Proyecto Matthew

Capítulo XXV

El viaje no fue tan tardado como muchas personas esperaban. Al estar libre el desierto, sin tránsito, unos veinte minutos de camino fue suficiente para que se estuvieran deteniendo en las segundas instalaciones de LS Labs, donde se encontraba el otro líder de este proyecto, Adeus Beaumont. La seguridad que manejaban hasta parecía ser mayor a la que tenían en la zona en la que trabajaba Hamlet, ya que, desde lejos, habían levantado barreras de hombres armados, listos para proteger tanto a los miembros originales del plantel, como a las dos estrellas del Proyecto Matthew. En cuanto bajaron, pudieron distinguir como por el interior del edificio, venía caminando un hombre un tanto excéntrico, quien portaba una elegante gabardina de piel de jabalí que resaltaba su cabello blanco por las canas y su piel caucásica, junto a unos lentes oscuros. Las puertas de cristal se abrieron ante su presencia, haciendo más dramática su entrada con el efecto del aire golpeándolo.

—¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos! —saludó con una gran sonrisa al ver finalmente a Matthew y a Noah en persona después de tantos años —. Es un gran gusto conocerlos en persona, o bueno, volverlos a ver a todos, más bien —agregó, dejando salir una pequeña risa, y acercando su mano a cada uno de ellos para irlas estrechando —. El legendario Matthew Darren Coleman… —mencionó en cuanto estuvo frente al chico —, te pareces mucho a tu padre. Él fue un gran, gran hombre. Es una lástima lo que pasó con su desaparición.

El joven sintió cierta incomodidad al escucharlo decir eso, ya que, para él, su padre no había sido un buen hombre. Lo había ofrecido como rata de laboratorio para que experimentaran con él cuando era niño, aunque eso no lo recuerda, y la última imagen que tiene de él es dejando su hogar con maletas en la mano, con su madre en lágrimas, yéndose sin siquiera decirles a él y a su hermana Daniela un simple “Adiós”.

—Él fue todo, menos un buen hombre —soltó el castaño con sinceridad, desde todo lo que él sabía.

—El doctor Coleman fue una persona sumamente inteligente, entregada, amable, era de aquellos pocos científicos que valían la pena, pero su vida cambió mucho después de lo de usted…

Había muchas cosas que a Matthew todavía le costaba aceptar, entre ellas, la realidad de quién era su padre, y lo que realmente había ocurrido con él. Toda su vida había tenido la certeza de que él era un psiquiatra, y de que había abandonado su hogar por tener alguna amante, o por otro tipo de conflictos matrimoniales con su madre, pero ahora resulta que él no había sido ningún psiquiatra, si no, un científico del Área 51, y ahora estaba seguro de que no había abandonado a su familia por alguna otra relación amorosa, si no, por su trabajo. Era por eso por lo que su madre usaba el apellido de su padre todavía, nunca se habían divorciado. Sin embargo, eso no dejaba de lado el que lo había ofrecido para que experimentaran con él, y dejaba de lado cualquier supuesta buena moral que tuviera.

—¿En serio? No me digas… —contestó con un poco de sarcasmo.

—Yo conocí a tu padre, Coleman —habló Caleb —. Y sí lo fue. Puede que por ahora no lo comprendas, pero a cualquiera le perjudica el que lo obligaran a entregar a su hijo para que lo utilicen como experimento.

—¿Qué? —cuestionó extrañado, cayendo en cuenta de unas cuantas cosas con lo que el sujeto le había dicho —¿Obligarlo? Me dijeron que él me había ofrecido para esto.

Adeus negó con lentitud.

—Matthew, tu padre fue obligado por los Savaris a hacerlo. El único que ofreció de manera voluntaria a su hija para esto, fue Hamlet —aclaró el mayor, volteando a ver a la chica —. Y lo lamento por eso, por cierto. Intentamos protegerte de esto desde lejos durante años, pero no todo dura para siempre —aclaró hacia la chica.

—No se preocupe, ya me acostumbré —contestó Noah, casi indiferente, puesto que, en realidad, no había mucho que decir.

—Vengan, acompáñenme adentro. La noche cada vez se pone más fresca.

Ambos jóvenes se voltearon a ver el uno al otro, estaban dando pasos gigantes que podrían cambiar el rumbo de la historia que estaban viviendo, porque eso es lo que era. La historia de Matthew y Noah, su vida, dependía de un fino hilo que podría cambiarse o romperse de manera drástica dependiendo de dónde era donde pisaran, y eso era algo que ambos sabían a la perfección. De todas formas, se suponía que ellos tenían las posibilidades de salir de ahí con el plan que había preparado Marcus para su escape, pero ya habían tomado la decisión de quedarse con Adeus y con Caleb, ahora solo quedaba esperar a que no se arrepintieran de haberlo hecho. Se quedarían, y ya ahí, conforme se vayan desarrollando las cosas, verían cómo iban a proceder después de eso.

Matthew le ofreció su mano a Noah, y ella aceptó para comenzar a caminar junto a él detrás de Beaumont, e introducirse en el gran y sofisticado edificio. Las cosas eran muy distintas a como lucían en el edificio que le pertenecía a Thomas Hamlet. Todo a su alrededor era más cálido, no había luces blancas, ni paredes vacías. Estaban rodeados por cálidas luces amarillas, alfombras de terciopelo, y pinturas invaluables; y eso era más que suficiente para darse cuenta de la dualidad entre los dos líderes. Hamlet era una persona más fría, calculadora, alguien puro en la ciencia, cumplía con el estereotipo de científico federal que dedicaba su vida entera a eso, contrario a Adeus, que se veía como una persona más dinámica, cualquier persona que no lo conociera no pensaría que él también se dedicaba al estudio de la ciencia que va más allá de lo que la mente humana promedio puede imaginar.




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