Abril 27, 2021.
Nevada, Estados Unidos.
Volaron durante toda la noche de regreso a Nevada, donde al llegar, se encontraron de nuevo con las frías y asépticas instalaciones del Área 51. Los dos jóvenes fueron escoltados de regreso a sus cabinas en el laboratorio, de las cuales, no podrían salir sin que alguien los ayudara desde afuera. Estaban atrapados. Todo esto, era de completo placer para Thomas Hamlet. Estaba cegado por la idea del poder, de tener a su alcance muchas nuevas ideas que podría innovar. Adeus Beaumont, por el contrario, estaba cansado de las acciones de su colega. No planeaba dejar las cosas así, sabía que él nunca iba a cambiar.
—¿Realmente crees que esto es necesario, Thomas? —preguntó el canoso, irrumpiendo en la oficina de Hamlet —. Tratar a Noah de esa manera. ¡A tu propia hija! ¿No crees que ya tuvo suficiente de ti?
El hombre, se puso de pie para enfrentar a su antiguo compañero de trabajo, reflejando ahora una actitud más fría y calculadora.
—No tienes idea de lo que está en juego, ¿verdad? No eres capaz de verlo —mencionó a modo de afirmación —. Adeus, ella y ese chico son una completa amenaza. ¿Viste lo que les hizo Coleman a mis soldados?
—No vengas a quejarte de tu propia creación.
—¡Y no lo hago! Pero eso no quiere decir que vaya a permitir que hagan lo que quieran. Honestamente, tenían para luchar, más de lo que ellos mismos creen, pero por algo terminaron cediendo ante mí. Y menos mal, porque habríamos dejado muchos cadáveres allá en Perú. A esas dos bestias tenemos que mantenerlas domadas ¿lo entiendes?
—Si ellos tuvieran la libertad que se merecen, no serían un peligro inminente. ¿Sabes qué les hace falta a ellos? Alguien que intente comprenderlos, una persona que sea honesta con ellos, aunque sea por una vez en su vida, alguien en quien puedan confiar. Y tú estás muy lejos de representar eso para ellos.
—¡Mira quién lo dice! —soltó con gracia —. ¡Tú tampoco eres el más indicado para decir eso! ¿Recuerdas Marzo del 2018?
—Lo que tu hiciste fue peor. Eres un traicionero.
—¡Tú eres el traicionero! —contestó Hamlet enfurecido.
—¿Dices eso porque fui yo quien se fue? ¡Bien! ¡Repítelo hasta que tú mismo te lo creas! Pero recuerda, que esta fue la razón por la que decidí dejar este lugar. Porque eres un cínico que solo piensa en su hambre de poder, porque eres un hombre que lo perdió todo y esa es la única motivación que tienes para vivir. Eres un abusador, manipulador. ¡Tu ambición te orilló a eso! Pero eso pronto se va a terminar. Haz lo que quieras, yo me voy de este lugar.
Comenzó a caminar hacia la salida de la oficina, y justo cuando puso un pie afuera, una estruendosa alarma comenzó a escucharse por todo el edificio. Quiso apresurar su paso, pero no podía hacer eso frente a Hamlet, quien todavía tenía su vista fija en él. Se adentró en el elevador, y fue hacia la planta baja, para salir, y subirse a su vehículo, esperando a que llegara el resto de su equipo, para largarse de ese lugar.
La alarma resonó en el laboratorio de igual manera, rompiendo el silencio opresivo que había reinado en el lugar desde que habían llegado. Los científicos que trabajaban en el lugar, sin importarles qué, corrieron a esconderse en otras habitaciones, para no ser encontrados por la amenaza que había llegado al edificio, pero todos, menos uno de ellos se movió. Marcus. Él por su parte, se quedó quieto, esperando a que todos desalojaran el lugar. En cuanto fue así, se acercó a los controles de las habitaciones en las que Matthew y Noah estaban, por separado, para abrir las compuertas y liberarlos.
—¡Salgan, ya! ¡Es ahora o nunca! —indicó el mayor.
Todavía no había ni terminado de decir eso, cuando los dos ya estaban afuera. Caleb apareció corriendo por la entrada del laboratorio, con una expresión determinada en su rostro. Iba a sacarlos ahí de cualquier forma posible. No importaba lo que sucediera.
—¡Tenemos que movernos! ¡Vienen soldados! —advirtió Caleb, entregándole a Matthew y a Marcus un arma que les había conseguido con Adeus.
Los cuatro salieron de ahí, y comenzaron a correr por los laberínticos pasillos del edificio, resonando sus pasos entre la fría y blanca arquitectura. El sonido de la marcha organizada de los soldados de Hamlet, se escuchaban a lo lejos, listos para detener a cualquiera que se saliera de su lugar. El grupo se lanzó por los pasillos, volteando en las esquinas indicadas para ir hacia las escaleras, queriendo subir los pisos necesarios para llegar a la salida total. Avanzaron lo más rápido que pudieron, ocultándose de las escuadras que se movían en cada piso.
Les faltaba poco para llegar. Pero tenían un problema, y este era que parecía que una guerra civil había comenzado en la planta baja, justo donde se encontraba la puerta para salir.
—No podremos pasar sobre ellos —aseguró Marcus.
—Son demasiados, tendría que suceder alguna distracción por otra parte para tomar ventaja sobre ellos —comentó Noah —, pero será imposible. No tenemos otro acceso a ese piso que no sea este.
—No hay otra salida más próxima a la entrada.
—Yo los voy a detener —dijo Wilds, mirándolos a todos.
—¿Tú estás loco? Estarás firmando tu muerte —le regañó la chica.