Proyecto Mnemosyne

Capítulo 1- Prueba #121

La música llenaba el laboratorio antes que la luz. Desde un parlante moderno -del cual Liam se sentía orgulloso de haber conseguido- sonaba una lista de reproducción imposible de clasificar. Cualquiera que escuchara, pensaría que la persona que se encontrara allí tendría un trastorno de personalidad múltiple, porque se escuchaba una gran cantidad de géneros, que podrían llegar a distraer a la persona más concentrada, pero no a Liam, para él, eso, era equilibrio. La música lo mantenía anclado.

Marcó el tiempo con el pie, con su mano izquierda sostenía un bolígrafo que empleaba como baqueta, y con la mano derecha pasaba las páginas de su cuaderno de laboratorio, mientras revisaba sus notas, estaba cantando, era un hábito adquirido que le ayudaba a procesar la información.

Prueba 121

Ajuste de formulación

  • Reducción del componente estimulante. Modulador glutamatérgico derivado de D-ciclo serina.
  • Incorporación de modulador inhibitorio de baja potencia. Análogo funcional GABA similar a gabapentina.

Ajuste de preparación

  • Orden de mezcla invertido
  • Centrifugación lenta= evitar agregación del compuesto activo
  • Calentamiento controlado en 39°C para estabilizar interacción entre moduladores.

Con esto debería lograr finalmente inducir a un estado de concentración sostenida que permita a la memoria reorganizarse, sin estímulo externo excesivo y tendrá que ser evaluada la reducción del ruido neuronal de esta combinación, pues en teoría debería mejorarse la coherencia y la continuidad de los recuerdos evocables.

La solución era transparente, banal en apariencia, pero Liam sabía que la mayoría de los errores científicos nacían de esperar algo espectacular, y la memoria no era espectacular, era persistente.

- Vamos otra vez- murmuró con un deje de cansancio.

Inició la secuencia.

En la pantalla, la actividad cerebral del voluntario apareció estable, casi aburrida. Ritmo basal. Nada fuera de lugar. Liam no se inquietó. Aprendió hacía mucho que el fracaso ruidoso era menos peligroso que el fracaso silencioso.

Subió un poco el volumen cuando empezó a sonar una canción que le gustaba especialmente. No sólo por gusto: había notado que ciertos ritmos ayudaban a mantener su atención sin forzarla. La concentración profunda no se lograba tensándose, sino fluyendo.

Mientras esperaba, pensó en aquel sujeto sobre la camilla que estaba en un cuarto de hospital improvisado dentro de su laboratorio. Era un hombre a quien su esposa había abandonado luego de que su hija de 6 años se ahogara en la piscina durante las vacaciones de verano, cuando él se disponía a compartir una cerveza con sus amigos. Como es evidente, las consecuencias no se hicieron esperar y su matrimonio quedó arruinado, pero además, aquel desdichado hombre quedó tan afectado, que llegó al borde de la locura alegando que en las noches él era su hija fallecida, es decir que su hija vivía aún, pero a través de él, por lo que su familia lo único que pudo hacer – y que él aceptó- fue inscribirse como voluntario al proyecto de memoria, con la esperanza de volver a la cordura y además, poder recordar a su hija con memoria vívida o en su defecto, morir en el intento.

Claramente dentro de los planes de Liam, no estaba por ningún motivo, llegar a acabar con la vida de aquel hombre, y agradecía al ser supremo, que aún, después de ciento veinte pruebas, el individuo se encontrara sano, sin contar con sus episodios de “locura”, ya que no quería ser responsable de una muerte, ni mucho menos tener que ver otras personas como consecuencia de unas desfavorables circunstancias.

Y entonces ocurrió.

No fue un pico. No fue una explosión de actividad. Fue una ¿coincidencia?

Zonas distintas del cerebro comenzaron a sincronizarse como si reconocieran un patrón antiguo. No un estímulo externo. Algo interno. Algo que ya estaba ahí.

Liam dejó de moverse.

—Eso no… —susurró— todavía no.

Se inclinó hacia la pantalla, bajando la música apenas, como si no quisiera asustar al fenómeno. El patrón se sostuvo unos segundos más de lo habitual.

No eran recuerdos conscientes. No había imágenes, ni escenas, ni narrativas. Era más inquietante que eso: rutas activadas sin razón presente, como si la memoria estuviera respondiendo a una pregunta que nadie había formulado.

Detuvo la prueba antes de lo planeado.

Se quitó los guantes despacio y apoyó ambas manos en la mesa de trabajo. La música seguía sonando, ahora algo de dance hall, y por un segundo se permitió respirar con ella.

Ciento veintiuna pruebas.

No estaba intentando “viajar al pasado”, como le gustaba decir a la prensa cuando exageraba su trabajo. Lo que buscaba era entender por qué algunas memorias se comportaban como si no pertenecieran a una sola vida.

Apuntó observaciones rápidas en el cuaderno. Luego, casi sin darse cuenta, escribió al margen:

La memoria parece reconocer antes de recordar.

Cerró el cuaderno. Y se dirigió a su sujeto de prueba. Como era de esperar, el sujeto parecía agotado, pero completamente concentrado en una memoria de la cual Liam no podría tener idea alguna sobre qué se trataba. Le colocó una máscara de respiración con un poco de sedante por unos minutos, para que pudiera descansar mientras poco a poco, salía del estado de concentración, y que así cuando despertara sintiera como si hubiera soñado larga y plenamente.




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