El regreso a Friburgo fue un borrón de luces de neón y lluvia golpeando el parabrisas. Elena conducía con una agresividad gélida, mientras Liam, en el asiento del copiloto, sostenía contra su pecho el sobre con la carta de Alice y los diarios originales que Franz Weber les había confiado. El Waze en el tablero marcaba apenas tres minutos para la llegada, pero cada segundo se sentía como una traición al cronómetro vital de Jäger.
Al cruzar el umbral del laboratorio, el ambiente era asfixiante. Axel y Steffan no se habían quedado de brazos cruzados. Ante la inestabilidad de Sorell, habían improvisado dos estaciones de monitoreo adicionales dentro de la cabina de observación donde Retsor seguía confinado. Era un ecosistema de cables, pantallas térmicas y el sonido errático de los respiradores.
—Está empeorando. Nos estamos quedando sin tiempo —dijo Axel sin apartar la vista de los monitores cuando los vio entrar—. Sorell ha entrado en una fase de sueño REM profundo, pero su actividad cerebral sugiere que está en medio de lo que yo supongo es un combate. El pulso de Jäger es... —el General hizo una pausa, con la mandíbula apretada— es casi imperceptible.
Liam dejó los diarios sobre la mesa central, ignorando el sudor que le corría por la frente. Sus ojos fueron directos a los terminales del Sustrato-X, que seguían emitiendo un zumbido sordo, el mismo que había empezado tras el fallo eléctrico que desencadenó el traspaso.
—Seguramente el sistema de Sorell está intentando procesar la memoria de Django, por cómo sucedieron las cosas. No tiene la paz que representa Jäger, sino el conflicto que inició todo.
—El señor Weber —intervino Elena—nos explicó la teoría que tenía su nieta, nos dijo que si queríamos arreglar esto debíamos acceder a la frecuencia de Jäger. Además, antes de irnos, pidió disculpas por los daños que pudiera haber causado su nieta, y confiaba en que la información de nos dio, y los diarios de Django, nos fueran de ayuda para arreglar las cosas antes de que fuera tarde, pues se culpaba de no haber atendido mejor las ideas de Liana para corregirla o contenerla.
—Necesitamos sintonizar la frecuencia del perro, como les ha contado la señora Rhuad—respondió Liam—. Voy a ajustar el Filtro de Resonancia Sináptica para que coincida con los intervalos neutros de Jäger. Necesito que el Sustrato-X deje de enviar la agresividad del "Soldado" y empiece a transmitir el estado de calma biológica del animal. Steffan, necesito que me ayudes también a ajustar el modulador GABA. Si logramos que la mente de Sorell reconozca esa paz, el sistema dejará de freír sus neuronas.
Steffan se posicionó frente al dispensador químico del Sustrato-X. —¿Quieres los mismos niveles que con Retsor?
—No, esto es mucho más peligroso —sentenció Liam mientras sus dedos volaban por la pantalla—Antes queríamos que Retsor recordara; aquí queremos que Sorell "se apague" para que el Soldado no la destruya. Invierte el orden de la mezcla ahora mismo.
Steffan abrió los ojos con sorpresa. —Si invierto el orden y elimino el componente estimulante, la D-ciclo serina, le quitaremos al cerebro de Sorell la capacidad de reaccionar.
—Exacto. No quiero que reaccione, quiero que sea un lienzo en blanco —explicó Liam con urgencia—. Satura el análogo de gabapentina al máximo. Imagina que el cerebro de Sorell es una casa en llamas por culpa de la rabia de Django; el glutamato es el fuego que está consumiendo sus neuronas. El modulador GABA tiene que ser la inundación que apague ese incendio. Si no forzamos este silencio químico, el "Soldado" provocará un cortocircuito que la dejará vegetal antes de que Jäger pueda enviarle su señal de paz.
Steffan se quedó procesando un momento la información, en su mirada se reflejaba la indecisión puesto que dudaba de la teoría de Liam y los padres de la chica, además, estaban presentes.
—Muchacho, haz lo que tu compañero dice, no hay muchas opciones, y recuerda, el tiempo apremia. — respondió el general Rhuad, con la firmeza que lo había llegado lejos en la carrera militar.
Steffan asintió, comprendiendo la brutalidad de la maniobra. —Entendido. Eliminaré los estimulantes — 10 minutos después, rompió el silencio diciendo — Ajustando el calentamiento a 39 grados para que la mezcla sea estable. Si no mantenemos esa temperatura, los componentes se separarán y el efecto será nulo.
—Carajo Steffan, ¡muévete! —ordenó Liam—. Necesitamos que su mente sea un receptor vacío, tal como funcionó con Retsor cuando logramos silenciar su trauma. Solo que esta vez, el silencio debe ser absoluto.
Steffan accionó la secuencia de centrifugación lenta y cinco minutos después el líquido ámbar comenzaba a fluir por las vías intravenosas hacia el brazo de Sorell. Poco a poco, las líneas erráticas y violentas de sus monitores cerebrales empezaron a aplanarse, transformándose en una marea lenta y profunda. El "incendio" químico estaba siendo sofocado.
Liam giró entonces, con una precisión casi quirúrgica, el dial de la Fase de Integración de Huésped. El diapasón de cobre sobre la mesa empezó a vibrar, emitiendo un zumbido que se sincronizó con el latido de Jäger.
De repente, para Sorell, el zumbido del laboratorio se convirtió en el eco de un túnel profundo. El mundo físico desapareció.
—Parece que hay… ¿calma? — comentó Elena al ver los gráficos. Si bien ella era una historiadora, y la ciencia no era su fuerte, había que reconocer, que haber convivido con su marido por tantos años, había surtido cierto efecto intelectual en ella, pues, aunque no entendió por completo todo lo que Liam decía ni comprendía con gran precisión lo que aparecía en las pantallas, sabía que con relación a lo que se mostraba hace un momento, había existido un cambio.