Todos hemos pasado por una ruptura amorosa o hemos tenido que despedirnos de alguien a quien amábamos. Y duele profundamente, ya que esa persona no podrá estar presente físicamente, pero el amor sigue estando.
El amor no deja de ser, por un mal momento, no cambia de un día a otro. No se pueden olvidar los recuerdos y las bonitas experiencias que sabes que solo esa persona te las puede dar.
Después de todo, los lugares que recorrieron, las músicas que escucharon, las películas que vieron, todo lo que se obsequiaron, quedan trayendo a esa persona en tu vida. Porque en realidad los dos tienen una parte de cada uno compartida.
Siendo sincero no he pasado por rupturas amorosas que hayan marcado mi vida. Pero sé cuánto vale un detalle y un momento, porque se convierte único y nadie te podrá quitar lo bien que te sentiste en un pasado.
Cuando los seres queridos se nos van, no los dejamos de amar, aunque ya no los veremos luego. El amor mantiene vivo a quien amamos, porque nos enseña que una persona no tiene que estar presente siempre para que tú la puedas llevar contigo, basta con recordar todo lo bonito que te ha llevado a vivir y ya la tendrás en tu ser, más vivo y presente que nadie.
Por otro lado. Creo que cuando dos personas estuvieron mucho tiempo unidas y se amaron, luego de haberse separado, no solo queda la amarga ruptura, sino aprendizajes y experiencias que te ayudan a crecer y ser alguien más sabio.
La perdida y el dolor muchas veces le insiste al amor que no siga molestando y que no le pida intentarlo más, porque te hiere. Pero no podemos simplemente dejar de sentir y es por eso que solo toca ser fuerte y agradecer por lo bonito que fue y pensar en lo bien que te ira a partir de ahora que puedes empezar de nuevo.
Cuando estás enamorado, tu cerebro produce neurotransmisores como la dopamina (placer o recompensa) y la oxitocina (apego y vinculación). La pérdida repentina de ese vínculo provoca una alteración severa en el sistema nervioso:
Un célebre estudio en neuroimagen liderado por la investigadora Helen Fisher demostró que, al mostrarle a personas desconsoladas la foto de su ex pareja, se activaba el área tegmental ventral. Esta es exactamente la misma zona que se enciende en personas con adicción severa cuando experimentan síndrome de abstinencia.
Ante la pérdida, la amígdala envía señales de amenaza e inicia una respuesta de estrés biológico. La liberación sostenida de cortisol afecta el sistema inmunitario, interrumpe los patrones de sueño y causa estragos digestivos.
El dolor del desamor no es permanente, pero requiere un proceso biológico de recalibración neurológica conocido como plasticidad cerebral. Las redes neuronales que antes asociaban la supervivencia y el bienestar a la presencia de esa persona tardan tiempo en desvincularse.
Secuelas de un desamor.
1) "Sin esta persona, ¿quién soy yo?" Duda generalizada sobre el propio valor.
2) Dificultad para concentrarse en el trabajo o estudios; obsesión por recordar el pasado.
3) Impulsos desmedidos por buscar a la ex pareja o, al contrario, aislamiento defensivo.
Los estudios de psicología clínica estiman que la fase más aguda del duelo romántico suele estabilizarse entre los 3 y 6 meses, aunque la reestructuración completa de la rutina y el autoconcepto puede tomar entre 12 y 18 meses.
Experimentar dolor, angustia o falta de energía no es señal de debilidad; es la respuesta biológica natural de tu organismo adaptándose a una pérdida profunda.
Durante mucho tiempo hemos usado metáforas para describir este estado: «me rompieron el corazón», «siento un nudo en el estómago», «me cuesta respirar». Hoy la ciencia nos confirma lo que la intuición siempre supo: el cerebro no distingue entre una herida física y una fractura emocional. Para nuestro sistema nervioso, la partida de la persona amada activa las mismas regiones cerebrales que responden al dolor corporal.
Perder un amor duele por lo que fue, pero quema por lo que no llegará a ser. No solo nos despedimos de una persona; nos despedimos de los planes compartidos.
El desamor nos obliga a enfrentar dos duelos simultáneos:
1) duelo del pasado: Aceptar que lo que vivimos ya pertenece al ayer.
2) El duelo del futuro: Dejar sueños que habíamos construido en pareja para volver a proyectar una vida en solitario.
Todos hemos pasado por una ruptura amorosa o hemos tenido que despedirnos de alguien a quien amábamos. Y duele profundamente, ya que esa persona no podrá estar presente físicamente, pero el amor sigue estando.
El amor no deja de ser, por un mal momento, no cambia de un día a otro. No se pueden olvidar los recuerdos y las bonitas experiencias que sabes que solo esa persona te las puede dar.
Después de todo, los lugares que recorrieron, las músicas que escucharon, las películas que vieron, todo lo que se obsequiaron, quedan trayendo a esa persona en tu vida. Porque en realidad los dos tienen una parte de cada uno compartida.
Siendo sincero no he pasado por rupturas amorosas que hayan marcado mi vida. Pero sé cuánto vale un detalle y un momento, porque se convierte único y nadie te podrá quitar lo bien que te sentiste en un pasado.
Cuando los seres queridos se nos van, no los dejamos de amar, aunque ya no los veremos luego. El amor mantiene vivo a quien amamos, porque nos enseña que una persona no tiene que estar presente siempre para que tú la puedas llevar contigo, basta con recordar todo lo bonito que te ha llevado a vivir y ya la tendrás en tu ser, más vivo y presente que nadie.
Por otro lado. Creo que cuando dos personas estuvieron mucho tiempo unidas y se amaron, luego de haberse separado, no solo queda la amarga ruptura, sino aprendizajes y experiencias que te ayudan a crecer y ser alguien más sabio.
La perdida y el dolor muchas veces le insiste al amor que no siga molestando y que no le pida intentarlo más, porque te hiere. Pero no podemos simplemente dejar de sentir y es por eso que solo toca ser fuerte y agradecer por lo bonito que fue y pensar en lo bien que te ira a partir de ahora que puedes empezar de nuevo.