Puerta dimensional

Capítulo 18. Carta de sangre

Llegó agosto y, con él, una nostalgia que invadía el corazón de la joven escritora. Para Mariana, agosto era un mes especial, porque marcó un antes y un después de su vida.

Por su parte, Gustavo aún guardaba esas notas manchadas de sangre. Cada agosto las sacaba y las leía, preguntándose qué hubiese sido de él si su hermana fallecía ese día. A pesar de haberse peleado, él siempre velaba por ella a la distancia. Pero hizo falta que cayera el meteorito rosado para reparar los lazos rotos por el rencor, la distancia y el tiempo. En el fondo se sintió un pésimo hermano, debió cuidarla mejor, escucharla y prever sus acciones.

Apenas transcurrió la primera semana. Gustavo evitaba hablarle, pero esa noche la vio mirando por la ventana y se fijó en el extraño brillo de sus ojos. Como se estaba recuperando de sus heridas, no volvió a ingresar a la “Puerta dimensional”. Y durante ese tiempo, extrañó a Sorlac. El joven psiquiatra, conociéndola, sabía que ella no soportaría estar lejos de él cuando finalizaran con la misión. La realidad es cruel y, tarde o temprano, debía madurar y aceptar que la relación no funcionaría. Solo era algo pasajero.

  • ¿Hay algo que necesitas, Mariana? - Le preguntó Gustavo.
  • Nada, hermano – Le respondió Mariana, sin mirarlo – Necesito estar a solas por un momento. No te preocupes, no intentaré cortarme las venas.
  • Confío en ti, descuida. Voy a preparar la cena.

Cuando Gustavo se marchó, Mariana sacó de su bolsillo el transmisor y recordó la dura batalla que tuvieron el mes pasado. Por poco y morían ahí mismo. Pero fue gracias a Gustavo que todos se salvaron. Se aprovechó de los aires de superioridad de los científicos para atraerlos a su trampa. Su hermano siempre fue así, experto con las palabras y la manipulación psicológica.

  • Si supieras, hermano, cómo he luchado estos últimos meses por mantenerme a salvo – dijo Mariana – Antes solo pensaba en mí y en mi desdichada vida. Pero cuando comencé a ingresar a la “Puerta dimensional”, estuve a punto de morir tantas veces que siempre pensaba que “sería mi última vez”. Y pensar que ahora me siento bendecida por permanecer con vida y conocer a personas maravillosas. Por eso volveré a la “Puerta dimensional” y regresaré. Te lo prometo.

Activó el transmisor y se dirigió a la “Puerta dimensional”. Con suerte regresaría en cuestión de minutos para cenar con su hermano, el cual estaría tan concentrado en la cocina que nunca sabría de su huida multiversal.

Se dirigió al edificio “B” y se alegró de ver a su grupo de siempre: Hiro, Sorlac y Jaun.

Mariana se acercó a Sorlac y le dio un beso. Aunque él le correspondió, ella lo sintió distinto. Era como si se volviera frío y distante.

Sin embargo, lo dejó pasar. Más adelante hablarían de lo suyo con calma.

