Proyecto Moros: Tiempo Muerto

Capítulo 8: Vivos

El sol de Morfos apenas lograba atravesar la capa de neblina gris cuando los cuatro cruzaron el umbral del sótano. Marco iba delante, apretando el bate de aluminio hasta que los nudillos le quedaron blancos. Eros caminaba un paso por detrás, mirando obsesivamente hacia las azoteas, mientras Jinx e Isabel se mantenian pegadas la una a la otra, sintiendo el frio de la mañana calarles los huesos.

​—¿Por donde fue exactamente, Marco? —pregunto Jinx en un susurro, rompiendo el silencio sepulcral de la calle.

​—Tres manzanas hacia el norte, cerca de una plaza con una fuente rota —respondio Marco sin girarse—. Nos separamos en un callejon detras de un videoclub. Estaba lleno de esas cosas.

​—A lo mejor ha vuelto al refugio por otro camino —dijo Isabel, intentando convencerse a si misma—. Thiago es listo, sabe que no debe quedarse quieto en un solo lugar.

​Eros soltó una risa amarga que sonó como un crujido de ramas secas.

​—Ser listo no te sirve de nada cuando tienes a veinte de esos tipos encima, Isabel. Solo espero que no haya intentado jugar a ser el salvador otra vez. Ese es el problema de Thiago, siempre piensa en los demas antes que en su propio cuello.

​—¡Cierra la boca, Eros! —le espeto Marco, deteniendose en seco y encarándolo—. Thiago esta vivo porque es un luchador. Si estas aqui es porque el no te dejo atras cuando podria haberlo hecho.

​—Ya, y mira donde nos ha traido eso —respondio Eros, señalando las ventanas rotas y los coches calcinados—. Estamos en mitad de una ciudad muerta buscando a alguien que probablemente ya no es humano.

​Siguieron caminando mientras la tension crecia entre ellos. La charla ayudaba a tapar el miedo, pero cada palabra pesaba mas que la anterior. Cruzaron una avenida ancha donde los restos de un mercado ambulante de 2001 estaban desparramados por el suelo: fruta podrida, ropa vieja y periodicos amarillentos que hablaban de un mundo que ya no existia.

​—¿Habeis oido eso? —pregunto Jinx de repente, agarrando a Isabel del brazo.

​Se detuvieron en mitad de la calzada. Al principio no era mas que un murmullo, como el sonido de una television sin sintonizar o el viento arrastrando hojas secas. Pero el sonido empezo a ganar cuerpo, convirtiendose en un latido sordo que hacia vibrar el asfalto bajo sus pies.

​—Viene de detras de ese edificio de correos —señalo Marco, apuntando hacia una esquina donde la calle se ensanchaba.

​Se pegaron a la pared de un estanco, moviendose con una cautela infinita. Al asomarse, el aire se les escapo de los pulmones. No era un grupo de infectados, era una marea. Una horda de cientos de personas de la epoca, con las ropas desgarradas y la piel del color del carton mojado, avanzaba ocupando toda la avenida de lado a lado. Caminaban con un balanceo mecanico, chocando unos con otros en un silencio absoluto que solo era roto por el arrastrar de sus pies.

​—Dios mio... son miles —susurro Isabel, sintiendo que las piernas le fallaban.

​—No podemos pasar —dijo Eros, retrocediendo con la cara empapada de sudor—. Si intentamos rodearlos nos veran. Marco, hay que dar la vuelta ahora mismo.

​Marco se quedo mirando la masa humana con desesperacion. Sabia que si daban la vuelta, se alejarian mas de la ultima posicion de Thiago, pero la horda era una fuerza de la naturaleza contra la que no podian luchar. Justo cuando Marco iba a dar la orden de retirada, una estructura de andamios vieja en la acera de enfrente cayo al suelo con un estrepito de metal chocando contra el cemento.

​El sonido fue como una campana de cena. La horda entera se detuvo en seco. Miles de cabezas con ojos blancos y vacios se giraron al unisono hacia donde estaban ellos. El silencio que siguio fue lo mas aterrador que habian sentido jamas. Entonces, el primer infectado solto un grito agudo que desgarro el aire y la marea humana empezo a correr con una ferocidad ciega hacia su posicion.

​—¡CORRED! —rugio Marco, empujando a las chicas hacia un callejon lateral.

La carrera por los callejones de Morfos era un caos de pulmones ardiendo y botas golpeando el pavimento irregular. El estruendo de la horda detrás de ellos no era un sonido humano, era como un alud de piedras rodando montaña abajo. Marco encabezaba el grupo, girando en esquinas cerradas y saltando sobre bolsas de basura acumuladas, mientras los gritos de los infectados se sentían cada vez más cerca.

​Al llegar a una intersección inundada por el agua de una tubería rota, un camión de mudanzas atravesado bloqueó el camino principal, dejando solo dos brechas estrechas a los lados. En la confusión del pánico y el ruido ensordecedor, el grupo se fracturó de forma instantánea. Marco e Isabel saltaron hacia el lado izquierdo, deslizándose por un hueco entre el camión y una tienda de discos, mientras que Eros y Jinx, cegados por la urgencia, tiraron hacia la derecha.

​Marco e Isabel lograron entrar en un lugar cuya puerta de cristal estaba hecha añicos.

​—¡Marco, no están! ¡Se han quedado fuera! —gritó Isabel entre sollozos, tratando de recuperar el aire.

​—¡Cállate e intenta respirar, Isabel! ¡Si nos oyen, echarán la puerta abajo! —le espetó Marco, asomándose con cautela por la ventana.

​—¡Es que no podemos dejarlos así! ¡Primero Joseph, luego Thiago y ahora ellos! ¡Nos estamos quedando solos, Marco!

​Marco se giró bruscamente y le agarró los hombros con fuerza, obligándola a mirarlo a los ojos.

​—Escúchame bien. Eros es un cobarde, pero sabe correr cuando le va la vida en ello. Y Jinx es más dura de lo que parece. Ahora mismo nuestra prioridad es salir de este edificio sin que nos muerdan. Vamos a movernos por los pisos superiores, buscaremos una forma de saltar al bloque de al lado. No voy a perder a nadie más hoy, ¿me oyes?

​Isabel asintió con la mirada perdida, limpiándose las lágrimas con la manga sucia de su chaqueta, mientras Marco empezaba a probar la resistencia de la siguiente puerta del pasillo.



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En el texto hay: traicion, zombies, guerra

Editado: 10.04.2026

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