12:39 p.m., Sala A15, área de entrenamiento, segundo piso
Ly y Jerssey estaban sentados en el suelo jadeando como perros, el sudor les corría por la cara y empapaba sus ropas, habían estado peleando por casi cuatro horas sin parar, la sala olía a sudor y humo de los ataques de fuego de Jerssey.
Jerssey sonrió entre jadeos.
—¿Ya te cansaste?
Ly la fulminó con la mirada.
—Para nada.
Ambos se levantaron temblando, las piernas les pesaban pero ninguno iba a admitirlo, se pusieron en posición de pelea de nuevo.
La puerta se abrió.
Nael entró a la habitación con su expresión seria de siempre, Ly lo reconoció inmediatamente, “ah, es el chico que nos acompañará a la misión” pensó mientras lo observaba acercarse.
Nael miró a ambos y después sus ojos se dirigieron al marcador en la pared.
Ly: 26 victorias, Jerssey: 8 victorias, 27 empates.
Levantó las cejas, la diferencia era abismal, no esperaba que el novato estuviera ganando por tanto, rápidamente se concentró en lo que venía a hacer.
—Yanna dijo que Ly debería entrenar el Kharūn.
Ly inclinó su cabeza.
—¿Por qué Yanna no me lo dijo en persona?
—Está ocupada en otras cosas.
Ly desvió su mirada por un momento, sintió una pequeña punzada de preocupación pero la ignoró, volvió a dirigir su atención a Nael.
—¿Cómo voy a aprender Kharūn si esa rata —señaló a Jerssey con el pulgar— no me quiere enseñar?
Nael la volteó a ver.
Jerssey cruzó sus brazos y tiró su cabeza para no verlo, como niña enojada.
Nael con una cara seria volteó a ver a Ly.
—No importa, yo te enseñaré.
Los ojos de Ly se iluminaron.
—¿En serio? ¿Para la misión de mañana ya podré usarlo?
Nael lo miró como si Ly acabara de decir la cosa más estúpida del mundo.
—Claro que no, tendrías suerte de poder dominarlo en meses, si no es que más.
Ly puso cara de insatisfecho, frunció el ceño como niño al que le dijeron que no hay postre.
Nael lo miró y suspiró.
—Deja de comportarte como un niño.
Lo agarró del brazo y empezó a jalarlo hacia la puerta.
—Oye, ¿a dónde vamos? Ya estamos en el área de entrenamiento.
—Primero vamos a entrenar tu resistencia —dijo Nael sin soltarlo.
—¿Resistencia? Pero acabamos de pelear por cuatro horas.
—Exacto, y apenas puedes mantenerte de pie, eso no es suficiente.
Ly iba a protestar pero Nael ya lo estaba sacando de la sala, Jerssey se quedó ahí parada viéndolos irse con una sonrisa burlona.
—¡Que te diviertas ojos rojos! —gritó.
—¡Cállate cuernuda!
La puerta se cerró.
Org: Ber en Stoneveil, área médica
El área médica olía a antiséptico y a algo metálico, como sangre fresca mezclada con hierbas medicinales, Emily se encontraba curando a algunos pacientes con heridas mortales junto con un hombre llamado Aco, el médico general de Ber, un hombre mayor con cabello negro y manos firmes.
Emily observaba fascinada cómo las manos de Aco brillaban con un resplandor verde suave mientras regeneraba extremidades e incluso órganos de pacientes al borde de la muerte, los dedos perdidos volvían a crecer, los cortes profundos se cerraban como si nunca hubieran existido.
—Es increíble —murmuró Emily—, espero que algún día pueda llegar a ser tan buena como usted.
Aco se sonrojó ligeramente mientras terminaba de curar una herida en el brazo de un soldado.
—No es para tanto, tú igualmente eres una increíble médica, tienes un talento natural para esto.
Emily iba a responder cuando la puerta se abrió.
Una mujer alta y hermosa entró al lugar, su cabello largo y negro caía como cascada sobre sus hombros, vestía con muchas joyas y caminaba como si el suelo debiera sentirse honrado de sostenerla.
Aco se puso nervioso inmediatamente, se acercó a la mujer con pasos rápidos.
—Señorita Clemaria, ¿cuál es el honor de tenerla aquí? ¿Qué necesita?
La mujer ni se molestó en voltearlo a ver, pasó de largo como si fuera invisible y se fue directo al fondo de la sala, su mirada se detuvo en tres frascos rojos que estaban dentro de una cápsula de vidrio con advertencias pegadas por todos lados que decían “NO TOCAR”.
Emily y Aco se pusieron nerviosos al verla ahí parada.
Emily se acercó rápidamente.
—Señorita Clemaria, no puede agarrar eso, tenemos órdenes de Nihilem de que nadie puede tocarlos a menos que él dé la orden directamente.
La mujer la volteó a ver y soltó una sonrisa burlona mientras extendía su brazo elegantemente hacia los frascos.
Emily tomó el brazo de la mujer con firmeza.
—No puede tomarlos.
Aunque intentaba sonar firme, su voz temblaba ligeramente.
Aco susurró angustiado desde atrás.
—Emily…
Clemaria la miró con una mirada bastante irritada y descontenta, sus ojos se entrecerraron.
—Quita tus sucias manos humanas de encima.
—Lo haré cuando se aleje de los frascos.
La mujer sonrió, el aire se volvió pesado, amenazante, daba una sensación de terror que hacía difícil respirar.
—¿En serio tienes tantas ganas de morir?
Aco se acercó temblando.
—Emily, no tienes por qué hacer esto, los frascos son responsabilidad mía, no tuya.
Emily frunció el ceño pero estaba temblando, sus manos apretaban el brazo de Clemaria con todas sus fuerzas.
—La señorita Clemaria no tiene permitido tocar esos frascos, así que no se lo permitiré.
Clemaria sonrió de una manera aterradora.
En un instante, Emily salió volando y se estrelló contra la pared, el aire se le escapó de los pulmones, cayó al suelo jadeando, antes de que pudiera reaccionar Clemaria ya estaba sobre ella, sus manos se cerraron alrededor de su cuello.
—¡Emily! —Aco corrió hacia ellas pero Clemaria lo mandó volando con un movimiento de su mano libre, el hombre se estrelló contra una camilla que se volcó con el impacto.