Proyecto Patagonia

CAPÍTULO 1: LA MISIÓN

El silencio tenía un sonido.

No era el vacío. Tampoco el rumor lejano de las estrellas ni el zumbido constante de los motores de curvatura. Era algo mucho más antiguo: la ausencia absoluta de vida. Un silencio tan perfecto que ningún ser humano habría podido soportarlo sin sentir que la cordura se deshacía poco a poco.

La nave Asterion IX avanzaba entre nebulosas apagadas y sistemas solares extinguidos con la precisión de una aguja atravesando un océano inmóvil. Su casco negro absorbía la luz de las estrellas cercanas, de modo que desde el exterior parecía un fragmento de oscuridad desplazándose por el universo.

En su interior no había ventanas.

No había música.

No había conversaciones.

Solo largas galerías iluminadas por una tenue luz azul y cientos de figuras inmóviles que permanecían conectadas a columnas cristalinas. Ninguno dormía. Ninguno descansaba. Simplemente esperaban.

La especie de Kael no necesitaba nada de eso.

El hambre había sido erradicada hacía más de cuarenta mil ciclos.

El sueño era considerado una pérdida de tiempo.

Las emociones, un defecto evolutivo.

La risa, un concepto archivado hacía milenios.

Todos existían para cumplir una función.

Y Kael era el mejor de todos.

Frente a él se extendía un inmenso salón circular donde flotaban hologramas de miles de galaxias. Cada estrella representaba un mundo catalogado; cada punto rojo, una civilización extinguida; cada punto azul, una especie bajo observación.

Solo un punto brillaba con un color ámbar.

Sistema Solar.

Tercer planeta.

Estado: pendiente.

Una voz sin timbre ni emoción llenó el recinto.

—Agente KX-317.

Kael avanzó sin emitir sonido.

Era alto, de complexión esbelta y movimientos exactos, como si cada paso hubiera sido calculado antes de ejecutarse. Su piel poseía un tono gris plateado que parecía cambiar con la luz, y sus ojos, completamente negros, carecían de pupilas.

No existía el miedo en su especie.

Tampoco la curiosidad.

Solo la obediencia.

En el centro de la sala apareció una figura gigantesca formada por miles de partículas luminosas.

El comandante Vorak.

—Ha llegado el momento.

Kael permaneció inmóvil.

—Recibirás tu asignación definitiva.

Miles de símbolos comenzaron a girar alrededor del salón.

Galaxias.

Coordenadas.

Datos biológicos.

Registros históricos.

En cuestión de segundos, toda la información conocida sobre un pequeño planeta azul quedó suspendida frente a él.

Entonces apareció un título.

PROYECTO PATAGONIA

Estado: ACTIVO.

Objetivo: Extinción de la especie humana.

Kael observó los datos sin modificar un solo músculo del rostro.

La Tierra.

Un planeta joven.

Violento.

Inestable.

Capaz de construir hospitales y bombas nucleares con la misma facilidad.

Durante siglos, la Confederación Galáctica había seguido la evolución de aquella especie.

Los informes coincidían.

Creatividad extraordinaria.

Capacidad de adaptación excepcional.

Agresividad elevada.

Potencial de expansión impredecible.

Riesgo para otras civilizaciones: 99,98 %.

La decisión había sido unánime.

La humanidad debía desaparecer antes de abandonar su sistema solar.

Vorak continuó.

—Los humanos creen ser únicos.

Otro holograma apareció.

Ciudades.

Guerras.

Incendios.

Océanos contaminados.

Animales extinguidos.

Explosiones.

—Su historia demuestra un patrón irreversible de autodestrucción.

Las imágenes cambiaron.

Niños riendo.

Personas abrazándose.

Científicos trabajando.

Músicos.

Pintores.

Bomberos salvando vidas.

Kael observó aquellas escenas durante apenas un segundo.

Vorak hizo desaparecer todo.

—Esas anomalías emocionales no modifican el resultado estadístico.

Silencio.

—La especie será eliminada.

Kael respondió por primera vez.

Su voz era serena.

Casi mecánica.

—¿Probabilidad de éxito?

—Cien por ciento.

—¿Probabilidad de interferencia?

—Cero.

Una esfera metálica descendió lentamente desde el techo.

Al abrirse, reveló un objeto del tamaño de una mano.

Parecía una estrella cristalizada.

Latía.

Como un corazón hecho de luz.

—Núcleo Génesis Cero.

El dispositivo definitivo.

Una vez ensamblado sobre la superficie terrestre, emitiría una onda cuántica capaz de desintegrar únicamente a las especies inteligentes.

Los animales sobrevivirían.

Los bosques continuarían creciendo.

Los océanos seguirían su curso.

Solo desaparecerían los humanos.

Como si jamás hubieran existido.

—El núcleo será transportado en cinco módulos de seguridad —explicó Vorak—. Ninguna especie conocida ha logrado activarlo sin autorización genética.

Kael extendió la mano.

La esfera flotó hasta apoyarse sobre su palma.

No sintió nada.

Para él era una herramienta.

Nada más.

—Destino.

El holograma giró lentamente hasta detenerse sobre el extremo austral del continente americano.

Una enorme extensión de color ocre apareció bajo la palabra:

PATAGONIA.

Kael estudió la región.

Baja densidad poblacional.

Gran disponibilidad de agua.

Escasa contaminación electromagnética.

Condiciones ideales.

—Lugar de inserción confirmado.

Vorak inclinó apenas la cabeza.

En su especie, aquel gesto equivalía a una felicitación.

—Has sido elegido porque nunca has fallado.

Era cierto.

En trescientos diecisiete ciclos de servicio había cumplido ciento cuarenta y ocho operaciones de extinción.



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En el texto hay: misterio, cienciaficcion, comedia humor

Editado: 25.07.2026

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