Proyecto Moros: Tiempo Muerto

Capítulo 15: Misión Rescate

Eros y Jinx irrumpieron en el refugio con la ropa hecha jirones y el rostro cubierto de hollín. Entraron tropezando, con la respiración tan agitada que apenas podían articular palabra. Carlos, que estaba terminando de limpiar una mesa, se puso en pie de un salto al verlos llegar solos.

​—¡Eros! ¡Jinx! —gritó Carlos, corriendo hacia ellos—. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde están Thiago y Marco? ¿Lo consiguieron?

​Jinx se desplomó en un banco de madera, con lágrimas surcando la suciedad de sus mejillas.

​—Se los llevaron, Carlos... —sollozó ella, cubriéndose la cara—. La Legión estaba allí. Aparecieron de la nada en cuanto el botón se activó. Daniel... Daniel los tiene.

​Eros, descargando toda su rabia y su miedo, golpeó una taquilla metálica con el puño, haciendo un estruendo que atrajo a todos los presentes.

​—¡¿Dónde demonios estaban vuestros vigías?! —rugió Eros, encarando a Carlos y a Linda, que acababa de entrar al oír el alboroto—. ¡Se supone que nos cubríais las espaldas! ¡Dijisteis que avisaríais si Daniel movía un solo dedo! ¡Casi nos matan a todos por vuestra maldita incompetencia!

​Linda se quedó lívida, con los ojos muy abiertos.

—No vimos nada, Eros. Te lo juro. Hemos tenido gente en cada azotea del perímetro. No ha habido movimiento de vehículos, ni señales, ni nada... No tiene sentido que hayan llegado hasta el subsuelo del Nodo sin que nadie diera la alarma.

​Carlos se quedó inmóvil, procesando las palabras de Linda. Su mente empezó a trabajar a toda velocidad. Miró hacia la entrada, luego hacia los pasillos laterales del refugio. Una sombra de sospecha empezó a oscurecer su rostro.

​—Si no pasaron por fuera... es porque ya estaban dentro —murmuró Carlos, bajando la mano hacia su pistola—. Si nadie avisó, no fue por incompetencia, Linda. Fue por traición. Tenemos un infiltrado.

​El silencio que siguió fue sepulcral. Todos empezaron a mirarse entre sí con desconfianza. En ese instante de tensión máxima, una figura se materializó desde las sombras del pasillo trasero, justo detrás de Eros y Jinx. Era Mateo, uno de los chicos que supuestamente cuidaba el ala este del refugio. Tenía el rostro desencajado y sostenía un fusil con manos firmes, apuntando directamente a la nuca de Carlos.

​—Nadie se mueva —susurró Mateo con una voz fría que nadie le conocía—. Daniel me prometió que si le entregaba a Thiago, mi familia en el 2026 recibiría una compensación. No voy a dejar que arruinéis mi trato.

​Jinx ahogó un grito y Eros se quedó petrificado. Mateo empezó a apretar el gatillo, con la intención de limpiar el camino para los legionarios que seguramente ya venían de camino.

​Sin embargo, antes de que el primer disparo saliera del arma de Mateo, una figura surgió de la oscuridad absoluta detrás de él. Hugo, que había estado haciendo guardia en los túneles inferiores, apareció como un fantasma. Sin mediar palabra y con una frialdad militar, Hugo le rodeó el cuello con un brazo y disparó su pistola directamente a la base del cráneo del traidor.

¡BANG!

​Mateo cayó al suelo como un fardo de ropa vieja, soltando el fusil. Hugo se quedó allí de pie, mirando el cadáver con una expresión de asco puro, mientras el humo salía del cañón de su arma.

​—En mi base no hay sitio para las ratas —sentenció Hugo, mirando a Carlos y luego a Eros—. Pero ya es tarde. Si este imbécil ha hablado, Daniel ya sabe dónde estamos. Tenemos que movernos ya, o el refugio se convertirá en nuestra tumba.

El refugio se convirtió en un avispero. Carlos, con la autoridad que le daba la urgencia, empezó a dar órdenes a gritos para que el grueso del grupo saliera por los túneles del alcantarillado hacia un punto de extracción seguro.

​—¡Rápido! ¡Llevaos los suministros médicos y salid por el sector sur! —gritó Carlos. Luego, se giró hacia el núcleo duro que quedaba en la sala: Hugo, Linda, Eros y Jinx—. Nosotros nos quedamos. No vamos a dejar a Thiago y a Marco en manos de ese psicópata. Rescataremos a esos dos imbéciles aunque sea lo último que hagamos.

​—Sin duda lo haremos —respondió Linda, cargando su rifle con una determinación feroz—. Daniel va a aprender que no puede entrar en mi casa y llevarse a mi gente.

​—Yo no lo haré —soltó Eros de repente.

​Sus palabras cayeron como un cubo de agua helada. Jinx se giró hacia él, con los ojos muy abiertos, sin poder creer lo que acababa de oír.

​—¿Qué? ¿De qué hablas, Eros? —le recriminó Jinx, acercándose a él—. ¡Thiago te salvó la vida mil veces! ¡Es tu amigo!

​Eros la agarró por los hombros, ignorando las miradas de odio de Hugo y Carlos. Sus ojos estaban inyectados en sangre, movidos por un pánico racional y frío.

​—Escúchame, Jinx —le dijo, bajando la voz pero con intensidad—. Ya activaron un botón. El Nodo X está encendido. Solo faltan dos. Si nos vamos ahora, podemos buscar los otros nodos nosotros mismos. No necesitamos pelear una guerra que no es nuestra. Podemos volver al 2026... tú y yo, juntos. Estaríamos a salvo, lejos de estos locos y de los muertos.

​Jinx lo miró como si no lo conociera. Lentamente, una expresión de asco reemplazó a la sorpresa. Sin previo aviso, levantó la mano y le cruzó la cara con una cachetada que resonó en todo el sótano.

​—Pensé que eras otro tipo de persona, Eros —dijo Jinx con la voz quebrada—. Pensé que debajo de todas tus bromas había alguien con huevos. Pero solo eres un cobarde que usa el amor como excusa para huir.

​Eros se acarició la mejilla, con la mirada endureciéndose. La humillación se transformó en una barrera defensiva.

​—No te voy a obligar a nada —le escupió Eros, retrocediendo hacia la salida—. Si quieres quedarte aquí y morir por creerse una heroína, no te voy a detener. Pero yo no voy a ser el siguiente cuerpo que Carlos cuente en sus fotos.

​Antes de que pudiera dar un paso más, Carlos avanzó con una rapidez asombrosa y lo agarró de la pechera de la chaqueta, levantándolo casi del suelo. La cara de Carlos estaba a centímetros de la de Eros, y su aliento olía a tabaco y cansancio.



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En el texto hay: traicion, zombies, guerra

Editado: 10.04.2026

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