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an pronto como Matthew había aceptado la propuesta de Thomas, habían dado la orden de prepararlo para comenzar a experimentar con él, aun, y cuando no habían ni terminado de trabajar con Noah. A él también le hicieron cambiarse, sin siquiera darle la oportunidad de ir a darle aviso a Caleb sobre lo que estaba a punto de ocurrir. Tenía muchas dudas respecto a lo que estaba a punto de suceder, si tenía cierto temor de que las cosas no salieran bien y muriera en el proceso, pero ya no había vuelta atrás. Además de que le había hecho una promesa a su chica, y se la iba a cumplir. Tocaron a su puerta, pero solo para anunciar que alguien iba a entrar. No se volteó para ver a la persona que estaba detrás de él, no era alguien que le importara en realidad, solo era uno de los tantos doctores que trabajaban para Hamlet.
—¿Está listo, señor Coleman? —cuestionó el sujeto.
El chico no contestó. Simplemente giró sobre su propio eje, para verlo por unos segundos y pasar por su lado para salir a la sala en la que estaban preparando las primeras cosas con las cuales lo ingresarían. Con él, al tratarse de una situación más física y no tanto mental, tenían que preparar otro tipo de cosas como medias de seguridad para poder controlar cualquier situación que se llegue a presentar, eso iba desde calmantes, hasta ataduras de metal que intentarían resistir en caso de que sea necesario su uso. Thomas se encontraba ahí afuera, observando todo. Lo hicieron acostarse en una camilla, y comenzaron a conectarle ciertas cosas para que su cuerpo se pusiera de modo para recibir el impacto del tratamiento. Le pusieron sensores, intravenosas, y unos conectores cerca del corazón. En cuanto estuvo listo, lo sacaron de ahí, para llevarlo hacia el laboratorio principal donde aún se encontraban tratando con Noah.
La joven por su parte, en un punto de la fase había optado por cerrar los ojos, en un frágil intento de controlar su sufrimiento. Sus manos se habían aferrado al borde de la cama en la que se encontraba semi-sentada, pero nada de eso era suficiente para ella. Se abstuvo de gritar por unos segundos, y volvió a abrir los ojos, pero para su mala fortuna, el escenario que se presentó frente a ella no era el que más quisiera contemplar.
—¡¿Qué están haciendo?! —preguntó en casi un grito.
Se bajó de la cama, y aun sin haber concluido por completo su procedimiento, se encaminó hasta el cristal que los separaba, desesperada al darse cuenta de que a Matthew lo estaban introduciendo en una de las salas de al lado. Pegó un golpe no muy fuerte al vidrio, causando que las alarmas del laboratorio se encendieran. La luz pasó de ser blanca, a ser roja, mientras un estruendoso ruido inundaba los oídos de todos. La chica sintió un pinchazo fuerte en la cabeza, y la jeringa que tenía en el cuello se cayó, provocando que un fino hilo de sangre cayera de el. Un par de hombres más se vieron forzados a ingresar al cuarto de Noah, para tomarla por los brazos, alejándola del cristal para llevarla de regreso a su cama, pero se resistió.
—¡Noah! —llamó Coleman, ante la voz de la chica al otro lado del vidrio.
—¡Esperen! ¡Suéltenme! ¡¿Qué le van a hacer?!
Ante la histeria de la chica, los médicos no tuvieron más opción más que tranquilizarla, inyectándole sin siquiera avisar una sustancia que la haría quedar inconsciente de manera instantánea, facilitando el trabajo a los hombres. Al ver lo que los sujetos que estaban con la menor hacían, Matthew se levantó también de la cama, queriendo salir de ahí para ayudarla.
—¡¿Qué hacen?! ¡Suéltenla! ¡¿Qué le pusieron?!
Tumbó a un par de doctores que se encontraban a su alrededor, y caminó hacia la salida de su sala, pero se encontró a un militar con un arma apuntando en su dirección que le impidió el paso. Aquel soldado sólo tenía la misión de intentar intimidarlo, no podía lastimarlo realmente. Sin detenerse, Matt también le quitó su arma y lo empujó lejos de su camino, pero alguien lo atacó por la espalda. Sintió un fuerte pinchazo en el cuello, y tan pronto como el líquido de aquella jeringa terminó de ingresar en su torrente sanguíneo, se desplomó.
A la par, Caleb solo pudo observar lo que sucedía a su alrededor, sin saber a qué lado ir a socorrer primero. No podía intervenir en el procedimiento de Noah, pero no podía dejar que le pusieran sustancias desconocidas; al igual que tenía que encontrar la manera de ayudar a Coleman y evitar que a él también lo encerraran en una de esas salas. Intentó dialogar con los doctores, pero ninguno lo escuchaba.
—¡¿Qué están haciendo?! ¡¿Por qué se llevan a Matthew?! ¡¿Qué le pusieron a Noah?! —Cuestionó lo más alto que pudo.
Un grupo de guardias se acercaron a él, y sin darle explicaciones lo tomaron por los brazos para llevárselo de ahí. Intentó zafarse un par de veces, pero le ganaban en cantidad, lo que le hizo imposible ganar esa pelea. Quería quedarse ahí, quería ver que le hacían a ambos chicos, pero todo lo que hacía parecía ser en vano. Fue llevado por los pasillos del laboratorio hasta sacarlo de aquel recóndito lugar, para llevarlo a uno peor. Quienes lo custodiaban abrieron una puerta metálica, y empujaron al hombre dentro, para encerrarlo hasta que llegara alguien de un rango más alto a tomar una decisión sobre lo que se hacía con él. Las cosas se habían puesto mal, y tenían que poner todo en orden antes de intentar continuar con las actividades “cotidianas” que hacían ahí dentro. Sin embargo, la desesperación de Caleb por saber lo que sucedía era mayor.