Punto ciego
Año:2040
Ubicación: Montevideo, Uruguay.
Cuartel General de infantería.
Día Viernes. Hora 10:20 a.m
El otoño descargaba una tormenta que parecía no tener fin. El agua golpeaba con fuerza los rostros y embarraba el campo de instrucción, donde treinta hombres y mujeres permanecían firmes para cumplir con la rutina.
-¡Atención, firmes! -gritó el Capitán Pérez.
El sonido de las botas chocando contra el barro resonó al unísono.
-Este año tenemos el torneo de francotiradores y tres de ustedes serán seleccionados para representar a nuestra patria -continuó el Capitán-. El año anterior fuimos los primeros en ser descalificados y eso no puede suceder otra vez. ¡Pecho a tierra y quiero diez flexiones con los nudillos!
Los soldados tomaron sus posiciones y empezaron a contar:
-¡Uno! ¡Dos! ¡Tres! ¡Cuatro!
-¡No se escucha, vuelvan a empezar! -ladró Pérez.
-¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!
A lo lejos, un grito interrumpió el castigo:
-¡Atención!
Todos se pusieron de pie en dirección a la voz, uniendo sus talones en una postura perfecta. Dos personas con paraguas se acercaban al entrenamiento, dejando ver las estrellas en sus pechos. El Capitán Pérez les hizo el saludo militar y se acercó para estrechar sus manos. Tras unos segundos de conversación a media voz y alguna sonrisa, el Capitán se giró de nuevo hacia la tropa.
-¡Atención! El coronel acaba de dar los nombres de los tres participantes. A medida que escuchen sus apodos, darán un paso al frente y se dirigirán directo a la compañía.
Hubo un silencio sepulcral bajo la lluvia.
-Luz de luna, un paso al frente.
En la tercera fila, una mujer rubia de pelo corto rompió la formación.
Nombre: Luna Montenegro
Grado: Sargento
Edad: 26
Especialidad: Tiros nocturnos
-Hipogrifo.
De la segunda fila, un hombre corpulento con una cicatriz en la cara dio un paso adelante.
Nombre: Juan Vientos
Grado: Sub-Oficial Mayor
Edad: 32
Especialidad: Larga distancia, más de 1600 metros
-Y por último... Ojo loco.
Nadie se movió al principio. Algunos miraron de reojo, otros fruncieron el ceño; todos sabían quién era, pero nadie entendía por qué. Hasta que él dio un paso al frente, firme, sin apurarse, sacudiéndose el agua del flequillo.
Nombre: Mickael Acuña
Grado: Sargento
Edad: 28
Especialidad: 500 a 1000 metros - apunte por guías metálicas, sin ópticas.
El Capitán lo miró con seriedad y alzó la voz para que todos lo oyeran por encima de la tormenta:
-Sé lo que piensan. Sé que muchos creen que hay mejores marcas en distancias extremas. Pero en este torneo hay una categoría especial... y es la única donde nadie le llega a los talones. -Hizo una pausa, mirándolos a los tres-. En sesenta minutos los quiero en la oficina del coronel. Eso es todo para ustedes, ya se pueden retirar.
Caminaron en silencio, alejándose del grupo mientras a sus espaldas se escuchaban los ladridos del Capitán ordenando al resto de la compañía.
Al llegar a las puertas de los dormitorios de suboficiales, Juan se detuvo.
-En treinta nos reunimos en la sala común. Hasta entonces -dijo, antes de entrar.
Cada uno entró en compañías diferentes.
[Viernes - 10:35 A.M.]
Sala Común de Suboficiales
Mickael fue el primero en llegar a la sala común y fue derecho a la cafetera a preparar algo de café. Pocos minutos después llegó Luna, sentándose en un sillón y clavando la mirada en él.
-Quién lo hubiera imaginado. Ojo loco compitiendo -soltó una risita burlona-. Al parecer al fin dan frutos tus esfuerzos, y yo que creí que eran en vano.
Él tomó un trago de su café y se volteó a mirarla.
-Al menos no me revuelco con oficiales para estar donde estoy.
-Cómo te atreves... Dijo levantandose
-Guarden silencio los dos.
En un rincón oscuro de la sala estaba parado Juan, observándolos. Caminó hasta detrás del sillón donde se encontraba Luna y colocó sus pesadas manos sobre los hombros de ella haciendo que se vuelva a sentar.
-Somos un equipo los tres, y si cada uno de nosotros está aquí, es por nuestros talentos. -Apretó los hombros, haciendo que ella soltara una mueca de dolor-. Si fracasamos aquí y ahora, no podemos ir a ganar allá.
La soltó y fue directo a la heladera. Durante los siguientes veinte minutos se quedaron en un tenso silencio, hasta que llegó la hora de ir a la oficina.
[Viernes - 11:25 A.M.]
Oficina del Coronel
Parados fuera de la oficina, el coronel abrió la puerta e hizo una seña para que ingresaran. Al hacerlo, él tomó asiento y agarró unos papeles.
-Supongo que sus familiares ya saben que podían salir elegidos para este torneo -dijo el coronel Dostyn.
-Sí, señor, desde el día lunes fueron notificados de que tal vez nos podrían elegir -respondió Juan.
-Excelente. Los espero el domingo a las 0700 en la entrada, prontos. Partiremos a Estados Unidos a las 1200 y estaremos llegando a las 0000 si no hay retrasos. Eso es todo, pueden irse a casa.
Al mismo tiempo, los tres hicieron el saludo militar y salieron de la oficina.
-¿Tienen algo que hacer mañana? Podríamos salir a tomar algo para celebrar esta oportunidad -dijo Juan, deteniéndose en las escaleras-. Suena bien, ¿tú qué dices, Ojo loco?
-Paso. Suficiente tengo con aguantar tu presencia en todo esto, Luna.
Mickael bajó las escaleras rápidamente, mezclándose entre los demás soldados. Juan miró a Luna con total seriedad.
-Sabes que no le gusta que lo llamen así...
-Está bien, iré a hablar con él y me disculparé. Seguro está en la armería -suspiró ella-. Reserva en el bar de siempre.
Juan negó con la cabeza mientras bajaba las escaleras.
Minutos después, Luna se detuvo frente a la pesada puerta de la armería y golpeó con los nudillos.