Puerta dimensional

Capítulo 20. El cariño de un hermano

Los científicos cayeron al suelo como rocas. Hiro se encontraba solo. Con suerte podría enviar a uno a su mundo original, pero los otros enseguida lo volverían a atrapar y, cuando eso sucediese, se asegurarían de que nunca más volviese a invocar a Asthar.

A pesar de la caída, los científicos se recuperaron y rodearon al niño. Uno de ellos le dio una bofetada tan fuerte que lo echó al suelo. Y cuando lo apuntó con un arma, su compañero lo detuvo.

  • ¡Espera! ¡Éste nos puede servir!
  • ¿Pero si vuelve a invocar a Asthar?
  • No lo hará. Mira. El transmisor se le cayó cuando lo golpeaste.

En efecto, a Hiro se le resbaló el transmisor y, con pesar, vio cómo sus enemigos lo levantaban y lo metían en un cofre aislante del contacto humano, junto con los demás transmisores.

  • Se acabaron los juegos, niño. Ahora tu destino está en nuestras manos.

Cuando Gustavo fue para anunciarle a Mariana que terminó de cocinar, la encontró de cuclillas al suelo, llorando desconsoladamente.

Fue a ver si se trataba de alguna nueva etapa depresiva. Cuando ella lo vio, lo tomó del cuello de la camisa y le suplicó:

  • ¡Por favor! ¡Salva a Hiro! ¡Por mi culpa lo van a matar!
  • ¡Espera! ¿Qué? ¡No te entiendo!
  • ¡Asthar! ¡El transmisor! ¡Me lo sacaron! ¡De nuevo todo es mi culpa! ¡Si no me hubiesen socorrido la vez que me corté las venas, esto no habría pasado!

Gustavo la tomó de los hombros y la empujó de espaldas al suelo. La zarandeó violentamente hasta lograr calmarla.

  •  ¡Creí que habías superado lo de “aquello”! ¿Por qué siempre te victimizas de esa forma? ¡No todo gira a tu alrededor! ¿Acaso has pensado, por un segundo, en cómo me sentiría yo si te marcharas para siempre? ¿Eh? ¡¡¡Responde!!!

Mariana no respondió. Gustavo comenzó a jadear después de ese grito. Era la primera vez que lo veía descontrolarse de esa forma, expresando sus verdaderos sentimientos. Recordó las visiones y se dio cuenta de que eran imágenes que Asthar le proporcionó para que se percatara de los sentimientos de su hermano, amigos y novio. Todos hacían lo posible por ayudarla y apreciaban su valentía y coraje en la “Puerta dimensional”. Para Gustavo, Mariana era la persona más importante del mundo. Y como su familiar, se odiaba a sí mismo por abandonarla y no apoyarla en sus sueños. Hiro la veía como una hermana mayor. Y al no tener buena relación con su hermana de sangre, encontró en ella el refugio y la confidencialidad que solo los hermanos podían darse. Jaun pensaba que Mariana era una mujer formidable, capaz de darlo todo por la persona que amaba. Y Sorlac apreciaba su osadía y perseverancia, cualidades que lo atrajeron de ella y lo enamoraron. Pero sentía que no debía interponerse en su vida por lo que, en la última vez que se vieron, prefirió mantener la distancia. Incluso se propuso a cortar la relación a lo sano, para poder seguir cada uno con la misión de vida de sus respectivas dimensiones.

Gustavo se levantó y le dio la espalda. Sacó de su bolsillo el transmisor y, sin mirarla, le dijo:

  • Puedes comenzar la cena sin mí. No sé cuánto me tarde. Salvaré a nuestro amiguito y recuperaré el transmisor. ¿De acuerdo?
  • Para mí regresarás pronto, tonto – Le dijo Mariana, secándose las lágrimas – Aunque, después de esto, no tengo apetito.
  • Te prepararé té, entonces. Ahora solo espera, que tu hermano se encargará de todo.

Gustavo activó el transmisor y fue a la “Puerta dimensional”. Se apareció delante de Sorlac y Jaun, que aún seguían atados y sin poder moverse ni un centímetro.

  • ¿Necesitan ayuda, amigos? - Les preguntó Gustavo.
  • ¿Puedes lanzar esta cosa lejos de aquí? - Le preguntó Sorlac, indicándole con la cabeza la bomba.

Gustavo tomó la bomba y, de un solo tirón, lo arrojó lo más lejos que pudo. Al hacer contacto con el suelo, estalló.

  • ¡Guau! ¡Tuve suerte de llegar a tiempo! - Dijo Gustavo, procediendo a desatarlos.
  • Esa bomba se activa por movimiento – Explicó Sorlac – Te lo explicaré más tarde. Tenemos que rescatar a Mariana y a Hiro.
  • Pero si Mariana está en casa.
  • ¡¿Qué?!

Gustavo les explicó lo ocurrido antes de ingresar a la “Puerta dimensional”. Y como lo único que entendió fue que Mariana perdió el transmisor y Hiro estaba en peligro, decidió investigar.

  • Se necesita el transmisor para entrar y salir de aquí – Explicó Jaun – Si te lo sacan, no podrás salir al menos que otro portador te ayude a regresar. Pero si lo hace, no podrás ingresar a la “Puerta dimensional” nunca más.
  • De seguro le sacaron el transmisor a Mariana y Hiro usó el suyo para regresarla a su mundo – Dijo Sorlac – Mejor así, porque si deja de verme, podrá proseguir con su vida sin problemas.

Gustavo lo miró fijamente y le preguntó:

  • ¿Realmente no quieres ver más a mi hermana?

Sorlac se sonrojó y le respondió:

  • ¡Sí quiero verla! ¡No hay ni un solo día que no dejo de pensar en ella! ¡Pero somos de universos distintos! ¿Acaso crees que funcionaría una relación en la que solo podamos vernos en intervalos de segundos y sin posibilidades de comunicación? ¡Soy realista! ¿Sabes? ¡Y lo mejor es que ella pueda valerse por sí misma!

Gustavo se dio cuenta de que Sorlac realmente amaba a Mariana. Pero aún no lo aceptaba. No podía evitarlo, eran celos de hermanos.

  • Bien. Si Hiro tiene el transmisor, seguro regresó a su casa. ¿Y ustedes?
  • Nos sacaron los transmisores, ahora que me doy cuenta – Dijo Jaun – Tengo un mal presentimiento, así que buscaré a los científicos para comprobar que Hiro realmente se marchó.
  • Yo también lo buscaré – dijo Sorlac – Tú regresa a casa y trae refuerzos. También te pido que le mandes un mensaje a Mariana. ¿Puedes?
  • Te escucho.




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