P.S I love you

Capítulo 9: La incomprendida mente de una fan BL

Miércoles por la tarde.

Había huido de la mirada de Armin, quien no hacía más que tratar de verme. Había huido de los chistes de Lucas, quien solo buscaba sacarme información. Había huido de las miradas intensas de Ian, quien parecía querer decirme algo, pero de lo que no podía huir era de mi cita con Raquel para poder darle fin a mi interrogante interna de si era gay o no. Así que ahora me encontraba en su habitación, con paredes blancas que me hacían enloquecer y con miles de posters que me observaban.

—Esto me emociona mucho.

Frente a mí, Raquel dejó caer diferentes tipos de libros, en ese mismo instante quise retractarme de mi idea desesperada y con vergüenza (más temor que otra cosa), irme para preguntarle mejor a mi madre. Pero ya era demasiado tarde.

—¿Libros? —pregunté, tomando algunos entre mis manos— ¿Vamos a leer? Porque muchos de estos no son mi tipo.

—No, no vamos a leer. Solo, sígueme la corriente, ¿está bien?

—Sin problema.

—Bien, empecemos —con un suspiro, atrajo varios libros con ella, los observó y movía sus labios diciendo algo sin decirlo a viva voz—, aunque primero debo decirte algo que pienso, ¿puedo?

—Sí, dime.

Por unos momentos llevó sus dedos hacia sus labios, quitando con sus yemas las tiras secas de estos, cuando estaba por decirle que dejara de hacerlo porque se lastimaría, habló.

—Creo firmemente que desde la primera vez en la que te preguntas a ti mismo, donde dudas realmente de tu sexualidad, ya tienes más un sí que un no, porque debe haber algún motivo latente que te haga hacerte esa pregunta, ¿no lo crees?

—Puede ser —dije dudoso, porque realmente no sabía si ese hecho sólo se aplicaba a mí o era una verdad universal—, tendríamos que conocer a más personas que tengan esta duda para saberlo.

—Tienes razón, en fin —volvió a verme para sonreírme—, ¿puedes contarme que paso entre tu y Armin cuando se fueron juntos ayer?

Le dije a Raquel, con cada seña y gesto que recordaba, las palabras de Armin y como se esforzaría por conocernos mejor y quizá, llegar a algo más.

—Vaya, no esperaba eso —tras asentir, soltó un aire que parecía más a una risa vaga—. Entonces es por eso que te preguntas sobre tu sexualidad.

—Sí, no quiero iniciar algo y decirle a medio camino que en realidad no me sentía de esa manera. Sería…

—Lo peor —terminó la oración por mí, aunque no con las palabras que iba a decir—, ¿Y dijiste que los test no te funcionaron?

—Solo eran preguntas con estereotipos, eso no funcionaría jamás.

—¿Y si intentamos que te beses con alguien? Una chica o un chico, para ver si te incomoda.

Ambos nos quedamos callados, pues no había más hombres en esa casa que su padre y más mujeres que ella. No quería irme por esas opciones.

—No creo que sea lo mejor.

—Tienes razón —rechisto—, uno de mis vecinos es gay, él me lo contó, es solo dos años mayor que nosotros, quizá y sí le preguntamos cómo se dio cuenta…

—No, quiero mantener privado esto.

—Bueno, entonces no le preguntamos a terceros.

Entre los dos observamos su habitación, como si esta estuviera escondiendo algún punto vital de nuestro racionamiento. Como si con solo estirar nuestras manos, las respuestas llegarán a estas, aunque para Raquel, era así.

—¿Sabes? He leído muchos libros, de muchos géneros diferentes, porque pienso que como lectora nunca debo enlazarme a uno solo, así que leo muchas cosas, aunque supongo que ustedes solo piensan que leo un solo tipo de cosa.

En aquel instante, Raquel me pareció sumergida en una clase de revuelta melancólica, puesto que sus ojos solo estaban dirigidos al piso y su voz se había ido minimizando con cada palabra que decía. No la interrumpí, así que siguió con su monólogo.

»He leído mucho romance. Dramático y simple; contemporáneo y antiguo; con cliché y nuevos estándares; fundamentado y fuera de lugar; rozando la línea de odio y apasionado; pero aún así, no tengo la más mínima idea de que es el amor. No importa que me lea miles de páginas de distintos tipos de romance, yo no tengo la noción de que es, porque no lo he vivido, pero si he estado enamorada e ilusionada, creo que tú lo sabes, ¿no? Pero no digas nada, que de aquí veo tus intenciones de gritar su nombre, así que calla, que aún debo seguir hablando. Como te decía, quizá no tenga la más mísera dirección de a dónde se dirige el amor, pero, como tu amiga, y no cualquiera, sino tu mejor amiga, debo decir que estaré a tu lado, sin importar que tipo de historia vayas escribir en tu vida. Sea un romance normativo o uno que haga cagarse de odio al mundo entero. Siempre estaré para ti.

Con aquello, no me quedó más que suspirar y que con aquel suspiro, un poco de mi incertidumbre palpitante se fuera.

Yo no sabía si era gay, pansexual, bisexual, heterosexual y demás orientaciones, pero de lo que me acababa de dar cuenta, y aunque solo Raquel hubiera hablado, era que había miles de personas apoyándome y amándome. En ese punto abrí mi cerebro hacia la idea de que no importara el segundo en que decidiría a quién iba a amar, siempre habría alguien acompañándome, sea Raquel, mi madre, o una persona del futuro. No estaría solo.




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