Tres horas. El reloj biológico de Liam sólo le había permitido dormir tres horas luego de haber llegado del laboratorio. Si bien no se levantó a la hora normal, de igual manera, era temprano.
Se sentía alterado con todos los hechos, pero no en el sentido tradicional, sino más bien, como cuando intentas cargar muchas cosas entre las manos y temes que algo se caiga; sí, más bien, preocupado por lo mucho o poco que pudiera haber dicho Liana.
Colocó música una vez más para dejarse llevar, mientras se ponía la ropa de deporte. Salir con Jäger por primera vez siendo sólo un perro, sería algo interesante.
Caminaron por las calles de Friburgo bajo una luz grisácea y neblinosa. Ver a Jäger comportarse como un canino común era el mayor triunfo de Liam, aunque también representaba un nuevo reto logístico. Al ser un perro grande y no haber tenido una socialización normal, educarlo iba a ser una tarea de paciencia. Jäger parecía haber desarrollado una afición casi obsesiva por olfatear los fluidos de otros perros en cada esquina, deteniéndose con una fijeza analítica que le resultaba jocosa a Liam.
—Vamos, Jäger, un poco de decoro —murmuró Liam, tirando suavemente de la correa mientras el perro ignoraba por completo su linaje militar para concentrarse en un hidrante—. No creo que Django diseñara tu olfato para esto, pero me alegra que sea tu mayor preocupación hoy.
Al volver al apartamento, Liam no permitió que el silencio se instalara. Encendió de nuevo su equipo de sonido, dejando que una melodía rítmica llenara el espacio mientras se dirigía a la cocina, y como siempre, se sirvió su clásico desayuno: cereal con leche. Se sentó a comer mecánicamente, escuchando el crujir de los cereales mientras procesaba mentalmente los argumentos que usaría ante su familia.
Mientras apuraba los últimos restos de leche del tazón, su teléfono vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Sorell.
Sorell:
Liam, te esperamos en el laboratorio en una hora. Tus padres y el coronel Retsor ya están de camino; quieren hablar y procesar todo lo que pasó ayer con calma. Steffan se ha quedado allí para organizar un poco el caos de las máquinas y el Sustrato-X. Ven cuando estés listo.
Liam dejó el tazón en el fregadero y se quedó mirando el reflejo de la luz en la ventana. La calma de la música y el desayuno empezaba a verse empañada por la inminente reunión. Sabía que enfrentar a los Türme frente al coronel Retsor sería el paso definitivo para cerrar el capítulo de las mentiras de Liana. Tomó un baño, se vistió con ropa limpia, le dio una palmada cariñosa a Jäger —quien ya se había apropiado de un rincón de la alfombra— y salieron hacia el laboratorio. No tenía idea de que, mientras él disfrutaba de su cereal, Liana Weber ya estaba moviendo las piezas para intentar convertir esa reunión en una emboscada.
El trayecto hacia el laboratorio fue inusualmente tranquilo. Liam conducía con una mano en el volante, tamborileando los dedos al ritmo de la música que seguía sonando en el coche, tratando de retener esa sensación de normalidad que el cereal y el paseo con Jäger le habían proporcionado. Sin embargo, al parquear cerca del umbral del edificio de la universidad en Friburgo, el aire cambió, se respiraba la tensión que generaba tener que dar explicaciones.
Junto a una Toyota negra, se veía recostada en el capó a Sorell. Aparentemente aquella chica tampoco había dormido mucho, y se veía incluso más cansada que Retsor o Steffan, seguramente por la aventura mental que había vivido.
—Justo a tiempo— dijo Sorell rompiendo el silencio. —Steffan ha dicho que se quedará a limpia un poco. Mis padres han acordado con el coronel ir juntos en el auto de los Rhuad y que yo vaya contigo para que lleves una cara familiar de copiloto.
—Válido— expresó Liam. — Será mejor que arranquemos.
Veinte minutos después ya estaban a mitad de camino. El general Rhuad, sabía bien cómo conducir rápido pero siempre bajo control, Liam estaba fascinado por el ritmo que llevaban. La música transmitía todo lo contrario a la escena que estaban por enfrentar, la compañía de Sorell, aunque silenciosa, le brindaba paz y tranquilidad. Casi parecía como un viaje familiar, acompañado de su pareja y su perro.
—Sorell…— se aventuró a decir Liam, no sería una declaración de amor, pero lo que debía decir definitivamente era importante.
—Liam—contestó cortésmente la chica, aunque con un aire de seriedad tangible.
—Quería disculparme contigo por haberme sentido traicionado por ti, sabiendo que nunca fue tu intención tener con antelación, información sobre mi proyecto, de hecho, gracias a que lo tenías, pudimos avanzar en tiempo récord. Debo admitir que de alguna manera también agradezco a Liana porque me hizo ver tu conferencia, y nos guió al enviarte la información.
Liam miró de reojo a la chica, esperando una respuesta. La expresión de ella era indescifrable, parecía conmovida por la disculpa, pero a la vez indignada y pensativa. Entonces habló —No tienes que disculparte Liam, fue una reacción muy humana de tu parte, y sí, también agradezco a Liana a pesar del giro de los acontecimientos. Pero más que eso, agradezco las coincidencias de que tu vieras mi conferencia, y que nos hubiéramos encontrado aleatoriamente. Creo que lo que ha sucedido fue la forma de redimir la culpa de mis padres, un secreto que, de no ser por ti, jamás hubiéramos podido resolver. Amaranta era una niña preciosa, ¿sabes? Es una pena lo que pasó.