—¡Tienes que acompañarme! —Raquel tiraba de mi brazo.
—Raquel, por favor, no, ¡es sábado!
—¡Por eso, debes vivir!
Raquel detuvo sus pasos y me observo con el ceño fruncido en una mueca pura de malestar.
Para entender la situación tan desagradable que estaba viviendo por culpa de mi nueva y auto nombrada mejor amiga, esta lo siguiente:
Día después de nuestra sesión de estudio / redacción de plan: Raquel había decidió plantarse delante de la puerta de mi casa, donde sin piedad aporreó tanto la puerta que temí que hasta mi abuela que se encontraba en el cementerio de la ciudad vecina, se despertara.
Era sábado, siete de la mañana, cuando abrí la puerta con un ojo cerrado y otro en medio camino, Raquel había saltado sobre mi y con sus gritos me obligó a cambiarme, pues tenía que acompañarla.
Y aquí estaba, siguiéndole el paso con mis pies arrastrándose por las calles y el frío metiéndose debajo de mi camisa con el diseño de un perro pug con ondas punk.
—Al menos dime a donde se supone que te estoy acompañando.
Raquel parecía irritada, a pesar de eso, se veía bien.
Vestía unos pantalones ajustados y acampanados de la parte baja. Llevaba sus icónicas converse sucias y una chaqueta que le estaba envidiando porque se veía suave y calientita, totalmente contrario a la mía, que posiblemente tenía algunas aberturas debajo de las axilas, porque sentía un frío extraño en esa zona.
—Escúchame bien, Lily —con aquel tono usado en mi nombre me puse recto. Significaba que era una situación peligrosa—, ¡estoy harta! Cada sábado voy de desayuno con mis amigas y siempre llevan a algún chico, y yo voy sola. Esta vez no perderé, vendrás conmigo.
—¿Es en serio? —la observé incrédulo— ¡Ni si quiera tengo dinero para el desayuno! Y no se diga de cómo estoy vestido.
—No te preocupes, iremos a la cafetería de tu tío, además, podrás ver a las chicas y sacar conclusiones. Tómalo como una observación directa a la chica qué tal vez te mande notas. Y... a mi me encanta tu playera del mini pug emo.
—Punk —corregí con fastidio—, es un pug punk.
Raquel retomó su camino. No deje salir ninguna frase de mis labios.
Así que sin darle más vueltas, deje que Raquel tirara de mi hasta la cafetería del tío Lev.
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Cuando llegamos a la cafetería, pude sentir lo frías que tenía las mejillas tras haber caminado algunas cuadras en una mañana fría.
En la mesa del fondo, en la zona más apartada, ahí estaban las chicas más identificables de mi salón.
Julia, la chica de baja estatura que siempre que le habla se sonrojaba.
Ann, la chica que fácilmente combatía contra Lance sobre la mujer más imponente.
Sara, la chica antipática, pero que por alguna razón le agradaba a todos, y por último, Lance, ¿debería decir algo más sobre ella?
El punto más llamativo de la mesa, era que no había chicos, Raquel se había detenido, las observo y luego pasó su mirada hacia mi, entre sus pestañeos rápidos avanzamos hasta donde se encontraban las demás, con miradas curiosas y llenas de diversión.
—Raquel —dijo Ann en su tono frío de siempre— ¿se te olvidó que hoy no traeríamos chicos? Tenemos algo que discutir.
La mirada de Ann era ruda hacia mi.
Quedaba totalmente eliminada de la lista de sospechosas.
—¿Por qué de todos lo trajiste a él? —Sara me observo con desagrado mientras pronunciaba aquellas palabras.
Otra más tachada de la lista.
—¡Se puede quedar! —Julia corto el aire tenso que nos rodeaba— No le encuentro problema.
Raquel se movió de manera apenada. La observé detenidamente. Sabía perfectamente que era bastante distraída y que si le pedías algo a los segundos fácilmente se le podría olvidar, así que pensando que esa era otra situación típica de ella. La apoye.
—Perdón si malinterpretaron la situación —sonreí mientras colocaba mis manos en mis bolsillos—, es demasiado temprano para que Raquel esté en las calles, así que me ofrecí a acompañarla. No pensaba quedarme en la misma mesa que ustedes. Además, ¿ven como estoy vestido? No podría presentarme a una cita así.
Raquel me observo con agradecimiento.
—No habría problemas si te sientes con nosotras —todas las miradas cayeron en Lance—, de hecho podrías ayudar.
En ese momento sentí mi corazón latir con agitación.
—Si él se queda yo me voy —pronunció Sara mientras acercaba la silla de Julia hacia ella.
Lance no dejo de observarme con cada segundo que pasaba, y mi mente no dejó de preguntarse porque actuaba de esa manera.
Hacia que mi mente trabajara más de lo que alguna vez lo había hecho, no entendía porque se comportaba como cuando éramos mejores amigos.
El ambiente comenzó a ser más tenso, deje de ver a Lance para observar los rostros de las demás chicas, y la mayoría me pedía a gritos que me alejara.
Así que eso hice.
—No se preocupen, iré a ver al tío Lev —coloqué mi mirada en Raquel—. Si otro día necesitas que te acompañe, dime.
Sin esperar respuesta me aparte, yendo directo hacia el tío Lev quien me observaba de brazos cruzados.
—Siempre metiéndote en problemas.
—Viene de familia, ¿no?
Su mirada se volvió hostil.
Reí ante aquello, siempre disfrutaba de realizar esos comentarios en referencia a mi padre.
El tío Lev solo suspiró para golpearme la cabeza con un menú.
—Ve a sentarte, te llevaré lo de siempre.
—Gracias.
El tío Lev solo asintió y se fue para ir directo a la cocina.
Gire hacia el lugar donde más adoraba sentarme, aquel sitio que estaba junto al gran ventanal y me permitía ver a todo aquel que pasara, pero en lugar de encontrarme con una mesa vacía, donde podía desestresarme, en ella estaba alguien que no esperaba.
Armin.
Él ya me veía desde antes que yo lo hiciera. Y aunque lo atrapé, su mirada no se apartó de mi.
Su mirada era suave, como esas miradas que solíamos darnos cuando terminábamos de reír de niños, y su sonrisa me lo terminaba de confirmar.
Relamí mis labios lleno de nervios.
Debatía mentalmente si acercarme o no. Quería volver a conversar con él, reír con él y hacer chistes con él, escucharlo hablar de algún nuevo libro sobre biología o algún documental sobre expediciones.
Solo quería estar cerca de él de nuevo.
Pero también sabía que él había tenido una razón por haber huido de mi, y cuando huyen de ti, lo mejor es respetar esas decisiones.
Así que, debatiéndome entre mi mente y mis deseos, entre sus miradas tímidas y gestos contraídos, camine hacia donde estaba, con pasos lentos y desconfiados, pero hacia él.
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Editado: 13.03.2026