó para darles su espacio, mientras Matthew volvía a acercarse a la cama en la que reposaba la fémina. Volvió a tomar asiento sobre el colchón, manteniéndose en la orilla para no estorbarle a la menor. Tomó su mano otra vez, y comenzó dándole unos cuantos toques para que fuera sintiendo cosas físicas a su alrededor.

—Noah… —la llamó por lo bajo —. Linda, sé que necesitas descansar, pero necesito ver tus ojos. Así sabré si estás bien. No me voy a ir de aquí…

La voz del chico se escuchaba de manera lejana en la mente de la castaña, pero sabía que estaba ahí con ella, porque podía oírlo, y también sentirlo. Su cuerpo se frustraba porque quería reaccionar, pero sentía una gran pesadez sobre ella que no le permitía responder como ella deseaba. Se sentía desesperada. Detestaba esa sensación, y quería que pasara lo más pronto posible.

—Ya… Ya no quiero esto… Por favor… —susurró moribunda la chica, volviendo poco a poco en sí.

Su vista se había tornado nublada, y no distinguía nada de lo que había a su alrededor, solo su sentido del tacto le permitía saber más o menos dónde se encontraba ubicada, y quién era la persona que la acompañaba. El chico apretó suavemente su mano, dejando una suave caricia sobre sus nudillos para qué, de esa manera, fuera aún más consciente de que era él quien estaba a su lado.

—¿Ya no quieres qué…? —cuestionó él por lo bajo.

—¿Por qué no me dijeron que se sentía tan horrible? Es decir, sabía que no sería indoloro el proceso, pero después de eso… Superó los límites que tenía.

—Podemos detener esto. Te lo aseguro. Sabes que, si no quieres continuar, no será así —murmuró Matthew sin dejar de verla.

Por encima del laboratorio, se encontraba la oficina principal de Hamlet, quien, a través de sus cámaras, había presenciado aquella corta conversación que tuvo su hija con Coleman, algo que no le gustó del todo, pero que esperaba escuchar de todas maneras. Necesitaba que Noah estuviera loca para poder pensar que había sido algo “genial”, lo que sintió durante la inyección y el proceso de recuperación, pero no era así. Ella no era una máquina, seguía siendo humana, y tenía sentimientos, sentía dolor. Apagó el audio del video, y giró con lentitud sobre su propia silla. Tenía que pensar en algo, no podía dejar que la chica se echara atrás en este proyecto. Ella había implementado sus propios términos y condiciones para poder continuar, pero, ¿quién le aseguraría de que estos se seguirán? Nadie. Él era la autoridad en el lugar, y podía tomar lo que quisiera a la fuerza, aunque eso significaba parecer que manipuló y engañó a la persona más inteligente del mundo a su conveniencia. Esto era una guerra de moral.

Su sistema de seguridad informó a través de una pequeña luz que había alguien queriendo ingresar a la habitación, y al ver por la cámara de quién se trataba, no dudó en permitirle el acceso. Su mano derecha en todo el Área 51 se abrió paso en la fría oficina, y Thomas se puso de pie para recibirlo.

—Marcus…

—Hola, Thomas. Oye, necesito hablar contigo —saludó a su amigo.

—Claro, toma asiento… —invitó el anfitrión —¿Qué pasa?

El recién llegado se lo pensó un poco, pero terminó accediendo. No planeaba tardar demasiado, tenía muchas cosas que hacer, y qué planear, pero era importante decirle a Thomas lo que estaba por suceder.




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