—¿Cómo que ya no hay más? —Raquel giro hacia mí.
—¿No escuchaste, tonta? —Lucas empujó a Raquel— No hubo nota hoy.
Las clases habían terminado. Y como cada día, al final de clase, nos acompañábamos por el camino en común que teníamos. No importaba el clima, siempre íbamos codo a codo, hasta que nuestros caminos nos separaban. Así que no había mejor momento para soltar la bomba y comenzar a maquinar un posible plan. Todo ese juego de notas anónimas debía quedar al descubierto.
—¿Y ahora que haré? —Raquel agitó sus brazos asustando a unas palomas que parecían haber olvidado que podían volar— ¡Hoy es martes de blog!
—Espera, ¿qué? ¿Blog? —nos detuvimos en el cruce peatonal, esperando por nuestro pase, mientras mi pregunta parecía incomodar a Raquel.
—Sí, ya sabes, esos sitios en internet donde escribes lo que quieras y algunas personas lo leen. Esta semana llegue a los diez mil seguidores —su mirada no dio en la mía, en su lugar, observo el parpadeo del foco en rojo.
—¿Y qué mierda escribes, Raquel? —Ian avanzó cuando la luz cambio a verde. Le seguimos.
—¡No les importa!
—Coloca tus notas, Ly —Lucas me señaló. Se tropezó con la banqueta.
—¡Era secreto, imbécil!
—¿Colocas las notas que recibo, Raquel?
—¡Es que son preciosas! —se detuvo por unos segundos y volvió a caminar— Quiero documentar cada cosa que suceda, quiero difundirlo y que todo mundo conozca la preciosa historia que estás formando con la persona de las notas.
—Podría ser un asesino —dijo Lucas.
—Una broma —prosiguió Ian.
—Una equivocación —exclamé.
—¡Puede que no! —Raquel nos dio una mala mirada para proceder a verme de nuevo, entrelazando nuestros brazos— Escucha, puede que no termine bien todo eso de las notas, puede que sí; sin importar que pase, quiero comunicarle a la mayor cantidad de personas que pueda.
—¿Y eso por qué? —cuestione.
—Porque es emocionante. Cuando seas adulto y estés sentado frente a un aburrido escritorio, en un edificio insulso, siguiendo órdenes que te hagan sentir inapetente, vas a querer tomarte unos segundos para ir al baño y leer mi blog, para volver a sostenerte de algo y no acabar vacío.
Lo único que podía escuchar eran los autos pasando, ninguno de nosotros había soltado ninguna palabra.
Raquel a veces soltaba tremendos comentarios que lograban ponernos incómodos por unos segundos.
—No digo que nuestra vida vaya a ser aburrida, pero ¿qué probabilidad hay en que seguiremos juntos? —prosiguió estancándose en un pensamiento reflexivo del futuro.
—Lo haremos —dijo Lucas con el ceño fruncido— ¿Por qué dejaríamos de ser los mejores amigos de toda la historia de la humanidad?
—¿Cuál es la probabilidad, Ly?
Raquel se había colocado frente a nosotros. Se planto con la frente en alto y con el mentón dando espasmos, no sabía si era porque quería llorar o por el frío que estaba haciendo, aun así, se aferraba a sí misma, con los brazos envueltos en su cintura, observándonos para asegurarse de que estábamos tomando en cuenta su idea del futuro.
La idea de crear un álbum con nuestras mejores memorias ya no me parecía tan ridícula.
—Es una probabilidad muy baja —murmure.
—Exacto, mis padres ya ni si quiera recuerdan el nombre de sus mejores amigos de la universidad, mucho menos de la preparatoria. Así que, por favor, Ly, déjame hacer ese blog.
¿Habría algo de malo si subía las notas en conjunto con una rápida descripción del día?
Posiblemente solo estuviera invadiendo mi privacidad, aun así, sabía que tenía razón.
—Está bien —suspire mientras Raquel volvía a mi lado y apretaba aún más mi brazo—, si es un asesino necesitaremos pruebas.
—¡Ly, por favor! Ya sé que es bastante terrorífico recibir unas notas, es decir, ¡podría ser un buen libro de terror! Pero...
Los tres en conjunto nos reímos de Raquel. Lucas siempre decía posibles escenarios donde podría llegar a ser asesinado por una persona obsesiva, lo cual, yo también llegue a pensar muchas veces.
Con unas cuentas risas más y chistes sin sentido, llegamos frente a la cafetería del tío Lev, lugar donde mi madre me estaba esperando para tener aquella emocionante (palabra totalmente cargada con sarcasmo, claro) conversación sobre mi futuro.
—Aquí nos despedimos, chicos.
Mi despedida fue totalmente ignorada por culpa de Lucas.
—¿Ese no es Armin y tú mamá?
Todos giramos a ver la escena.
En el gran ventanal que dejaba ver el interior de la cafetería, en la mesa del centro, estaba mi madre, hablando con Armin.
—¿No sé supone que Armin te odia? —Ian provocó con su pregunta que lo viéramos— Es decir, te dejo atrás y ya no te hablo, ¿por qué habla con tu mamá?
—Es obvio —rechistó Lucas—, ¿quién no quiere hablarle a la mamá de Ly? Es agradable, además de guapa.
—Estoy de acuerdo —asintió Raquel—, si yo discutiera con Ly solo iría a su casa por su madre, no por él.
—No olvides a Mortadela —remató Lucas.
—Gracias por decirme que les agrado —ironicé rodando los ojos.
—Es extraño —Ian entrecerró los ojos, ignorando mi berrinche.
—¿Por? —preguntó Lucas.
—Porque Armin y Ly se volvieron a reencontrar en la prepa, han estudiado casi tres años juntos y ninguna vez han interactuado con más de dos frases, hasta esta mañana.
—¿Hablaste con Armin? —Raquel me estrujo el brazo— ¿Qué se dijeron? ¿Ya te pidió disculpas?
—En realidad lo pise... por accidente.
—Apuesto que lo hiciste con odio —asintió Lucas— ¿Aún sigues molesto porque hizo como que no te conocía durante todo el primer día?
—Si me lo recuerdas, sí.
—Aun así —pusimos atención en las palabras de Raquel—, no es una gran interacción que amerite que hable con la mamá de Ly, ¿no lo creen?
—No lo sé. Es mejor que entre, lo averigüe y haga videollamada en la noche para que nos diga.
Los chicos y Raquel asintieron efusivamente, hasta empujándome para que entrara.
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Editado: 13.03.2026