El regreso al interior de la casa fue como un cambio de presión atmosférica. En cuanto cruzaron el umbral del estudio, la postura de Sorell se tensó; sus hombros recuperaron esa rigidez académica y su mirada volvió a ser ese cristal limpio que no permitía ver qué había detrás. Liam lo notó de inmediato: el "puerto" se había cerrado.
Jäger también cambió. Al entrar, el perro se detuvo en seco, con las orejas erguidas y los músculos del cuello vibrando bajo el pelaje. No emitió un ladrido, sino un aire de alerta que Liam nunca le había visto en casa.
—Sorell —una voz profunda, acostumbrada al mando, retumbó desde la penumbra del pasillo.
Un hombre alto, de cabello castaño claro y vetas doradas y plateadas por la edad, cortado con precisión milimétrica y una presencia que parecía ocupar todo el oxígeno de la habitación, entró en el estudio. Era el General Rhuad. No vestía uniforme, pero el jersey de cuello alto y la forma en que sus ojos pardos escanearon a Liam fueron suficientes para dejar claro que seguía en servicio activo.
—Padre —dijo Sorell con un tono que no admitía réplica—. Este es Liam. El investigador del que te hablé.
El General no extendió la mano. Caminó hacia el centro del estudio, pasando junto a las pantallas que aún mostraban los datos de Retsor -que Sorell olvidó cerrar-, y se detuvo frente a Liam. Jäger soltó un gruñido sordo, una vibración baja que venía desde el fondo de su pecho. Liam tuvo que ponerle una mano en el lomo para calmarlo, aunque el propio Liam sentía que estaba siendo estudiado.
—El heredero de Terra Nova ¿no es así? —dijo el General, y su voz no era de bienvenida, sino de reconocimiento táctico—. He seguido de cerca el trabajo de tu familia durante años, joven. Django era un hombre con una visión... particular. Espero que tu "Mnemosyne" tenga más éxito en contener las consecuencias que las que tuvo él.
La frase cayó como una piedra en un pozo. Sorell no había mencionado a su padre el nombre del proyecto, de hecho, sólo había dicho que había conocido a un científico con el que estaba colaborando con sus conocimientos en epigenética. ¿acaso su padre ha revisado sus archivos?
Por otro lado, Liam advirtió el desconcierto en Sorell, significando que no estaba al tanto de que su padre tuviera conocimiento de Mnemosyne, además, sintió que el General sabía exactamente qué significaba la "delegación" y todo lo relacionado a su proyecto. Antes de que Liam pudiera articular una respuesta, una figura más sutil apareció tras el General.
La madre de Sorell, Elena, entró con una elegancia silenciosa. Llevaba un libro bajo el brazo y una expresión que, a diferencia de la de su marido, era de una curiosidad casi amable, aunque sus ojos tenían la misma agudeza que los de su hija.
—Axel, por favor, deja de interrogar a las visitas en la oscuridad —dijo ella, acercándose con una sonrisa leve—. Liam, es un placer. Sorell habla de tu inteligencia con una frecuencia que suele reservar para los clásicos.
Elena se acercó a Jäger, ignorando el gruñido previo, y el perro, para sorpresa de Liam, bajó la cabeza en señal de una sumisión tensa, como si reconociera en ella una autoridad antigua.
—Es un animal fascinante —comentó Elena, mirando a Liam—. Parece que lleva más peso del que su columna debería permitir. Como todos en Terra Nova, supongo.
El General miró a su esposa y luego a Liam, una advertencia silenciosa flotando en el aire. —Mañana discutiremos sobre tu investigación, Liam. Veremos si la ética de tu generación es tan flexible como la de tus antepasados.
Sin decir más, el General dio media vuelta y salió del estudio con una disciplina que hizo que el aire volviera a circular. Sorell no lo miró; se quedó fija en los monitores, ocultando su reacción.
—No le hagas caso a su padre —intervino Elena, rompiendo el hielo con una calidez que se sentía extrañamente sospechosa—. Él ve amenazas en todas partes. Yo, en cambio, veo historias que necesitan ser contadas. Mañana a las ocho desayunaremos en la terraza. Me encantaría que me contaras más sobre cómo un chico de tu linaje decidió que recordar es mejor que olvidar.
Sorell finalmente levantó la vista y miró a su madre. Había una súplica silenciosa en sus ojos, o quizá una advertencia. Realmente desconocía cómo era que sus padres sabían del proyecto de Liam, pero se sentía enormemente avergonzada con él por cómo se había desarrollado toda la escena con sus padres. Aunque ella nunca profundizó en su trabajo compartido, seguramente, dada la confianza con la que se habían dirigido sus padres, él pensaría que lo había traicionado.
—Liam necesita volver a Terra Nova, mamá —dijo Sorell.
—Por supuesto. Hasta mañana, Liam. Duerme bien... si el ruido de los pensamientos te lo permite.
Elena salió del estudio, dejando tras de sí el aroma de papel viejo y una sensación de que, mientras el General vigilaba las puertas, ella vigilaba los pensamientos.
—Liam, por favor, debes creerme, yo no ….
Liam miró a Sorell. La paz del jardín se sentía ahora como un sueño lejano y la interrumpió a mitad de la frase —Sorell...sé que no lo hiciste, pero creo que tu padre sabe más que nosotros dos juntos.
La mujer de cristal estaba de vuelta. —Mi padre sabe todo lo que ocurre en este país, Liam. Y mi madre sabe todo lo que ocurrió antes de que naciéramos. Y… hay algo que creo que debes saber.