Proyecto Mnemosyne

Prólogo

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes.”

— Jorge Luis Borges

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Terra Nova, año 17 después de Django.

No sé exactamente a quién escribo.
Tal vez a alguno de nuestra familia. Tal vez a mí, cuando entienda. Tal vez a nadie, y eso también está bien.

Django murió hace diecisiete años, y sin embargo no se ha ido. No del todo. Su cuerpo descansa donde descansan los cuerpos, pero su memoria —la parte que no supo desprenderse de este mundo— encontró otra forma de permanecer y Jäger es esa forma.

Nunca lo diré en voz alta, porque las palabras todavía pesan demasiado, pero sé lo que es. No un archivo. No un eco. No una copia imperfecta. Es contención. Es tránsito. Es la última decisión de un hombre que no pudo, o no quiso, dejar de recordar.

Django decía que la memoria no muere cuando el cuerpo falla, sino cuando deja de ser útil o llega a olvidarse. Creo que por eso eligió a Jäger, porque podremos olvidar nuestras caras, pero nunca a aquel ser de cuatro patas que nos hace sonreír y nos acompaña cuando el tacto humano no alcanza. Sostiene lo que fue sin forzarlo a ser presente. Eso es más misericordioso de lo que el mundo suele permitir. Pero me temo que, de seguir así, quedará atrapado en un sinfín de vidas y no merece no descansar nunca.

Sé de primera mano que Terra Nova fue construida con esa misma idea: no borrar el pasado, pero tampoco vivir atrapados en él. Aquí todo parece nuevo, limpio, casi artificialmente estable. Sin embargo, debajo de esa calma hay capas enteras de historia comprimida, esperando no ser despertadas… sino comprendidas.

A veces observo cuando Jäger entra en esos lapsos extraños. Momentos en los que no reacciona a estímulos como cualquier otro perro lo haría sino como Django lo haría. Los veterinarios los llaman “intervalos neutros”. Yo los llamo otra cosa: presencia sin expresión. Pero no me atrevo a decirlo, porque sé que me llamarán loca.

Es ahí donde sé que Django sigue presente. No hablando. No imponiéndose. Simplemente siendo.

Tal vez por eso escribo esto, porque entenderlo es aceptar que hay memorias que no buscan descanso, sino continuidad, pero no le corresponde a un cuerpo distinto, cargar con una memoria que no es la suya, Y esa memoria —si aún conserva algo de humanidad— no debería abusar de aquello que la sostiene. Debe ser liberada.

Tristemente no sé cómo hacerlo y creo que lo que tenemos hoy no me daría tampoco las respuestas que busco, pero si algún día alguien lee esta carta – puede que yo misma-, sé que será porque ha llegado a hacerse las preguntas correctas. Espero que no busque respuestas rápidas. Esto no es una advertencia ni una confesión. Es un testimonio y un consejo para cultivar la paciencia porque el camino no será sencillo.

Django no se quedó porque tuviera miedo de morir. Se quedó porque había algo que aún no había sido visto.

Y Jäger, es la prueba de que la memoria, cuando encuentra un cuerpo aparentemente dispuesto, puede convertirse en destino.

— A.




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