Frontera Pacta, lado de Ber
Sucoi caminaba hacia Ly con una sonrisa perezosa, casi aburrida. Ly seguía atrapado entre los escombros, cada respiración le arrancaba un dolor agudo en las costillas.
—Mira nada más… —Sucoi se detuvo a un par de metros, ladeando la cabeza—. Por terco, ahora vas a morir aquí.
Ly tosió, sangre caliente le llenó la boca, se la cubrió con la mano temblorosa, sintiendo el líquido escurrirse entre sus dedos.
—¿Por qué…? —Su voz salió rasposa, casi inaudible—. ¿Por qué haces esto?
Sucoi se encogió de hombros.
—Órdenes. —Una pausa—. Y estaba aburrido.
La rabia le quemó el pecho como ácido.
—¡No te he hecho nada! —Ly gritó, la voz quebrándosele.
—¿Y? —Sucoi inclinó la cabeza, esa sonrisa nunca abandonando su rostro—. Eres un simple y patético humano, tu vida no vale nada de todas formas.
Algo se retorció dentro de Ly— ¿rabia?, ¿humillación?, ¿impotencia?, no lo sabía, pero le quemaba su pecho ese sentimiento.
Intentó ponerse de pie, pero sus piernas apenas respondieron, temblando bajo su peso. Pero ese maldito imbecil lo hacía enojar tanto que…
—Inútil. —Sucoi se rio—. De todas formas te voy a matar. ¿Para qué te paras?
Ly ya había perdido sus dagas envenenadas, sin ellas, no tenía forma de lastimarlo permanentemente, Sucoi simplemente se regeneraría.
El celestial levantó una mano, el fuego se arremolinó en su palma, creciendo, creciendo hasta formar una bola masiva.
La lanzó.
Ly se arrojó al suelo, el calor le chamuscó la espalda mientras la bola de fuego explotaba contra los escombros detrás de él.
—¡Eso no te da derecho a menospreciar nuestras vidas! —Ly gritó, frunciendo el ceño a pesar del dolor—. ¡No importa qué raza seas!
Sucoi se detuvo, por un momento, solo lo miró.
Luego sonrió más amplio.
—Hay vidas que simplemente no valen nada.
Silencio.
Dos segundos, Tres.
—Como la de tu hermana.
La sangre de Ly hirvió.
No pensó, su cuerpo se movió solo, cruzó la distancia entre ellos en un parpadeo y estrelló su puño contra la mejilla de Sucoi con toda la fuerza que le quedaba.
¡CRACK!
Sucoi retrocedió varios pasos, sorprendido. Se tocó la mejilla, casi con curiosidad.
—Buen golpe. —Sonrió de nuevo, ladeando la mandíbula—. Lástima que seas humano. Si fueras de otra raza… tal vez habrías tenido una oportunidad contra mí.
Levantó ambas manos.
Esta vez no hubo advertencia.
Bolas de fuego, lanzas, ráfagas ardientes que rasgaban el aire. Ly intentó esquivarlas, bloquearlas, resistirse, pero eran demasiadas, demasiado rápidas.
Una le golpeó el hombro, otra el estómago, una más lo barrió de las piernas.
Cayó boca abajo contra el suelo.
Su cuerpo no respondía, las heridas le gritaban, intentó mover los dedos, las piernas—nada.
Pasos lentos se acercaron.
Sucoi se detuvo frente a él, mirándolo desde arriba.
—Eso es todo lo que vale tu vida. —Su voz sonaba casi decepcionada—. El aburrimiento de alguien como yo.
Ly apretó los puños, la mandíbula. Pero no podía hacer nada.
El miedo llegó como una ola fría.
¿En serio voy a morir?
¿Aquí?
¿Ahora?
Sucoi creó una lanza de fuego en su mano derecha. Las llamas crepitaron, hambrientas.
La alzó sobre su cabeza.
Ly intentó apartarse—su cuerpo no se movió.
Cerró los ojos.
¡CLANG!
El sonido de metal contra fuego. Chispas.
Ly abrió los ojos de golpe.
—¿Merlio? —dijo, el corazón dándole un vuelco de esperanza.
Pero cuando alzó la mirada, vio a un completo desconocido.
Un chico de cabello oscuro, katana en mano, bloqueando la lanza de Sucoi con una facilidad casi insultante.
—Tú… —Sucoi apretó su lanza, las llamas crepitando más fuerte. Su voz destilaba veneno.
El chico sonrió.
—Esto no es muy amable de tu parte, ¿eh? —Su tono era ligero, casi burlón.
Empujó su espada levemente hacia adelante.
Sucoi salió volando hacia atrás, derrapando varios metros antes de detenerse.
Ly lo miró atónito. ¿Qué demonios…?
El chico giró la cabeza, sus ojos bajando al suéter que Ly llevaba puesto, sus cejas se levantaron, soltó una risita corta.
Ly frunció el ceño. ¿De qué se ríe este idiota?
Luego el chico lo miró directamente a los ojos.
—Lindos ojos.
Dos palabras, una leve sonrisa.
Ly parpadeó, sin saber qué responder, nadie jamás le había dicho eso, sintió un sentimiento raro en su pecho que no supo explicar.
Sucoi rugió de rabia.
Lanzó una ráfaga brutal de bolas de fuego—una tras otra, desde todos los ángulos.
El chico las esquivó como si estuviera bailando, bloquéo una con su katana, giró, esquivó otra, sonriendo todo el tiempo.
—Qué grosero —comentó con falsa ofensa.
Ly no pudo evitar pensar en Merlio, hacia exactamente lo mismo, esa actitud relajada en medio del caos.
De repente, Sucoi dejó de atacar al chico.
Giró hacia Ly.
Y lanzó una ráfaga mortal directo a él.
Ly intentó moverse—demasiado lento.
Los ataques ya estaban ahí.
Parpadeó.
Y ya no estaba en el suelo.
Estaba flotando.
El aire lo sostenía como si fuera sólido, y el chico estaba a su lado, sonriendo.
—¿Estás bien?
Ly miró alrededor, aturdido, estaban a metros de distancia del ataque de Sucoi. ¿Cómo…?
Asintió lentamente.
—¿Eres nuevo en Mainer? —preguntó el chico, casual.
—¿Cómo sabes eso?
El chico sonrió más amplio.
—Quién sabe.
Sucoi se lanzó hacia ellos como un proyectil envuelto en llamas, atacando con furia ciega.
El chico bloqueó cada golpe sin esfuerzo.
—¡Quítate de mi puta camino, niño bonito! —Sucoi escupió las palabras con odio.
—Qué temperamental.
El chico levantó una pierna y pateó.
Sucoi salió volando como una muñeca de trapo, estrellándose contra unos escombros bastante lejos.