Proyecto Mnemosyne

Cpítulo 14- El ángulo muerto

El motor del todoterreno rugió, rompiendo el silencio sepulcral de la entrada de la casa de los Rhuad. Liam no miró atrás, pero Sorell sí lo hizo. En la terraza, las siluetas de sus padres permanecían inmóviles; Axel, el General, como un centinela de hierro, y Elena, la historiadora, observando cómo la pieza de ajedrez que ella misma había documentado se movía hacia una trampa. Sorell llevaba sus maletas en el asiento trasero; no volvía a casa, estaba desertando de un búnker.

—Mi padre no nos ha dejado ir —susurró Sorell—. Solo ha cambiado el método de vigilancia. No esperes un coche siguiéndonos; espera un satélite o una señal interceptada.

Liam apretó el volante. A pesar de su esfuerzo por mantenerse enfocado en la vía, y calmarse con Delillah a todo volumen, podía escuchar la vibración de su teléfono, colocado en el soporte del tablero, que se iluminó con una ráfaga de notificaciones que parecían disparos:

Mamá (09:15):

Liam, tu tío dice que te fuiste anoche sin despedirte. Tu padre y yo esperamos que no estés cometiendo alguna imprudencia. Almuerzo en casa a la 1:00 PM. No es una invitación. Aún estamos recordando a Django.

Steffan (09:42):

¿Dónde demonios estás? Liana está de un humor de perros. Dice que, si no apareces hoy, ella misma irá a buscarte con tus padres detrás porque no los soporta y cree que no es justa tu actitud. Vuelve ya.

Liana (10:05):

Liam, sé que no te gustó lo que te dije anoche, pero vuelve de una maldita vez. No te comportes como un niñato que no sabe enfrentar la verdad. Sé un hombre, y como hombre ven a ser el heredero que tu familia quiere que seas. ¿Comprendo cómo te sientes con ellos, pero no te parece injusto dejarnos a Steffan y a mí a la deriva en medio de tus asuntos familiares?

—Todos me buscan —dijo Liam con voz ronca, al ver rápidamente los mensajes mientras esperaba tener el paso en una intersección—. Pero no podemos ir a Friburgo todavía. Debo hacer presencia en Terra Nova. Obtendrás información de primera mano allí.

Llegaron a Terra Nova a mediodía. La ciudad brillaba bajo el sol, pero Sorell no podía evitar compararla con la Terra Nova de Newfoundland, en Canadá. Sabía por los archivos de su madre que el nombre había sido elegido como una alegoría: así como la isla canadiense fue el primer punto de paz y encuentro en el Atlántico Norte, esta Terra Nova debía ser el refugio final para las psiques devastadas por la guerra europea. Una "Tierra Nueva" donde el suelo no estuviera empapado de sangre, sino de olvido.

La villa familiar de los Türme era una construcción de cristal y piedra blanca. Al entrar, el aire acondicionado golpeó a Sorell con una frialdad artificial. Los padres de Liam ya estaban en la mesa.

—Liam, ¿dónde estabas? Te hemos escrito. Mira la hora, deberías estar vestido y …

Al ver a Sorell, la madre de Liam quedó a media frase.

La joven no era alta. Su estatura discreta y la forma contenida en que se sostenía parecían casi perderse entre el mármol pulido y los ventanales imponentes. Su piel pálida contrastaba con la arquitectura blanca de la casa, como si perteneciera más a la luz fría de un laboratorio que a un comedor de formalidades rígidas. Sus ojos, de un café oscuro intenso, observaban con calma atenta, sin desafío, pero tampoco con sumisión.

El cabello castaño oscuro caía con naturalidad sobre sus hombros, matizado por un estilo rubio con visos rosados que, bajo la iluminación precisa del salón, adquiría un brillo elegante y discreto. No era un detalle excéntrico; era un matiz pensado, casi académico, que suavizaba su presencia sin restarle seriedad.

No era una belleza espectacular ni deslumbrante. No tenía el tipo de atractivo que irrumpe y exige atención inmediata. Su belleza era sencilla, progresiva, casi intelectual. Había en ella algo sereno, una coherencia entre gesto y mirada que resultaba más difícil de clasificar… y quizá por eso mismo más inquietante.

La madre de Liam la examinó apenas un segundo más de lo socialmente correcto.

Era la primera vez que su hijo llegaba con una mujer sin haber tenido la decencia de mencionar que salía con alguien, teniendo en consideración cómo era ella como madre y lo que esperaba de él, aun sabiendo que él nunca había estado del todo cómodo con las reglas familiares.

Y aquella joven, silenciosa pero firme, no parecía alguien que pudiera encajar fácilmente en ellas. ¿o sí?

—Liam — dijo Jane, cambiando de tono a uno de sorpresa y de amabilidad impostada mientras se levantaba de su asiento— por favor preséntanos a tu amiga, sabes que para nosotros es importante atender bien a todos nuestros invitados.

—Sorell Rhuad —dijo este— una colega con quien he tenido el gusto de trabajar

El almuerzo fue una coreografía de omisiones. Mientras servían un consomé clarificado, el padre de Liam rompió el silencio: —Dime, Sorell, ¿cómo es el trabajo de Liam? Mi hijo siempre ha sido un idealista, sé que trabaja buscando respuestas, o eso dice, cree que el dolor y el silencio son un error de software que se puede corregir.

—No creo que sea un error, señor Türme —respondió Sorell, sosteniendo la mirada—. Creo que su hijo tiene un objetivo claro y apropiado para este mundo donde todos creen que es más fácil ignorar que conocer, incluso piensan que cualquier respuesta es igualmente útil y una verdad absoluta— dijo al padre de Liam, mirando de reojo a Jäger, que estaba echado bajo la mesa— y ya que lo menciona, siento que aquí hay silencio. El silencio es el mejor fármaco, ¿no cree?




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