Pylé: Ékbasis 12:09

Capítulo 1 La llegada

Ciudad Juarez, 24 de junio, 1997. 18:02 hrs.

Bip. Daniela presionó nuevamente el botón del interfono. Por un instante no ocurrió nada, pero después un breve chasquido salió del pequeño altavoz empotrado junto a la puerta principal.

—Por favor, permanezca a un metro del acceso. En unos momentos será atendida por personal de seguridad.

La voz era femenina, clara y completamente inexpresiva; no parecía una persona hablando del otro lado, sino una grabación reproduciéndose exactamente igual cada vez. Daniela dio un paso hacia atrás, acomodó la mochila sobre su hombro y observó el enorme edificio frente a ella. KAMI Corporation. Las letras metálicas reflejaban el sol del atardecer. Nunca había visto unas instalaciones tan grandes, y mucho menos en Ciudad Juárez. El vidrio oscuro de la fachada, sin embargo, no permitía ver absolutamente nada del interior.

Un sonido metálico interrumpió el silencio. Clack. La cerradura se liberó y la puerta apenas se abrió unos centímetros, dejando ver del otro lado a un hombre de unos cincuenta años con uniforme de seguridad.

—¿Sí?

—Buenas tardes... vengo por la vacante de limpieza.

El guardia la observó en silencio durante unos segundos.

—¿Turno nocturno?

—Sí.

El hombre soltó el aire lentamente. Miró el edificio por encima del hombro y después volvió a fijar la vista en ella.

—No se lo recomiendo, mija.

Daniela sonrió con cierta pena.

—Si pudiera escoger otra cosa, créame que lo haría —hizo un breve silencio antes de añadir—: Necesito el trabajo.

El guardia desvió la mirada, como si hubiera escuchado esa misma respuesta demasiadas veces. Finalmente, abrió la puerta por completo.

—Pase.

Mientras Daniela cruzaba el acceso, la pesada puerta comenzó a cerrarse detrás de ella. Bip. El sonido resonó apenas un instante y no volvió a escucharse.

18:11 hrs.

En la entrada, la recepcionista le indicó el camino de manera mecánica señalando un pasillo y un elevador.

—Quinto piso. Recursos Humanos.

Daniela agradeció el gesto y siguió caminando. En el ambiente todo olía a desinfectante y metal; las paredes blancas parecían recién pintadas y no había un solo papel fuera de lugar, ni una sola mancha, ni un solo ruido. El único sonido era el zumbido constante del sistema de ventilación. Cuando las puertas del elevador se abrieron en el destino, un largo pasillo la condujo directamente hasta una oficina con una placa dorada: Lic. Mauricio Herrera - Recursos Humanos.

Daniela respiró hondo y golpeó suavemente la puerta.

—Adelante.

La voz pertenecía a una mujer joven. Al entrar, Daniela la encontró revisando con cierta impaciencia los cajones del escritorio.

—Permíteme un momento... —pidió la mujer mientras abría otra gaveta y negaba con la cabeza—. Es que esta no es mi oficina.

Sacó una carpeta y la volvió a guardar de inmediato.

—No recuerdo dónde guardaba Mauricio los contratos.

Daniela esperó de pie en el centro de la habitación. Fue entonces cuando reparó en la bata blanca que la mujer llevaba puesta; definitivamente no parecía alguien de Recursos Humanos.

—Disculpe... —interrumpió Daniela con timidez.

La mujer levantó la vista.

—¿Usted no trabaja aquí?

Ella sonrió apenas, sin dejar de acomodar unos papeles.

—Sí. Aunque no exactamente en este departamento —señaló distraídamente la oficina—. Hoy ha sido un día... peculiar. Hemos tenido que hacer algunos ajustes laborales.

Un segundo después encontró una carpeta color beige al fondo de un cajón.

—Ah... Aquí está.

La colocó sobre el escritorio y, por primera vez desde que Daniela había entrado, le extendió la mano.

—Eva Mort.

Daniela respondió al saludo, estrechándola.

—Daniela Ortega.

—Tome asiento, por favor.

Eva abrió la carpeta color beige y comenzó a leer el contenido sin ninguna prisa, repasando los datos en voz alta.

—Daniela Ortega... veinticuatro años.

—Sí.

—Originaria de Durango.

—Así es.

—Llegó a Ciudad Juárez hace una semana.

Daniela asintió en silencio, observando cómo Eva pasaba a la siguiente hoja del expediente.

—¿Familia en la ciudad?

—No.

—¿Algún conocido?

—No realmente.

Eva volvió a hacer una pausa, fijando sus ojos en el papel antes de continuar con el interrogatorio.

—¿Estado civil?

Daniela respiró hondo para calmar los nervios.




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