Puerta dimensional

Capítulo 30. Corazones rotos

Al inicio Mariana quedó helada. No podía creer lo que acababa de ocurrir. Sorlac, su amado, acababa de morir frente a sus ojos. El único hombre que la amó y le fue fiel hasta el final, moría de una forma cobarde y ruin por culpa del rey de los científicos, al cual no le importaba nada con tal de saciar su sed de poder.

Las lágrimas comenzaron a brotarle de los ojos y, sin pensarlo, se acercó a Rombit dispuesta a hacerlo pedazos.

  • ¡Pero serás idiota! - Le dijo Rombit, bajando la guardia - ¡Una primitiva no podrá hacerme daño!

Se arrepintió de esas palabras.

El golpe que Mariana le brindó fue tan intenso, que logró separar por unos instantes sus pies del suelo. Si no fuese por la armadura, seguro le habría roto algún hueso.

Los cristales comenzaron a agrietarse. Todos se protegieron la cabeza con ambas manos y, los cofres que contenían a las personas, comenzaron a desmoronarse.

Un ser vivo murió. Y el Sistema de Asthar lo registró como “descartable”. Asthar, al percatarse de eso, activó el control e intentó restaurar el gran transmisor, en vano.

  • ¡Si no logro reparar el daño, todos moriremos! - Advirtió Asthar - ¡Ya no poseo tanta energía! ¡Por favor! ¡Que alguien me ayude!

Mariana no podía ver nada más que a Rombit, a quien no dejaba de golpear. El científico no sabía de dónde sacó tanta fuerza, solo sabía que debía detenerla cuanto antes.

Por suerte, Hiro, Gerda y Gustavo se encargaron de detenerla.

  • ¡Suéltenme! - Gritó Mariana - ¡Déjenme que lo mate!
  • ¡Mariana! ¡Tú no eres así! - Dijo Gustavo - ¡Tranquilízate, por favor!
  • ¡La asesina aquí soy yo! - Dijo Gerda - ¡Déjame que me encargue de él!
  • ¡Por favor, Mariana! ¡Para! - Dijo Hiro.

Poco a poco, la joven se calmó. Sus músculos se relajaron y sus rodillas chocaron fuertemente por el suelo. Se llevó ambas manos por la cara y sus hombros comenzaron a temblar.

  • Qué fácil es derribar a una primitiva – Dijo Rombit, apuntándola con el arma – Descuida. Pronto estarás junto a tu amado.

Disparó. Hiro se colocó delante y bloqueó el disparo con los guanteletes. Gustavo protegió a Mariana con su abrazo, diciéndole:

  • Ahora sí que no te dejaré. Nunca más. Te lo prometo.

Gerda se acercó a Rombit y le dio una patada en la cara. Él quiso dispararla, pero ella le arrebató el arma con otra patada. Intentó activar los misiles, pero ella comenzó a disparar cada zona de la armadura en el cual detectó alguna hendidura o punto débil. Así el científico recibió los disparos y cayó al suelo.

  • ¿Vas a matarme? - Le preguntó Rombit, con los ojos completamente abiertos del espanto.
  • Te mereces algo peor que la muerte, bastardo – Le respondió Gerda, escupiéndole en la cara – Pero descuida. Dejaré que el ángel decida. Mariana, es todo tuyo.

Hiro, Gerda y Gustavo dieron paso a Mariana, quien se acercó a Rombit. Aún seguía llorando en silencio y tenía una mirada perdida. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le tocó la frente y, sin mencionar a Asthar, lo envió a su mundo original.

El grito de Asthar los alertó y vieron cómo grandes bloques de cristales caían sobre ellos. El gran transmisor se estaba desmoronando y no sabían qué hacer al respecto.

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Mariana abrió los ojos. Se encontró en un lugar oscuro y silencioso. Cerca de ella estaban Hiro y Gerda. Ambos inconscientes. Se acercó a ambos y les sacudió los hombros, despertándolos.

  • ¿Qué pasó? - Preguntó Hiro.
  • ¿Dónde estamos? - Preguntó Gerda, mirando a su alrededor.
  • No lo sé – Respondió Mariana – Acabo de despertar.

Buscaron al resto. No los hallaron. Ni a Gustavo, Sorlac, Jaun, Asmot, Sergio, Ahtma, Esjo y Edfe. Ni siquiera a las personas atrapadas en los bloques de cristales. Era como si la destrucción los hubiese desintegrado por completo, definitivamente.

Hiro sacó su transmisor del bolsillo, el cual se desintegró en su mano convirtiéndose en cenizas. A Gerda también le pasó lo mismo. Asthar tenía razón: la conexión se rompió. Y se quedaron atrapados en la “Puerta dimensional” para siempre.

  • No hay otra opción – Dijo Gerda – Voy a tener que matarlos.

Mariana y Hiro la miraron, asustados. Pero luego solo sintieron apatía e indiferencia.

  • Moriremos, de todas formas – Dijo Gerda, dándoles la espalda y cargando municiones a su pistola – Piensen que les ahorraré meses de agonía. Cuando los mate, me suicidaré. La verdad nunca creí que esta historia terminaría así.
  • Lo entendemos, Gerda – Dijo Mariana – No importa que nos mates. Igual te apreciamos.
  • Comienza conmigo, por favor – Le pidió Hiro – No creo poder soportar a Mariana ver morir frente a mis ojos.
  • Está bien. Te mataré a ti primero – Dijo Gerda, dando la vuelta y apuntándolo con el arma – Me quedan tres balas. Una para cada uno. Hasta pronto.

Disparó, pero el tiro no acertó ni a Hiro ni a Mariana. Ambos vieron que el brazo de Gerda comenzó a temblar. Su cara expresaba espanto y angustia. Enseguida arrojó el arma a un costado y gritó:

  • ¡No puedo hacerlo! ¡No puedo matar a mis amigos!

En el sitio donde arrojó el arma, vieron un punto brilloso. Se acercaron a él y descubrieron una pequeña piedra rosada. En ella escucharon la débil voz de Asthar.

  • ¿Mariana? ¿Hiro? ¿Gerda? ¿Siguen ahí?
  • Sí. Seguimos – Respondió Mariana.
  • ¿Aún se entienden al hablar?
  • Ahora que lo dices, sí – Dijo Mariana – Aún nos entendemos.

Entonces recordaron que, todo ese tiempo, pudieron hablar perfectamente el mismo idioma, incluso cuando se encontraban en su mundo original. Era como si el poder de los transmisores les codificara la mente y los volviese a todos políglotas.

  • Me queda poca energía – Continuó Asthar – Si quieren regresar a sus amigos de vuelta a su hogar, deben activar este control dimensional de poder. Aquí me he resguardado para no “desaparecer”. Ésta es la “materia” que buscaban los científicos para viajar a otras dimensiones. Son los únicos que pueden hacerlo. Sus cuerpos son compatibles con los componentes moleculares de los transmisores.
  • ¿Entonces también podremos regresar a nuestro mundo? - Preguntó Gerda.
  • Lastimosamente, no encontré esa solución. Quizás dos de ustedes pueda regresar, pero uno se quedará. Y el que se quede, deberá vigilar la “Puerta dimensional” por toda la eternidad.
  • Entonces yo me quedaré – Dijo Mariana, sin dudar – De los tres, soy la más compatible con el poder de los transmisores. Alimentaré la fuente y me aseguraré de que nadie más intente cruzar la “Puerta dimensional”.




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