Proyecto Mnemosyne

Capítulo 13- La mesa de los secretos

Los minutos después del encuentro con los padres de Sorell fueron más que tensionantes. Lo que había comenzado como una ruta de escape para Liam, terminó siendo como viajar en el Titanic y resultar colisionando con un tempano de hielo en el atlántico a 600 kilómetros de Newfoundland.

—Debes irte Liam, no creo que sea bueno que hables de tu proyecto con mis padres. — dijo Sorell con voz cargada de angustia — además, estoy segura de que al menos tus amigos deben estar esperándote para volver a Friburgo.

—Sorell… —sabía que esperar a la mañana y estar en el desayuno con los padres de Sorell, podría ser como abrir una caja de pandora, pero también era cierto que en este punto, dadas las revelaciones, era necesario tomar el riesgo de ser el blanco de las preguntas del coronel Rhuad y su esposa, para lograr entender qué estaba sucediendo, además no ayudaba en lo absoluto, el hecho de saber, que alguien había filtrado su investigación, no obviando también el hecho de que había información que ni él mismo poseía —¿Dónde puedo dormir con Jäger? — fue lo único que pudo decir en medio de la atribulada mente que tenía en ese momento.

Finalmente, Sorell había resuelto llevar a Liam y a Jäger al cuarto de invitados del primer piso ya que este se negaba a irse y Jäger parecía rehusarse igualmente a abandonar el barco a pesar de no haber aceptado a su padre, y haber actuado a regañadientes con su madre.

La mañana en la casa de verano no trajo la claridad que Liam esperaba. La luz del sol entraba por los grandes ventanales de la terraza con una agresividad blanca, haciendo que todo pareciera demasiado expuesto. Jäger no se había movido de la puerta de la habitación en toda la noche; se veía cansado, con el pelaje deslucido, como si hubiera pasado las horas filtrando el aire en busca de una amenaza invisible.

Sorell por su parte, había padecido de insomnio, repasando mentalmente cada una de las veces en las que podría haber sido descuidada con la información del mensajero y la que Liam mismo le había compartido. Era extraño que sus padres -porque estaba segura que su madre estaba involucrada también- supieran tanto siendo que no vivían juntos.

A eso de las ocho de la mañana, Liam y Sorell, decididos a enfrentar la situación en la que se habían metido, caminaron hacia la terraza en silencio. El eco de la confesión de la noche anterior aún vibraba entre ellos: Sorell sabía del proyecto antes de que él se lo contara. Ella lo había ayudado con una ventaja que él no sospechaba.

—No me mires así, Liam —susurró Sorell antes de llegar a la mesa—. No fue una traición. Fue... eficiencia. Si no hubiera tenido esos archivos, habrías fallado en la prueba 122.

—La eficiencia suele ser el nombre que le damos a la falta de honestidad, Sorell —respondió él, pero su voz no tenía rabia, solo una profunda desolación, que, aunque comprendía la situación, aún se sentía afectado por el giro que había tomado el caso.

En la terraza, la mesa estaba servida con una perfección geométrica. El General Axel Rhuad leía un informe en una tableta, mientras Elena vertía café en tazas de porcelana tan finas que parecían hechas de aire.

—Buenos días —dijo Elena, señalando las sillas—. Siéntense. El café está en su punto, y el General tiene exactamente doce minutos antes de que su radio empiece a exigirle que salve al mundo—dijo riéndose con la intención de aligerar el ambiente.

El desayuno comenzó bajo un silencio que solo era roto por el tintineo de las cucharas. Axel levantó la vista del informe y fijó sus ojos pardos en Liam.

—Dime, Liam —comenzó el General— tengo entendido que desarrollas un fármaco para estudiar la memoria. Cuéntame más.

—Es un modulador de consolidación mnémica. Trabaja sobre procesos de reconsolidación y expresión génica asociada a huellas de memoria.

—¿Expresión génica? Interesante elección de enfoque.

Liam sostuvo su mirada con calma medida.

—Como supongo que sabrá General, sea por su experiencia o por su hija, las memorias no son únicamente circuitos eléctricos. Hay marcadores epigenéticos que influyen en cómo se fijan, cómo se intensifican… y cómo se perpetúan. Si comprendemos ese nivel, podemos intervenir sin dañar la arquitectura neuronal.

Axel entrelazó los dedos sobre la mesa. Reconocía que el chico tenía temple.

—¿Intervenir para aliviar… o para modificar?

La pregunta sorprendió incluso a la misma Sorell, quien estaba acostumbrada a la crudeza de su padre, pero Liam dejó la taza en la mesa con un pulso sorprendentemente firme. —Creo que las personas merecen recordar sin sentir que su cerebro se está incendiando, General. Mi fármaco no modifica memorias; reconstruye personas aliviando sus memorias.

Elena sonrió para sí misma, cortando un trozo de fruta. —Reconstruir... qué palabra tan ambiciosa. Yo prefiero "editar" —dijo ella, mirando a Sorell— aunque es sinónimo de modificar. Como historiadora, sé que la memoria no es un registro fiel, sino una selección conveniente. Sorell, querida, ¿qué parte de la historia de la familia de Liam has decidido "editar" para que vuestra colaboración sea... digerible?

Sorell se tensó. Sabía que su madre estaba lanzando un dardo directo a la información que el informante anónimo le había enviado.

—No edito nada, mamá. Solo analizo patrones —respondió Sorell con voz de acero—. Y el patrón actual indica que el accidente en Terra Nova dejó una marca que no es solo emocional. Hay una frecuencia residual en el sistema del sujeto de prueba. Algo que él llama "el ruido", y siente, como dijo Liam, que su cerebro se incendia al no saber aislarlo.




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