Proyecto Matthew

Capítulo XXVI

Las estrellas y una luna gibosa creciente habían tomado posesión del cielo, siendo lo único que iluminaba el andar de aquel trío en medio del desierto de Nevada. No sabían con exactitud cómo habían terminado las cosas en el lugar que habían dejado, pero ellos, sin importar qué, habían emprendido su camino de regreso a su lugar de partida original. Desconocían en realidad cuántos kilómetros llevaban caminando, y cuántos les faltaban, pero hasta el momento, el camino parecía ser interminable. El aire estaba frío, y al menos Caleb y Noah ya se estaban comenzando a agotar, contrario a Matthew, quien parecía que su energía nunca se terminaría.

La menor sentía la tierra bajo sus pies descalzos. Al haberse quitado los zapatos para poder correr, se había quedado sin nada que calzar, una pequeña situación que ya le estaba causando problemas, ya que sentía como pequeñas piedras se enterraban en la suela de sus pies, haciéndole unas diminutas cortadas, que seguían provocando molestia con cada paso que daba.

—No entiendo qué es lo que estamos haciendo. ¿Por qué diablos vamos a regresar a ese lugar? Tuvimos la oportunidad perfecta para escapar y ahora estamos justo por donde empezamos —exclamó Matthew, lleno de frustración. Pero no era solo el hecho de que estaban regresando lo que lo mantenía molesto, había algo más que había notado hace un rato atrás, y que lo mantenía en descontento.

—No… —soltó por lo bajo la chica, viendo el suelo bajo sus pies —. Sé que eso es lo que parece, pero no es así.

—¿Ah no? ¿Y entonces? Vamos de regreso a la boca del lobo, con Caleb, y no sabemos cuándo podremos volver a salir de ahí. Si no estamos regresando al principio ¿entonces en dónde estamos?

—Estamos avanzando, aunque no lo creas. Tengo un plan, los diarios tienen información que ellos necesitan, y nosotros también.

—Creí que lo importante era escapar de todos ellos. Nos están sembrando miedo con eso que dijo Adeus. Nada de eso es verdad, suena ilógico, y me sorprende que tú no lo veas.

—Pues por algo será, ¿no crees? Matthew, inspiraron tu proyecto en el proyecto Abigail, y todo eso que ellos mencionan, le pasó a ella en su tiempo. No hay mucha certeza de que eso suceda igual con nosotros, por todos los avances en la tecnología, sus estudios, ellos vieron las partes en las que fallaron en el primer intento, pero la probabilidad de un desastre con nosotros, sigue siendo alta. Lo descubriremos en el proceso. Pero, por mientras, tenemos que hablar con Hamlet e ir a buscar esos diarios.

—¡¿Qué?! Pero Noah ¿Qué locura estás diciendo? ¿Realmente quieres darles a ellos el arma que necesitan y quieren para terminar de destruirnos?

—No —puntualizó —. Matt, no me estás entendiendo.

—Pues no, no te equivocas. No te entiendo, no sé qué quieres hacer, no tengo idea de nada. Intento encontrar la manera de hacerlo, pero no la veo. ¿Por qué no simplemente me dices tu plan?

—Por ahora no puedo.

—¡¿Por qué no?! —cuestionó, alzando un poco la voz. Estaba mentalmente demasiado cansado.

—¡Porque no puedo y ya! No podemos arriesgarnos a que alguien nos escuche. Después, cuando estemos completamente a solas te lo voy a decir.

—Yo no diré nada. También quiero saber —agregó Caleb, alzando la mano, sin ver a sus dos acompañantes.

—Pero, Noah. ¡Por favor! —suplicó Matthew, con cierta irritación en la voz —. Quiero entender todo esto, quiero saber que pasa por tu mente para saber qué hacer, o cómo reaccionar. Escúchame, estoy cansado, frustrado, mi cerebro ya no me da para más. Esta noche creí que todo iba a avanzar más, que íbamos a dejar ese horripilante lugar, o que de una nos íbamos a fugar. Estamos rodeados de extraños que tienen raras intenciones sobre nosotros. Y ahora resulta que regresamos a ese lugar del que ambos prometimos salir sí o sí, para ir a buscar unos diarios que son la causa de nuestras desgracias.

—Matthew, lo sé, lo sé. Créeme que yo también quiero hacer que esto termine. Pero necesitamos hacer esto. Todo va a salir bien, va a funcionar, Necesito que respires, que confíes en mí, y que intentes comprenderlo.

—¡Intenta comprenderme tú a mí! —soltó, elevando su tono de voz por el agotamiento mental —. ¡Solo quiero ir a casa! Te recuerdo que al menos yo sí tengo una familia que merece una explicación, una familia que amo, me ama, y me extraña. ¿Podrías ponerte en mí lugar? ¡Yo no puedo arriesgarme de la misma manera en la que lo haces tú, por mí familia!

—¡¿Y por qué no pensaste en eso antes de venir con Caleb a buscarme?! ¡Tú sólo te metiste en todo esto! Nadie te obligó.

—¡Ya lo sé! ¡Ya lo sé! —repitió, alzando los brazos con frustración —. ¡Sabía el riesgo que estaba corriendo! ¡Sabía que no habría vuelta atrás! ¡Pero aun así lo hice! ¿Y sabes por qué? ¡Fue por ti! Porque me enamoré de ti, porque sabía que había algo más en ti, algo que nos ataba el uno al otro, y no me equivoqué, y tampoco me arrepiento de haber venido. Pero me entregaste la ilusión de que íbamos a escapar de aquí, de que regresaríamos a San Francisco, o de que estaríamos lejos de tu padre, de que sólo éramos tú y yo en todo esto, sin nadie más —agregó, señalando de una manera indirecta al tercer presente —. Y de un momento a otro me lo arrebatas… —hizo una pequeña pausa — Sin siquiera preguntarme o tomarme a consideración tomaste la decisión de que regresaríamos con Hamlet, acompañados del maldito de Caleb —mencionó ahora de manera directa —, lo ayudas y le ofreces tu mano como si no te hubiese intentado matar hace unos meses. Y no sé si voy a sonar muy sentimental, pero no me importa, porque me duele eso, una parte de mi siente que jugaste de una manera indirecta y sin querer conmigo, porque te conozco y claramente no has hecho nada de manera intencional, pero eso no hace que deje de doler. Y me siento molesto porque tengo la sensación de que en realidad no puedes verlo. Es como si fueses una maldita computadora. Fría, lógica, calculadora, alguien que solo piensa en soluciones, y las ejecuta sin importarle nada.




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