El silencio que siguió a la orden de Sorell fue interrumpido por la risa amarga de Liam. No era una risa de locura, sino de una absoluta y dolorosa epifanía. Se giró hacia Liana, ignorando por un momento la figura imponente en la que se había transformado Sorell, y caminó hacia ella con los ojos encendidos.
—¿Despertar a la ciudad? —escupió Liam, señalando a Liana con un dedo tembloroso—. Recuérdame lo que me dijiste hace unas semanas en Terra Nova en la conmemoración del viejo Django, Liana. Después de que me enviaras aquel video, después de que me empujaras a buscar a Sorell, después de que termináramos la maldita fase I. Me dijiste que mi trabajo era peligroso. Me dijiste que, si yo seguía adelante, solo iba a crear esclavos. ¿Te sigues creyendo mejor que yo después de lo que acaba de pasar? Puede que yo tenga mi ego, pero al menos lo reconozco, y sé que mi actuación de hoy fue nefasta nadas las consecuencias. Pero, ¿y tú?
Steffan dio un paso al frente, colocándose al lado de Liam, formando un frente común contra la informante. —Tú nos lo advertiste, Liana —añadió Steffan, su voz cargada de un reproche ético profundo—. Insinuaste que Liam estaba jugando a ser Dios y que el resultado sería una masa de mentes vacías siguiendo a un líder. Pero mírate ahora. Estás ahí, de pie, celebrando que una chica de veintitantos años acaba de ser prácticamente borrada para que un fantasma de la guerra tome el mando. La única que ha levantado esclavos aquí... eres tú.
Liana no se inmutó. Sostenía el diario de Django contra su pecho como si fuera un escudo sagrado. —Lo que Liam iba a crear eran autómatas sin propósito —respondió Liana con frialdad—. Lo que yo he ayudado a traer es la dirección que Terra Nova perdió hace décadas.
—¡Es lo mismo! —rugió Liam—. Solo has cambiado el collar del perro.
Mientras tanto, Elena Rhuad no apartaba la vista de su hija. Como historiadora, su mente estaba procesando algo que los demás, cegados por la rabia, no veían. Observaba la forma en que Sorell mantenía la espalda recta, la mirada fija y carente de empatía, y la mandíbula apretada, como quien espera ser atacado en cualquier momento; era la actitud de alguien que vive en medio del peligro, cuyo sentido de humanidad ha sido reducido a un trato elemental, porque lo que prima es el instinto de supervivencia.
—No se ha estabilizado —susurró Elena, haciendo que Axel se girara hacia ella—. Axel, mira sus ojos. No es la memoria completa de Django.
—Elena, ha dejado de ser nuestra hija —dijo Axel con amargura.
—No, escúchame, escúchenme —insistió Elena, acercándose un paso más a Sorell, pero hablándole a Liam y Steffan—. He pasado años estudiando los perfiles psicológicos de Django Türme durante la caída de 1945 como parte de lo que es comprender la historia de Terranova. Antes de ser el arquitecto, fue un superviviente en un búnker sitiado. Lo que estamos viendo ahora no es al genio que diseñó Terra Nova. Es la capa más agresiva de su psique: el soldado calculador que no se deja doblegar, el hombre que solo ve aliados o enemigos.
Elena miró a Liam con una chispa de esperanza desesperada.
—La memoria es una cebolla. —dijo Alex, una vez comprendió lo que decía su esposa— la memoria es como una cebolla— rectificó mientras se acercaba al ventanal de la cabina donde había un marcador. —No lo digo en el sentido poético, lo digo en el sentido estructural.
Todos quedaron confundidos antes la declaración, pero el general Rhuad continúo explicando.
Dibujó tres círculos interconectados en el centro — Tulving nos enseñó que la memoria no es una unidad indivisible. Él distinguió entre memoria episódica, la que nos permite revivir eventos; memoria semántica, el conocimiento estructurado; y memoria procedimental, la que guía nuestras respuestas automáticas. Son sistemas distintos que operan en paralelo.
—Pero no todos se activan con la misma prioridad. LeDoux demostró que, bajo amenaza, los circuitos emocionales - especialmente los asociados al miedo - pueden activarse por vías más rápidas que las narrativas. La amígdala responde antes de que la corteza comprenda.
En este punto, añadió más círculos al dibujo para que fuera más comprensible.
Entonces dibujó la representación de la amígdala y deslizó el marcador señalando el tercer círculo.
—Van der Kolk observó que el trauma no se consolida primero como relato coherente. Se fija como estado fisiológico, como respuesta corporal. El cuerpo recuerda incluso cuando la historia no está completa, en términos de Tulving eso sería procedimental con episódica faltando la combinación semántica-episódica.
Finalmente, apoyó la punta del marcador sobre la intersección de los círculos.
—Y Nader probó que cuando un recuerdo se reactiva, se vuelve inestable. Lábil. Necesita reconsolidarse. Pero esa reactivación no siempre es total. Puede emerger la dimensión emocional sin la narrativa que la contextualiza como decía LeDoux. — dijo señalando todo el esquema que había hecho.
—General, eso no es una cebolla—. Se atrevió a decir Steffan.
—No lo es en el sentido anatómico, sino en un sentido dinámico, y con eso me refiero a que hay como en una cebolla, capas, en este caso, de activación, y dichas capas no están una dentro de otra, sino una sobre otra, más como un palimpsesto, es decir que no todo se revela en un sentido lineal o al mismo tiempo, sino según la prioridad.
Axel levantó la mirada hacia Sorell quien parecía estar y no estar presente en el espacio-tiempo.