  • Espero no haberles hecho esperar – Les dijo Mariana.
  • Nosotros acabamos de llegar – Dijo Jaun – Al menos me alegro de que estemos todos bien.
  • Yo tuve problemas – Dijo Hiro – Me peleé con mi papá y salí de casa. Pero fue un error, porque esos sujetos volvieron a aparecer y esta vez sí querían atraparme.
  • ¿A ti también? - Le preguntó Mariana, asustada.
  • ¡Sí! Al parecer ya saben que tengo el transmisor. Me escondí en el depósito de mi escuela y activé el transmisor, para tener más tiempo en pensar en algo.
  • Nosotros tampoco la hemos pasado bien – Dijo Sorlac – Hace poco se formó en mi región un grupo radical anti “Asthar”, que sostiene que no necesitamos de su control y que podemos salir solos adelante.
  • ¡Sí! - Dijo Jaun – Y quieren que liberemos a los científicos que se encuentran cautivos. Pero no saben que ellos, ahora, están trabajando para recuperar nuestro mundo y lo dejen tal como estaba antes de desaparecer.
  • Y hay otro grupo que sostiene que dejemos a su suerte a los malvados científicos y al tirano de Asthar – Continuó Sorlac – “Que se pudran aquí”, reclaman.
  • Estamos trabajando duro para restaurar nuestro mundo y nuestra gente nos da la espalda – Dijo Jaun, golpeando el suelo con rabia - ¿Acaso piensan que venimos aquí a divertirnos? ¡Esto es una misión de vida y muerte!
  • Conozco ese sentimiento – Razonó Mariana – Das todo de ti por alguien y luego te despecha como si nada. ¡Ni siquiera te dan las gracias! Pero, al fina, siempre terminas recompensado.

Todos miraron a Mariana. La vieron con un brillo de nostalgia en los ojos, pero prefirieron no preguntar. Todos tenían sus respectivos secretos que por ciertos motivos no deseaban revelarlos a nadie.

  • ¿Y qué tal si nos quedamos aquí? - Preguntó Hiro, rompiendo el silencio y haciendo que todos centraran su atención en él.
  • ¿A qué te refieres? - Le preguntó Mariana.
  • Que nos quedemos aquí, a vivir. No volvamos más a nuestros mundos. Mientras más pasa el tiempo, más desventaja tendremos. Y pronto seremos muy pocos los aliados de Asthar que puedan enfrentarlos.
  • Pero no poseemos tantos recursos para permanecer aquí por mucho tiempo – Dijo Sorlac.
  • Sí. Además, ¿Qué harás con tu familia? - Le preguntó Mariana.
  • Ellos estarán bien sin mí – Respondió Hiro, bajando la cabeza – No soy imprescindible para ellos. Además, aquí no existe la noción del tiempo, por lo que no sentiremos hambre ni sed. ¡Ni siquiera sueño! ¿Qué dicen? ¿Nos quedamos para siempre a combatir a los malos? - Y al decir esto, mostró una sonrisa nerviosa.

Pero no pudieron hablar por mucho tiempo, porque vieron que se acercaba un grupo grande de científicos, de diez integrantes armados hasta los dientes. Mariana se preocupó. El mes pasado apenas resistieron en una agrupación de once miembros. Ahora que eran cuatro, no sabía si realmente saldrían de esa con vida.

Lo primero que pensó fue en usar el transmisor. Estuvo a punto de activarla, cuando sintió que Hiro le tomaba de la mano. Era la primera vez que hacía eso. Mariana lo miró y se dio cuenta de que su cara se tornó pálida del miedo. Ahí lo comprendió todo: Él quería “desaparecer” de su mundo, ir lejos y nunca más regresar. Ella había sentido lo mismo en el pasado, hasta el punto de desear la muerte. Y cada vez que ingresaba a la “Puerta dimensional”, sentía deseos de permanecer ahí para siempre, con sus amigos y su novio. Pero debía regresar. Se prometió acompañar a su hermano a cenar. Además debían restaurar los lazos que frágilmente se formaron hace apenas unos pocos meses, después de que él le dijera que también tenía el transmisor. Además tenía que admitir que, cuando finalizara la misión, tendría que devolverle el transmisor a Asthar y regresar a su vida normal. No volvería a ver más a sus amigos. Ni a Sorlac. Él provenía de otra dimensión, una dimensión al cual se le prohibió el acceso desde el inicio. Al pensar en eso, soltó una risa de burla. Hiro la miró y le preguntó qué le causaba gracia.

  • Me siento una estúpida – Le respondió Mariana – Creí que esto funcionaría, pero no. Aún así, Hiro, te garantizo que saldremos de ésta. Siempre lo conseguimos.
  • No entiendo de qué me hablas.
  • Lo sabrás cuando finalicemos esta batalla.




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