Proyecto Moros: Tiempo Muerto

Capítulo 2: Tic Tac

El cronómetro invisible ya estaba en marcha. Sesenta minutos no eran nada para despedirse de una vida entera. En las calles, el aire se volvió denso, cargado de una histeria colectiva que empezaba a estallar en forma de bocinazos, gritos y gente corriendo sin rumbo.

​Thiago sintió que el corazón le golpeaba las costillas con una fuerza violenta. Miró a Eros y a Joseph; sus amigos, sus hermanos de toda la vida, ahora parecían extraños marcados por una sentencia de muerte.

​—¡Tengo que irme! ¡Nico y mi viejo están solos! —gritó Thiago, con la voz quebrada por la urgencia.

​Eros lo agarró del hombro, apretando con fuerza. Su rostro, siempre lleno de bromas, era ahora una máscara de terror puro.

—¡Thiago, espera! ¿Qué vamos a hacer? ¿Dónde nos vemos?

​—¡En casa! ¡Vayan a sus casas! —Thiago se soltó del agarre y empezó a correr como nunca lo había hecho. Sus zapatillas golpeaban el pavimento mientras esquivaba a personas que lloraban de rodillas en mitad de la acera. No miró atrás. Solo tenía una imagen en la cabeza: su hermanito pequeño abrazado al peluche sucio, esperando a que el hermano mayor que siempre lo protegía volviera para decirle que todo era una broma.

​Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, Isabel y Jinx estaban en una cafetería, rodeadas de pantallas que ahora solo mostraban el logo estático de Kairós en un rojo sangre.

​Isabel dejó caer su tableta. El cristal se astilló contra el suelo, pero ella ni siquiera parpadeó. Su mente, siempre tan lógica y calculadora, se había bloqueado.

—Dieciséis a diecinueve años... —susurró, con los labios temblorosos—. Jinx, estamos en la lista. Nos van a llevar.

​Jinx, que siempre presumía de ser la más dura, se pasó las manos por su cabello azul, tirando de él con desesperación. Sus ojos estaban inyectados en sangre.

—Mi madre está en el hospital, Isabel. No voy a llegar. No voy a poder decirle adiós.

​Sin decir una palabra más, Jinx saltó sobre la mesa y salió corriendo hacia la salida, empujando a los clientes que se amontonaban en la puerta. Isabel se quedó allí un segundo más, mirando el vacío, dándose cuenta de que todos sus planes de universidad, sus notas perfectas y sus ambiciones acababan de ser borrados por una voz que venía del futuro.

​En el taller, la escena era desgarradora. El padre de Marco no lo soltaba. Lo rodeaba con sus brazos manchados de grasa, sollozando contra su cuello mientras Marco intentaba asimilar que le quedaba menos de una hora de oxígeno en ese mundo.

​—No te pueden llevar, Marco. No eres un soldado, eres mi hijo —repetía su padre una y otra vez, con la voz rota.

​Marco miraba por encima del hombro de su padre hacia la entrada de la casa. Su madre había salido al jardín, gritando el nombre de Lucía, quien lloraba sin entender por qué el cielo se había vuelto violeta. Marco sintió una frialdad absoluta. Tenía dieciocho años. Estaba en el rango. Iba a morir por gente que aún no había nacido.

​Andrés llegó a su portal jadeando, con el sabor a metal de la fatiga en la boca. Subió las escaleras de tres en tres y abrió la puerta de su casa de un golpe. Su madre estaba de pie en el salón, con el teléfono en la mano, marcando un número que ya no daba señal. Las comunicaciones se estaban cayendo.

​Cuando lo vio, ella soltó el aparato y corrió hacia él, envolviéndolo en un abrazo tan fuerte que le dolió el pecho.

—No te vayas, Andrés. Por favor, no te vayas —suplicaba ella entre espasmos de llanto.

​Andrés no respondió. Miró el reloj de la cocina. Quedaban cincuenta y dos minutos. El proyecto de historia que tanto le había costado terminar seguía sobre la mesa, un montón de papeles inútiles sobre un pasado que ya no importaba, frente a un futuro que venía a reclamar su sangre.

​La cuenta regresiva continuaba, y en cada hogar del mundo, el tiempo se escurría como arena entre los dedos.

Thiago subió las escaleras de su edificio de dos en dos, ignorando el dolor punzante en sus pulmones y el sabor a hierro que le llenaba la boca. Al llegar a su piso, encontró la puerta entornada. Entró de golpe, tropezando con sus propios pies, y vio a su padre sentado en el sofá con la cabeza entre las manos, mientras Nico, con su peluche de dinosaurio apretado contra el pecho, miraba fijamente la pantalla del televisor que solo mostraba estática.

​Al ver a su hermano mayor, Nico corrió hacia él y se abrazó a sus piernas con una fuerza que casi lo derriba.

​—¡Thiago! ¿Escuchaste eso? —preguntó el niño con la voz temblorosa, levantando la vista. Sus ojos grandes estaban llenos de lágrimas contenidas—. El cielo habló muy fuerte. Decía que se van a llevar a los chicos... que se van a llevar a los de tu edad. ¿Por qué, Thiago? ¿A dónde vas a ir?

​Thiago sintió un nudo en la garganta que casi le impide respirar. Miró a su padre por encima de la cabeza de Nico; el hombre levantó la vista, con los ojos inyectados en sangre y una expresión de derrota total. No sabía qué decirle a su hijo pequeño. No tenía fuerzas.

​Thiago tragó saliva, forzó una sonrisa y se puso de cuclillas para quedar a la altura de su hermano. Le puso las manos en los hombros, tratando de que no notara cómo le temblaban los dedos.

​—Ey, campeón, tranquilo. No es lo que parece —dijo Thiago, usando ese tono suave que siempre empleaba cuando Nico tenía pesadillas—. ¿Viste que decía que es un proyecto del futuro? Es como un videojuego gigante, Nico.

​El niño parpadeó, confundido, pero dejando de sollozar por un momento.

​—¿Un videojuego?

​—Sí —mintió Thiago, sintiendo que el corazón se le partía en mil pedazos—. Resulta que en el futuro se quedaron sin gente que sepa jugar bien, y como yo soy el mejor capitán de la casa, me han seleccionado para ir a probar un mundo nuevo. Es como una misión secreta de astronautas.

​—Pero... dijeron que podías morir —susurró Nico, volviendo a apretar su peluche.



#635 en Fantasía
#381 en Personajes sobrenaturales
#313 en Thriller
#130 en Misterio

En el texto hay: traicion, zombies, guerra

Editado: 10.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.