Abril 26, 2021.
Nevada, Estados Unidos.
La noche había sido corta para más de una persona. Hace unas horas, una gran alarma había despertado a todos los presentes en el edificio del área, dando inicio al día, para comenzar los preparativos para recibir a Adeus Beaumont, junto a su equipo, y así hablar sobre los detalles de la investigación que estaban por hacer. Eso causaba demasiada emoción en algunos cuantos, ya que no solo se terminaría el Proyecto Matthew, sino, que tendrían acceso al resto de proyectos que tenía en mente Benjamin Forsythe, que se quedaron a medias, o no pudieron realizarse de manera correcta en su tiempo. Era una oportunidad única que abría las puertas a un mundo lleno de posibilidades.
Thomas salió de su oficina, para ir hasta la planta baja del edificio, y salir, observando la llegada coordinada de Beaumont, el cual estaba por estacionarse en su helicóptero. Las fuertes ráfagas de viento provocadas por la aeronave, lo golpearon, pero se mantenía firme para no desestabilizarse. De una manera ciertamente elegante, pero con un toque de gracia, finalmente su no muy preciado colega bajó de su transporte. Caminó en dirección del anfitrión, y le regaló una de las mejores sonrisas que tenía, a la cual, Hamlet correspondió con una de sus más forzadas expresiones de simpatía.
—¡Vaya, vaya! me ha resultado todo un milagro recibir tu llamada —habló el invitado, siendo seguido por dos hombres que formaban parte de su equipo principal.
—Sinceramente, a mí también me sorprendió aceptar. Pero por suerte soy un visionario, y supe ver que de esto vamos a sacar grandes cosas. ¿Intentamos hacer eso como en los viejos tiempos? —propuso el hombre, aunque todo fuera parte de su macabro plan, lleno de una hipocresía que Adeus ya estaba percibiendo, pero tenían que seguir manteniendo las apariencias.
—Como en los viejos tiempos, mi querido colega. Hicimos cosas increíbles juntos en el pasado, y puede repetirse ahora en el futuro, vayamos por la gloria.
Ambos sujetos estrecharon su mano de manera firme, para después, pasar hacia el interior del edificio. Todo estaba tal cual y como Beaumont lo recordaba. Simple, frío, futurista, y aburrido. Era claro que tenían gustos distintos en decoración, pero tenían el mismo nivel de inteligencia y sabiduría, algo que los había convertido en la dupla perfecta hacía unos años atrás. Caminaron los dos, hombro a hombro por los pasillos del lugar, dejando que Thomas los llevara hacia donde todo comenzaría. Habían adecuado una sala de juntas que llevaba un tiempo sin utilizarse para la ocasión, en la cual, habían acomodado los proyectores de holograma, que mostrarían todo lo que estuviera a su alcance.
Listos en esa sala, también ya se encontraban Matthew y Noah, junto con Marcus, Caleb, y más personas del equipo de Hamlet. Ambos hombres, líderes, arribaron a la oficina, y cerrando las puertas, para no permitir que nadie más entre, o salga, oficializaron el comienzo de esta nueva búsqueda.
—Muy bien… —habló el anfitrión, observando a todos —. Empecemos.
—Todos aquí ya hemos escuchado hablar sobre el gran líder y legendario Benjamin Forsythe, el cual creó una serie de cuatro diarios, en los cuales plasmó los experimentos que realizaba el Área 51 cuando estaban en medio de la Segunda Guerra Mundial, y posterior de. En esos libros, de manera aleatoria, están las partes de cada proyecto que tenían en mente realizar, y los que se realizaron, pero nuestro autor fue demasiado listo, que para que no cualquiera diera con sus investigaciones, escondió los textos en diferentes partes del mundo —prosiguió Adeus, captando la plena atención de los presentes.
—Para la fortuna de muchos, y del gobierno también, LS Labs logró la satisfactoria recuperación de dos de los cuatro diarios, los cuales fueron encontrados en distintos lugares como en la Tumba de Nefertari, ubicada en el Valle de las Reinas, en Egipto, y en los túneles subterráneos del Coliseo Romano, en Italia. Dimos con ellos gracias a una serie de acertijos que el doctor Forsythe nos dejó cuando desapareció. Sin embargo, dos de aquellos acertijos, no se han logrado resolver —explicó Hamlet.
—No obstante, ahora contamos con la increíble fortuna de tener a una mente brillante entre nosotros, que está dispuesta a ayudarnos con este trabajo para completar el sueño de toda la comunidad élite, y científica.
—Proyecten el primero —ordenó Thomas.
Una mujer que estaba en los controles, proyectó en los hologramas uno de los dos acertijos por desarrollar. La mirada de todos se posó en Noah, quien detuvo sus ojos para empezar a leer lo que decía. A primera vista, era complicado de entender. Había números y letras, comas, y puntos por sin ningún lugar. Este no solo era un acertijo. La menor se puso de pie, y caminó con lentitud por la sala, acercándose más a las proyecciones, con el objetivo de apreciar mejor el texto:
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