Puerta dimensional

Capítulo 23. El retorno de la heroína

Era de tardecita y un repentino viento frío hizo que Mariana se colocara una campera de vaquero. Habían pasado cinco horas desde que su hermano se marchó a la “Puerta dimensional”. Se sentía ansiosa y la televisión no le distraía. Por lo que decidió salir a caminar para despejar la cabeza.

Paseó por la arboleda, intentando serenarse y mantener una actitud positiva.

  • Gustavo estará bien – Pensó – Seguro se encontró con Sorlac y Jaun. Y el detective Sergio también lo acompañará. Esta vez regresará y me informará de que Hiro está a salvo.

Y mientras intentaba pensar en eso, se acercó a unas piedras donde vio un brillo extraño, que entresalía de la tierra. Se acercó y encontró el mismo meteorito rosado que cambió su vida a inicios de año.

  • ¡Oh, Dios! ¡No lo puedo creer! ¿Aún existen fragmentos esparcidos por el mundo? - Se preguntó Mariana.

Aunque Asthar le había dicho que escogió a sus aliados al azar, Mariana sintió que, por esta vez, ella sí estaba destinada a esa misión por algo en especial. Tenía algo que hacer y, por ese motivo, también siguió permaneciendo con vida. Quizás sí era una heroína de su propia película y no un extra más que se entierra al olvido.

Sin pensarlo dos veces, tomó el meteorito con ambas manos y se trasladó a la “Puerta dimensional”.

Lo que no sabía era que los agentes se la pasaron buscándola por satélite desde hace meses. Y dicho satélite detectó unas extrañas ondas electromagnéticas similares a las que provocaron los meteoritos rosados al impactar a Tierra. Localizaron las coordenadas y así hallaron a Mariana.

En unos minutos los aviones, helicópteros, vehículos y cuerpos policiales llegaron al lugar, pero tarde. Mariana ya consiguió ingresar a la “Puerta dimensional” y se llevó consigo el transmisor. Lo que se encontraron fue a una joven inconsciente, la cual no reaccionaba ante nada.

Sin embargo, órdenes son órdenes. Así que se cargaron el cuerpo, lo metieron en un helicóptero y fueron directo a su base secreta.

Mariana, ajena a todo eso, llegó a la “Puerta dimensional” y se encontró con Asthar, quien parecía sorprendido de verla de vuelta.

  • Regresé por ti, Asthar – Le dijo Mariana – Creí que todo fue un sueño, hasta que localicé otro transmisor.
  • Por lo visto aún quedan transmisores sin dueño – Dijo Asthar – pero esta vez ten cuidado. Puede que no tengas la misma suerte de antes.
  • Quiero saber dónde están mis amigos.
  • Ellos están en un enfrentamiento feroz contra los científicos. Lo sé porque me invocaron y envié a unos cuantos a sus mundos. Pero la lucha continua y no podré hacer mucho si siguen aislando los transmisores.
  • Entonces iré a ayudarlos – Dijo Mariana.
  • Iré contigo – Dijo Asthar – Por esta vez logré enfrentarme a grupos aislados, pero es mejor que esté con ustedes, ahora que localizaron el campamento de los científicos.
  • ¡Entonces vamos! ¡Al fin terminará esta batalla!

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La agrupación localizó el sitio exacto donde todos los científicos se resguardaban. En efecto, tenían capturadas a cinco mujeres. Y un grupo de cinco científicos trajeron a unos niños, también provenientes del mundo de Mariana.

Esjo y Edfe se acercaron a los vigilantes y los noquearon. Asmot y Sergio armaron guardia y dispararon a todo aquel que se acercara. Gerda y Ahtma hicieron ataques frontales y enviaron a unos cuantos científicos a su mundo. En cuanto a Hiro y Gustavo, liberaron a las mujeres y usaron el escucho invisible para esconderse.

  • ¡Has vuelto por nosotras! - Dijo una de las mujeres a Hiro – Pudiste haber regresado a casa.
  • Les dije que buscaría ayuda – Dijo Hiro – No podía abandonarlas después de ser buenas conmigo.
  • Las regresaré a sus casas – Dijo Gustavo, mostrándoles el transmisor – Recupérense y eviten hablar con extraños sobre la frontera de dimensiones.
  • Yo me quedaré – Dijo la más joven del grupo, la cual rondaba cerca de los quince años – He sufrido en carne propia el menosprecio de esos científicos hacia nuestra especie. Y no dejaré que ninguna más sufra lo mismo que yo.
  • ¿Alguien más se queda?

El resto de las mujeres negaron con la cabeza. Deseaban regresar con sus familias y olvidarse del tormento que vivieron en la “Puerta dimensional”.

  • Bien. Entonces utilizaré el transmisor para enviarlas de vuelta a casa.

Invocó a Asthar y, una a una, fue desapareciendo de su vista. La única que quedó fue la adolescente, quien se acercó a Hiro y comenzó a abrazarlo.

  • ¡Sabía que volverías, mi pequeño héroe! ¡Te pareces a un personaje de anime! ¡Eres muy dulce!
  • ¿Y yo? - Preguntó Gustavo, inflando las mejillas – Yo también las ayudé.
  • ¡Eres un viejo! - Le respondió la chica, sin dejar de mimar al avergonzado de Hiro.

Gustavo sintió su orgullo herido. Y más por ser tildado de viejo.

Los tres vieron a lo lejos la pelea. Lograron derrotar a veinte científicos, pero seguían siendo mayoría. Al final, derribaron a la agrupación y los inmovilizaron. Del grupo de científicos destacó uno bien alto y corpulento, de cabellos cortos y negros y los ojos color violetas. Miró con desprecio a las personas que los enfrentaron y les dijo:

  • ¡Insensatos! ¿Se atrevieron a desafiarme a mí, a Rombit? ¡Sepan que soy el rey de la comunidad científica y el que orquestó este ejército para conquistar mundos primitivos! Ahora díganme dónde escondieron a esas mujeres, si no quieren que los maten a todos.

Apenas dijo esas palabras, una luz potente brilló por encima de sus cabezas. Todos levantaron la mirada y vieron que bajaban del cielo Mariana y Asthar, ambas tomadas de las manos y con miradas serias. Como dos gemelas de dimensiones distintas.

  • ¿Mariana? - Preguntaron Gustavo y Hiro, sorprendidos.
  • ¡Asthar! - Exclamó el detective Sergio.




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