Proyecto Mnemosyne

Capítulo 16- La fractura del silencio

El silencio que siguió al colapso del Sustrato-X era denso, interrumpido por el siseo del hidrogel quemado y otra de las canciones de Liam en el fondo. Mientras Steffan intentaba salvar los discos duros y Liam se quedaba paralizado frente a los restos humeantes, Sorell se dirigió a la cabina de observación que seguía pareciendo la habitación de un hospital. El coronel Retsor estaba despertando.

Sus ojos se abrieron con una lentitud dolorosa. Cuando su mirada se encontró con la de Sorell, no buscó al científico que lideraba el proyecto, sino que mantuvo la mirada fija en ella, con una ira contenida por todo lo que había vivido. Liam intentó entrar en la cabina, cumpliendo la suposición que estaba haciendo Sorell mentalmente, pero esta levantó una mano débil para detenerlo.

—Tú... —la voz del coronel era un hilo áspero—. Eres una Rhuad.

Sorell dio un paso adelante, sintiendo que el aire se enfriaba. —Lo soy, coronel.

—Tienes la mirada de tu madre y la mandíbula de Axel —dijo Retsor con una sonrisa amarga—. Si tú estás aquí, ellos también están. Saben que el eco ha vuelto. Viniste a ver cómo terminan de romper lo que ellos empezaron hace años, ¿no?

Sorell sintió el aguijón de la culpa ajena, pero no retrocedió. Se acercó a la camilla y, por primera vez, dejó de lado la tableta de datos. Se sentó en el borde, rompiendo la distancia profesional.

—Coronel, escúcheme —dijo Sorell, su voz suave, pero con una firmeza que hizo que Retsor enfocara la vista y la mirara como quien mira a su igual—. Yo no soy mis padres. No estoy aquí por el General Rhuad ni por la historiadora. Estoy aquí porque mi propia investigación sobre la memoria me trajo a Liam, y porque lo que vi en sus ojos en ese video de confesión... no era una falla técnica. Era una súplica. Mis padres ocultan cosas, sí. Ni siquiera yo misma sé más de lo que usted ha dicho en video rompiendo con la confidencialidad, pero puedo decirle que yo estoy buscando la verdad, aunque esa verdad los destruya a ellos también. Ayúdeme a entender. Si quiere que este "ruido" pare, dígame qué frecuencia estoy escuchando realmente.

Retsor la observó largo tiempo. La rigidez de sus hombros pareció ceder un milímetro. Suspiró, un sonido que pareció arrancar astillas de su pecho.

—La misión 09... —comenzó, mirando al techo blanco—. No fue una operación militar común. Nos enviaron a una de las antiguas instalaciones de Django en el Mar del Norte. Querían replicar lo que él había logrado con Jäger. Sabíamos la historia: Django no solo amaba a ese perro, lo usó para "vaciar" la culpa de lo que vio en la guerra. Mi comando debía recuperar los protocolos originales de trasvase de memoria.

Hizo una pausa, y su rostro se contrajo.

—El dibujo…Mi hija, Amaranta... tenía seis años. Estábamos en la residencia oficial, cerca de la piscina. Ella nadaba perfectamente, Sorell, tan perfecto como una niña de su edad con clases personalizadas puede nadar. El informe dice que se ahogó por un calambre que yo por estar divirtiéndome, no llegué a advertir siendo ella tan pequeña, pero es mentira. Lo que pasó fue que activaron el primer prototipo de otro proyecto similar a Mnemosyne en el búnker subterráneo, justo debajo de nosotros. Hubo una onda de choque sináptica, una frecuencia de resonancia que no esperaban. Todos los que estábamos en el radio de acción sentimos un vacío repentino, una desconexión entre el cerebro y los músculos. Yo caí al suelo, paralizado. Y Amaranta... ella estaba en el agua, mi esposa aún no llegaba a nuestras “vacaciones”, porque tenía asuntos que atender en la ciudad, así que sólo estábamos, mi hija, mis colegas de misión y yo.

Las manos de Retsor se cerraron sobre las sábanas.

—La vi hundirse. Estaba a dos metros de ella, pero mi mente no podía enviarle la orden a mis piernas para saltar. La frecuencia replicada de la experiencia de Django me había bloqueado. Vi sus ojos bajo el agua, pidiéndome ayuda, mientras el sistema "limpiaba" la zona para la prueba. Cuando recuperé el movimiento, ya era tarde. El sistema de la misión, en la que estaba involucrada tu familia como quienes halan los hilos para que las cosas sucedan, decidió que la vida de mi hija era un efecto colateral.

Sorell sintió que el mundo se inclinaba. No era negligencia; era un daño colateral científico, por el que nadie se había preocupado después. Una falta de empatía inesperada de parte de su padre quien defendía la ética de los proyectos y las misiones como si fuera su propia vida la que estaba en juego.

—Después de eso... el silencio lo devoró todo —continuó Retsor—. Mi matrimonio no sobrevivió a la verdad que no podíamos decir. Cuando mi esposa llegó y vio como sostenía a mi hija en brazos, quedó paralizada, me miraba y veía al hombre que se quedó mirando cómo su hija moría. Mi carrera se convirtió en una farsa de ascensos para comprar mi silencio. Me dieron medallas por misiones que nunca ocurrieron, mientras el recuerdo de Amaranta se convertía en ese ruido eléctrico, esa idea de que yo soy ella, que Liam intenta apagar. Querían que olvidara, Sorell. Tu padre me dijo una vez que "el olvido es el mayor acto de patriotismo", pero cada vez que cierro los ojos, revivo esa escena una y otra vez como si fuera mi propia hija, siento lo que ella sintió, el miedo aterrador de que la vida se escapa y tu padre, quien juró protegerte siempre, se queda allí sin hacer nada.

Liam y Steffan escucharon también el relato de Retsor, mientras Sorell mostraba al sujeto mediante las lágrimas, la empatía que nunca obtuvo de los padres de la chica.




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